Hay marcas que nacen con vocación de industria y otras que, casi sin proponérselo, terminan construyendo un relato propio a partir de la excelencia. Patatas Fritas Sarriegui pertenece a la segunda categoría. Su historia comienza en 1990 en una pequeña freiduría de apenas 15 metros cuadrados, en el número 21 de la calle San Jerónimo, en la Parte Vieja de San Sebastián, uno de los enclaves gastronómicos más reconocibles del país. Lo que allí empezó como un proyecto local, ligado al pulso diario de una ciudad acostumbrada al buen producto, ha terminado convirtiéndose en una referencia del snack premium con presencia en más de 30 mercados. La escena fundacional explica muchas cosas. San Sebastián, tradición gastronómica, barras de pintxos, exigencia culinaria y una pequeña tienda donde el producto tenía que defenderse por sí solo. No había artificio. Solo una patata frita hecha con criterio. Con el tiempo, algunos bares comenzaron