Hay una zona en Galicia que está robando el protagonismo a las grandes denominaciones, y lo hace con una fuerza que nace directamente de la piedra. En Verín (Ourense), el paisaje de pizarra y esquisto ha parido un tinto que redefine lo que esperas de un vino joven: Galván Mencía.

No te dejes engañar por su etiqueta de «joven». Este monovarietal de Mencía tiene una estructura y una carnosidad que lo sitúan en una liga superior. Es el secreto mejor guardado de los suelos pizarrosos de Queizás, donde la vid sufre para entregar lo mejor de sí misma. (Y créenos, esa lucha se nota en cada trago).
El tesoro de Monterrei: pizarra, sol y manos artesanas
El proyecto de la bodega Galván no es fruto del marketing, sino de un prestigio consolidado desde su primera cosecha. Aunque su blanco ya ostenta el Acio de Ouro, su tinto Mencía es el que está despertando pasiones entre quienes buscan un vino con alma de terruño y una relación calidad-precio imbatible.
Su elaboración incluye una fermentación controlada en acero inoxidable y, aquí viene el secreto, un breve paso por barricas de roble francés que termina de pulir sus aristas.
Las uvas proceden de un cultivo tradicional con vendimia manual. Aquí el respeto por el ciclo natural es sagrado. Los suelos esquistosos de Ourense aportan esa mineralidad característica, pero es el clima de la zona el que logra que esta Mencía sea, ante todo, madura y persistente.
A diferencia de otros tintos gallegos que pueden resultar ligeros, Galván destaca por ser un vino carnoso y con volumen. Es un tinto que llena la boca, que se siente y que perdura mucho después de haberlo probado.
Notas de cata: una explosión de frutos rojos y regaliz
Al servirlo, lo primero que te atrapará es su color rojo cereza con reflejos vivos, señal de su juventud y energía. Pero es en nariz donde Galván Mencía despliega todo su potencial aromático: una mezcla adictiva de frutos rojos maduros, toques de regaliz y un fondo especiado muy elegante.
En boca, la experiencia es redonda. Es un vino estructurado y equilibrado. Con un grado alcohólico de 12,6%, mantiene una frescura envidiable, ideal para quienes huyen de los tintos pesados pero no quieren renunciar al carácter.
Su final largo es, posiblemente, lo que más sorprende de una botella que se mueve en un rango de precio tan asequible. Es un vino que invita a la segunda copa, gracias a su densidad y a ese equilibrio técnico que arroja datos de laboratorio impecables, como su acidez total de 5 g/L.
¿Cómo y cuándo disfrutar de este Galván?
Este no es un vino para esperar a una ocasión especial, sino para convertir cualquier cena en un evento. La temperatura de servicio ideal son los 14ºC; un ligero toque de frío le sienta de maravilla para resaltar sus notas frutales.

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Es el aliado perfecto para un pulpo á feira, carnes a la brasa o incluso un buen surtido de embutidos ibéricos. Su carnosidad le permite aguantar platos con cierta potencia, pero su elegancia lo hace apto para un picoteo informal entre amigos.
Recuerda: los vinos de Monterrei están en pleno auge internacional. Galván Mencía es la oportunidad de entrar en esta tendencia antes de que los precios empiecen a subir.
La validación de un proyecto con prestigio
Cuando una bodega nace con la exigencia de ganar premios desde el minuto uno, como ocurrió con su Acio de Ouro 2016, sabes que cada botella que sale al mercado tiene un estándar de calidad altísimo. Galván Mencía es la prueba de que en Ourense se está haciendo uno de los mejores tintos jóvenes de España.
Es un vino honesto, directo y profundamente gallego. Si buscas salirte de las rutas convencionales y sorprender a tus invitados con un tinto que parece mucho más caro de lo que realmente cuesta, este es tu momento.
No busques más: el equilibrio entre la pizarra de Queizás y la suavidad del roble francés está aquí. ¿Te vas a quedar sin comprobar por qué todo el mundo habla de la Mencía de Galván?





