Bodega Severino Sanz: viñas viejas, crianza lenta y un museo con vigas centenarias

Publicado: 30/12/2025 • 10:00
Actualizado: 29/12/2025 • 10:28
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En Montejo de la Vega de la Serrezuela, en la provincia de Segovia, una pequeña bodega familiar ha hecho del paisaje su mayor argumento. Bodega Severino Sanz, situada dentro de la D.O. Ribera del Duero y rodeada por el Parque Natural de las Hoces del Río Riaza, trabaja sus viñas como parte de un territorio agrícola y cultural vivo, bajo el amparo del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero.

La familia Sanz lleva varias generaciones vinculada a la viña y al pueblo. Desde el origen del proyecto actual, la idea ha sido clara: el vino no es un objeto aislado, sino la consecuencia de un paisaje, una forma de habitarlo y una memoria que no quieren perder. «Buscamos elaborar vinos que expresen paisaje, historia y cultura, sin desligarlos de la experiencia humana que los rodea», explica hoy Teresa Sanz, tercera generación y responsable de contar ese relato a quienes se acercan a la bodega.

Paisaje, familia y origen en las Hoces del Riaza

Bodega Severino Sanz es, ante todo, un proyecto familiar. Sus viñedos se ubican en el entorno del Parque Natural de las Hoces del Río Riaza, en un paisaje de páramos, cañones y laderas calizas donde la viticultura convive desde hace siglos con otras formas de agricultura tradicional. La familia Sanz ha vivido siempre en ese territorio, y su relación con la viña se remonta a varias generaciones.

Desde el principio, la bodega se ha guiado por una convicción muy concreta: el vino debe ser una consecuencia directa del lugar. No se concibe como un producto descontextualizado, sino como parte de una cultura agrícola, social y humana que se quiere preservar frente a la homogeneización. Por eso, cada vino que sale de la bodega se presenta como una lectura del paisaje y del clima de Montejo, más que como un simple estilo de mercado.

De vino para casa a respuesta a la despoblación

Durante muchos años, la familia elaboró vino de forma muy limitada, solo para consumo propio. El punto de inflexión llegó en 2003, cuando decidieron comprar una barrica y hacer su primer vino con crianza. La añada acompañó y el resultado sorprendió a todos. «Ese momento nos hizo comprender que la mejor forma de cuidar el viñedo heredado era cerrar el círculo: elaborar, compartir nuestro vino y explicar su origen», recuerda Teresa.

Bodega Severino Sanz
Bodega Severino Sanz: viñas viejas, crianza lenta y un museo con vigas centenarias 3

Aquel paso no fue solo una decisión enológica; también fue una respuesta al desarraigo y la despoblación rural que golpeaban la zona. La bodega empezó a crecer con una doble conciencia: proteger la viña y conservar la memoria del lugar, alimentándola para que siguiera viva. Ese origen se percibe hoy en vinos que priorizan la expresión del terruño frente a la estandarización y en un enoturismo que se centra más en explicar el paisaje, la historia y el trabajo diario que en ofrecer puro espectáculo.

Llanomingómez: viñas casi centenarias a 950 metros

El corazón emocional y vitícola del proyecto está en Llanomingómez, la viña que plantó Severino hace casi cien años. Situada en torno a los 950 metros de altitud, sobre suelos calizos, pobres y apenas intervenidos, en pleno entorno del parque natural, esta finca resume el tipo de viticultura que practica la familia: paciencia, observación y respeto.

Son viñas que exigen tiempo y que no responden a atajos. La altitud y la naturaleza del suelo se traducen en vinos con frescura, tensión y una identidad mineral muy marcada. En las catas y visitas, Teresa insiste siempre en ese vínculo: «Ayudamos a comprender cómo el paisaje influencia el vino, para que quien lo bebe pueda imaginar dónde nace».

Herencia de Llanomingómez: vino de parcela y años contados

De este viñedo nace uno de los vinos más especiales de la casa, Herencia de Llanomingómez, un tinto de parcela y viñas viejas que solo se elabora en las mejores añadas. La uva procede exclusivamente de Llanomingómez y el vino pasa dos años de crianza en roble francés antes de ser embotellado en series muy limitadas y numeradas.

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Actualmente, está disponible la añada 2015; la siguiente será la de 2020. Entre medias, no ha habido añadas que cumplieran los requisitos de calidad que el equipo exige para este vino. Son, por tanto, botellas pensadas para quien busca piezas irrepetibles, capaces de mostrar cómo un mismo paisaje se expresa de forma distinta según el año.

Tradición en la viña, precisión en la bodega

Si hay una tradición que la bodega no negocia es la de respetar el ritmo de cada parcela. «Trabajamos viña a viña como pequeños ecosistemas, sin forzar producciones ni intervenir más de lo necesario», explica Teresa. Ese enfoque se nota en el manejo del viñedo: poda ajustada, control de rendimientos, mínima intervención y una relación muy directa con cada pago.

La altitud, la orientación y la diversidad de suelos dentro del término se convierten así en herramientas para construir vinos diferentes, no en obstáculos que haya que corregir. El resultado son tintos y blancos que muestran matices según la procedencia, pero que comparten una misma idea de fondo: la prioridad es que el lugar se reconozca en la copa.

Madera que acompaña y enoturismo sin prisas

Esa misma filosofía se ha trasladado a la bodega. En los últimos años, la familia ha afinado sus crianzas, utilizando la madera como acompañamiento y no como máscara. Se busca precisión en las vinificaciones y un uso del roble que respete siempre el carácter de la fruta y la frescura natural de los viñedos de altura.

La innovación también pasa por la forma de compartir el vino. Bodega Severino Sanz apuesta por un enoturismo pausado, cultural y gastronómico, donde el visitante entiende el lugar tanto a través de la copa como del paseo por el viñedo, la visita a la bodega y la arquitectura tradicional. Uno de los espacios más singulares es su museo de vigas de lagar, que conecta la elaboración actual con la historia de los antiguos lagares de la zona.

VinoTipoOrigenRasgo principal
Murón 954 (Viñedos de Altura)TintoViñedos en Montejo de la VegaEquilibrio entre paisaje y elaboración
Murón Albillo MayorBlanco sobre líasRibera del Duero segovianaVersatilidad gastronómica y alma castellana
Herencia de LlanomingómezTinto de parcelaViñas viejas en LlanomingómezSolo en grandes añadas, crianza larga en roble francés

Por dónde empezar: Murón 954 y un blanco con alma castellana

Para quien se acerque por primera vez a Bodega Severino Sanz, la recomendación es clara: empezar por Murón 954 (Viñedos de Altura), anteriormente conocido como Murón Roble. Es el tinto que mejor resume el equilibrio entre paisaje y elaboración y, al mismo tiempo, el que tiene una acogida más constante tanto en venta directa como en restauración.

Es también el vino con el que suelen iniciar sus catas en bodega. Permite entender el estilo de la casa, la influencia de la altitud y la frescura de la zona, sin exigir conocimientos previos. Fruta, estructura medida y un paso por madera que acompaña, sin imponerse.

Murón Albillo Mayor, un blanco para la cocina de cuchara

Para quienes disfrutan del maridaje, la sorpresa llega con Murón Albillo Mayor, un blanco con tres meses de crianza sobre lías. «Es sorprendentemente versátil y funciona tanto con pescados y arroces como con guisos, torreznos u otros platos de sabor más intenso… un blanco con alma castellana», explica Teresa.

Servidos a 15–16 ºC, los tintos de la casa muestran su frescura y equilibrio, resultando naturales con asados, platos de fuego lento y cocina de producto. El albillo, por su parte, admite un servicio algo más fresco y se adapta a mesas muy distintas, demostrando que en Ribera del Duero también hay espacio para blancos con carácter gastronómico.

Una bodega abierta al diálogo y a la cultura

Detrás del proyecto está la familia Sanz, con la tercera generación implicada tanto en la elaboración como en el desarrollo del enoturismo y la dimensión cultural de la bodega. Una de las decisiones recientes que mejor resume su criterio ha sido apostar por una bodega abierta al diálogo: quien visita no solo prueba vino, sino que entiende el lugar, la arquitectura tradicional y la relación histórica entre vino, paisaje y comunidad.

La visita se convierte así en una conversación más que en un recorrido guiado al uso. Se habla de despoblación, de oficios que cambian, de la importancia de mantener vivo el viñedo y de cómo cada botella puede ser una forma de sostener ese paisaje agrícola y social.

El reconocimiento de quienes buscan vinos con relato

Más allá de premios concretos, para Bodega Severino Sanz el mayor reconocimiento de los últimos años ha sido el creciente interés de medios, profesionales y visitantes por proyectos familiares y pequeños que entienden el vino como cultura territorial y forma de vida. Ese interés sostenido confirma que existe un público que busca vinos con relato, coherencia y profundidad.

En un contexto donde muchos consumidores se alejan de la estandarización, la bodega encuentra su espacio precisamente en esa combinación de tamaño humano, viñedo concreto y voluntad de contar su historia sin artificios.

De las Hoces del Riaza a la copa: venta directa y tienda online

Para comprar hoy los vinos de Bodega Severino Sanz, el camino más corto es la venta directa. La bodega ofrece sus referencias en la propia finca y a través de su tienda online en bodegaseverinosanz.es/tienda, con envíos cuidadosos desde Montejo de la Vega de la Serrezuela.

Completan el mapa una distribución selectiva en restauración y tiendas especializadas, así como la presencia en redes sociales como Instagram y Facebook, donde comparten viña, bodega y agenda cultural. Para muchos, sin embargo, la mejor puerta de entrada sigue siendo la visita: entender el lugar transforma para siempre la forma de beber un Murón 954 o un Herencia de Llanomingómez.