En una terraza aluvial a las afueras de Aranda de Duero, donde el río ha ido dejando gravas y arenas durante más de 2,5 millones de años, la familia Díez Martín decidió en 1990 reescribir su legado. Nacía así el proyecto de Bodega y Viñedos Martín Berdugo, en pleno corazón de la D.O. Ribera del Duero, con una idea clara: transformar una finca histórica en un viñedo moderno, plantado alrededor de la bodega, para expresar al máximo el carácter de su tempranillo.

En el año 2000, tras una década marcada por la presión del boom inmobiliario, la familia logra terminar la bodega y vinificar su primera añada. En 2005 llega la nave de crianza y embotellado, y en 2006 culmina la plantación de las 87 hectáreas que rodean las instalaciones. Desde entonces, el proyecto se ha concebido como una forma de transmitir valores familiares, atraer a nuevas generaciones al vino de Ribera y ofrecer tintos de perfil más frutal, con barrica sutil y excelente relación calidad-precio.
Un rayo, un incendio y una segunda oportunidad
El 5 de septiembre de 2013, a apenas un mes de la vendimia, un rayo cayó sobre la cubierta de la bodega y provocó un incendio que la devastó. Lo que podría haber sido el final se convirtió en un punto de inflexión. «Gracias a este percance, tuvimos la oportunidad de reconstruir la bodega y cambiar la forma de elaborar», recuerda hoy Antonio Díez Martín.
La nueva bodega se diseñó para trabajar por gravedad, prácticamente sin empleo de bombas. Ese cambio estructural transformó el estilo de los vinos: dejaron de ser los “típicos riberas” para convertirse en tintos más elegantes y aterciopelados, con un acercamiento aún mayor a sus clientes tradicionales y una presencia de fruta más limpia y precisa.
De la finca familiar al viñedo integral
La finca en la que se asienta Martín Berdugo ha tenido viñedo desde antes del siglo XVIII. Pero el replante de 1990 y la plantación completa alrededor de la bodega a partir del año 2000 han permitido trabajar el viñedo como un todo coherente: un mosaico de suelos aluviales donde el río Duero ha ido alternando arenas finas, cantos rodados y gravas.
Hoy, esa lectura integral de la finca es uno de los rasgos que más definen la casa: un solo viñedo, plantado alrededor de la bodega, con altitud media en torno a los 800 metros sobre el nivel del mar y el Duero limitando la propiedad por el sur, literalmente bañando el talud del viñedo.
87 hectáreas, un viñedo y una parcela fetiche
Las 87 hectáreas de Martín Berdugo se asientan sobre un terreno aluvial arenoso franco con gran presencia de cantos rodados y gravas. Según la época geológica en que el Duero aportó elementos más gruesos o más finos, dentro de la propia finca se distinguen suelos muy diversos. «Eso le confiere a los vinos frescor, carácter frutal y una elegancia única», resume Antonio.

El viñedo se empezó a plantar en 1990, por lo que parte de las cepas supera ya los 35 años. Aun así, en bodega insisten: lo que más valoran no es la edad en sí, sino el equilibrio perfecto alcanzado después de décadas de conocimiento y cuidado de la finca.
Parcela 100: dos almas y dos vinos
Dentro del viñedo, hay una zona a la que se le tiene un cariño especial: la Parcela 100, de 11 hectáreas. Fue la última en ser adquirida, procedente de otra rama de la familia, y se plantó con material vegetal muy seleccionado. Es una parcela arenosa dividida, a efectos prácticos, en dos almas: una más fresca y otra con arenas más secas y pobres.
De aquí nacen dos vinos muy distintos:

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- Primera Fruta: elaborado con la parte más fresca de la parcela. Es un vino muy poco habitual, ya que no pasa por barrica, pero sí por un largo afinamiento en botella de alrededor de tres años, con el objetivo de mantener intacto el carácter frutal.
- Parcela 100: procede de las arenas más pobres de la finca. La uva se concentra más y el vino pasa unos nueve meses de crianza en barrica, dando lugar a un tinto con mayor estructura, profundidad y tensión.
«En Martín Berdugo tratamos de embotellar la misma sensación que experimentamos cuando probamos las uvas de los distintos terrenos», explica Antonio. Esa experiencia se ofrece también al visitante: a partir de mediados de septiembre, cuando las uvas empiezan a madurar, invitan a recorrer el viñedo y catar en origen antes de la vendimia, que suele arrancar a principios de octubre.
Entre tradición ecológica y sensores satelitales
Si hay una tradición que la familia mantiene a rajatabla es «estar en el viñedo». Antonio lo explica con una metáfora: «Es como educar a un hijo: hay que exigirle para que forje carácter, pero también escuchar lo que necesita». Desde hace más de diez años, la finca se maneja en ecológico; el proceso de certificación arrancó precisamente en la Parcela 100 y se ha ido extendiendo al resto.
El trabajo ecológico, además de reducir insumos, ha reforzado el carácter y la personalidad de los vinos de una forma que en bodega califican como “sorprendente”, obligándoles a entender y leer la planta de otra manera.
Tecnología para adaptar cada decisión
A la tradición se suma la innovación. Martín Berdugo se apoya en sensores que permiten conocer el estado de la planta con precisión, y en imágenes de satélite para seguir la evolución del cultivo a lo largo del ciclo vegetativo. Con esa información, adaptan las labores a las necesidades de la planta en cada momento.

El objetivo es claro: obtener la mejor calidad de fruto posible en función de las condiciones meteorológicas de cada campaña, logrando una calidad muy alta incluso en añadas difíciles desde el punto de vista climático.
Por dónde empezar: Reserva, Primera Fruta y Parcela 100
Para quien se acerque por primera vez a la bodega, Antonio recomienda mirar hacia la parcela fetiche, pero también hacia uno de los vinos que más sorpresa está dando: Martín Berdugo Reserva. El año pasado se alzó con el **Premio Envero**, en una cata ciega con unos 1.200 participantes aficionados al vino, que lo eligieron frente a una amplia representación de bodegas de la zona.
Es un vino que sorprende por la presencia nítida de la fruta a pesar del largo tiempo de crianza entre barrica y botella, que le confiere sedosidad y elegancia sin diluir el carácter de la uva.
Primera Fruta y Parcela 100, la finca en estado puro
La otra recomendación de la casa son, precisamente, los vinos de Parcela 100: Primera Fruta y Parcela 100. El primero muestra el viñedo sin madera, solo afinado en botella; el segundo, la cara más concentrada y estructurada de la misma parcela, con un paso por barrica que aporta matices especiados y de tostado fino.
| Vino | Origen | Rasgo destacado |
|---|---|---|
| Primera Fruta | Zona fresca de Parcela 100 | Sin barrica, 3 años de botella, fruta pura |
| Parcela 100 | Arenas más pobres de Parcela 100 | Mayor concentración y 9 meses de crianza |
| Martín Berdugo Reserva | Selección de viñedo propio | Premio Envero, fruta marcada tras larga crianza |
MB 2014: el vino que nació tras el incendio
Entre las ediciones limitadas, hay un nombre que sobresale: MB 2014. Es el primer vino que elaboraron después del incendio de 2013 y la implantación del sistema de elaboración por gravedad. Proviene de las uvas obtenidas en los terrenos más pobres de la finca, una mezcla de arenas y cantos rodados.
Su evolución en botella ha sido espectacular, hasta el punto de que forma parte de la memoria viva de la casa. Hoy quedan ya muy pocas botellas, lo que lo convierte en una oportunidad única para coleccionistas y para quienes quieran entender de dónde sale el nuevo estilo de Martín Berdugo.
Reconocimientos que miran al Viejo Mundo
MB 2014 no solo es importante para la familia; también ha recibido el reconocimiento externo. La bodega destaca, entre otros, un premio en el que fue elegido como mejor tempranillo y mejor vino del Viejo Mundo en un prestigioso concurso internacional. A este hito se suman otros resultados recientes:
- James Suckling 2025: Martín Berdugo Gran Reserva 2018 – 92 puntos.
- Concurso Ibérico de Vinos Mezquita 2025: Martín Berdugo Barrica 2023 – Medalla de Oro.
- VI Concurso de Vinos Real Casino de Madrid: Martín Berdugo Reserva 2018 – Medalla de Oro.
- Concurso Virtus International Wine Awards 2025: Martín Berdugo Crianza 2022 – Medalla Gran Oro.
- Best of Ribera del Duero – Wein Plus 2024: Martín Berdugo Primera Fruta 2021 – Mejor vino joven.
- Concurso CIVAS – Akatavino Excellence Awards 2025: Primera Fruta 2021 – 94 puntos y Medalla de Oro; Crianza 2022 – 93 puntos y Medalla de Oro.
Lechazo churro, crianza y un equipo que lo sostiene todo
Para un maridaje cotidiano que sorprenda, Antonio no duda: el lechazo churro asado, plato estrella de la zona, acompañado de Martín Berdugo Crianza. La estructura del vino, con tanino firme pero pulido, marida a la perfección con la grasa del lechazo y los ahumados de los hornos de leña de los asadores arandinos.
Servido a temperatura moderada, el crianza destaca los jugos del asado y, al mismo tiempo, limpia el paladar, convirtiéndose en una combinación que muchos visitantes recuerdan como parte esencial de su paso por Ribera del Duero.
Personas, familia y círculo de amigos
Detrás del proyecto, Antonio señala siempre al «maravilloso equipo» que les acompaña desde hace más de 25 años. Entre los nombres clave destacan:
- Ester, responsable de calidad y supervisión de procesos.
- Raúl, responsable de viñedo, junto a Abdelha, Youssef y Rachid.
- Dimitar, responsable de bodega, apoyado por Andrés y Hugo.
- Alfonso, enólogo, pendiente de cada detalle en el vino.
- Mercedes, al frente de la contabilidad.
- José Antonio, responsable de ventas.
- Daniel, en procesos de venta y área económico-financiera.
- Ema, quien recibe a los visitantes y explica qué hay detrás de cada botella.
- Antonio Díez Martín, apoyando donde haga falta y como cara visible de la familia.
Junto a ellos, la familia Díez Martín y una red creciente de clientes, amigos y familia que, como insiste Antonio, «son quienes nos ofrecen cariño, apoyo y aliento, valoran el esfuerzo e indican el buen camino».
Cómo comprar hoy Martín Berdugo
El camino más corto hasta la copa es la web de la bodega, desde donde se pueden adquirir todas las referencias con envío directo desde Aranda de Duero. Otra opción es formar parte del Círculo de amigos de Martín Berdugo, una comunidad que permite acceder a lotes especiales, información de primera mano y actividades alrededor de la finca.
Además, los vinos están presentes en numerosos locales de hostelería en toda España —especialmente en Madrid— y en una red seleccionada de tiendas especializadas. Entre una finca histórica sobre terrazas aluviales, un rayo que obligó a reinventarse y un MB 2014 del que quedan ya pocas botellas, Martín Berdugo se ha ganado, a golpe de resiliencia y fruta, un lugar propio en Ribera del Duero.





