Fredi Conill, cervecero nómada: “No quería montar una fábrica, pero pensé: por qué no”

Publicado: 30/03/2026 • 08:00
Actualizado: 18/03/2026 • 16:03
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Todo empezó con un confinamiento y un kit de principiante. Fredi Conill, un apasionado de la cebada, decidió que 2020 sería el año para dejar de soñar y empezar a cocinar. Lo que nació como un experimento en la cocina de su casa, hoy es un proyecto sólido que planta cara a los gigantes industriales.

La «jungla» de los ingredientes: el despertar del maestro

Hacer cerveza parece sencillo hasta que abres el catálogo de proveedores. Fredi lo describe como una auténtica jungla de maltas y lúpulos donde perderse es lo más fácil. Sin embargo, la obsesión por la perfección lo llevó a convertir a sus vecinos y amigos en su particular departamento de I+D.

Cada botella regalada era un dato valioso. Desde el repartidor que entregaba un paquete hasta la vecina del parking, todos fueron jueces de sus primeras recetas. (Sí, nosotros también habríamos querido ser sus vecinos en aquella época). Tras dos años de pruebas, nacieron sus dos primeras joyas: una Smoked Weissbier y una Irish Stout.

«Laura, todo esto tiene un sentido; todos ellos son mi departamento de I+D», le decía Fredi a su mujer mientras ella veía cómo la cocina se llenaba de sacos de malta y botellas vacías.

El modelo nómada: innovación sin el riesgo de la fábrica

En 2022, junto a su hermano Vicenç, Fredi se lanzó al vacío comercial. La estrategia fue inteligente: ser una cervecera nómada. ¿Qué significa exactamente esto? Pues que no necesitas una fábrica propia de un millón de euros para producir cerveza de alta gama.

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El secreto está en alquilar instalaciones de otros maestros cerveceros, como en Malta 51 en Rubí (Barcelona). Allí, bajo el amparo de registros sanitarios ya establecidos, los hermanos Conill empezaron a fabricar sus primeros 250 litros de Pedra Orenetes.

Este modelo democratiza el sector, permitiendo que emprendedores apasionados inviertan en innovación antes que en infraestructuras. Aunque algunos puristas lo miren con escepticismo, es la puerta de entrada para proyectos con alma que de otro modo morirían en el papel.

Pedra Orenetes: la medalla de plata que cambió el juego

No todas las cervezas artesanales nacen con una estrella, pero la de Conill sí. El pasado marzo de 2025, su buque insignia, Pedra Orenetes, se alzó con la medalla de plata en el Concours International de Lyon. Fue una de las cinco españolas en el podio.

Es una cerveza de trigo con un carácter ahumado tan particular que recuerda al bacon. Es ligera, ácida y con toques a plátano, lo que Fredi llama una cerveza «comodín». Marida igual de bien con un queso seco que con una hamburguesa de ternera Angus con cebolla caramelizada. (A nosotros ya se nos está haciendo la boca agua).

Pero no es la única referencia. Si prefieres los sabores oscuros, Calanans es una Irish Stout que rompe todos los prejuicios. A pesar de su color negro intenso, es suave, sedosa y ligera en boca. Café torrefacto y cacao puro en un trago sorprendentemente equilibrado.

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Calidad obsesiva: el reto de las microproducciones

¿Cómo se controla la calidad cuando no eres una multinacional? Fredi es claro: el tamaño pequeño es una ventaja. Al manejar lotes reducidos, puede supervisar cada fase, desde la maceración hasta el embotellado final. En una microcervecería, cada botella lleva el sello personal del creador.

La sanitización es la base de todo. Un solo error de limpieza y todo el lote se va por el desagüe. Además, el agua, que supone el 90% del producto, se analiza constantemente para ajustar el pH y el perfil mineral según la receta. No hay automatismos, solo manos expertas y protocolos estrictos.

«Hoy soy el joker porque hay que serlo para sacar adelante una micro nómada», confiesa Fredi. Desde el diseño de las etiquetas hasta la facturación y la entrega en furgoneta, el cervecero nómada es un multitarea por necesidad. Es agotador, pero es lo que garantiza que cada sorbo tenga sentido.

Soberanía maltosa: ingredientes de proximidad

El origen de lo que bebes importa más de lo que crees. Aunque Fredi empezó usando maltas premium de origen alemán por su estabilidad, el panorama está cambiando. La llegada de la maltería La Arbequina en Arbeca (Lleida) abre la puerta a la soberanía maltosa en España.

Incorporar variedades locales de cebada no solo reduce la huella de carbono, sino que permite contar historias auténticas vinculadas al territorio. De hecho, su última Session IPA, llamada Tecla, ya incluye malta pale ale de proximidad. Un paso firme hacia un producto 100% local.

El futuro híbrido: ¿cerveza o vino?

Cerveses Artesanes Conill no se queda quieta. El próximo gran proyecto son las Grape Ales. Son cervezas híbridas elaboradas con mosto natural de uva de los viñedos del Celler Marià Pagès en el Alt Empordà. Una fusión entre el mundo craft y el vinícola que promete revolucionar las terrazas.

El resultado son bebidas cristalinas, con burbuja fina como un espumoso, frescas y con una acidez equilibrada. Notas de malta ligera mezcladas con fruta blanca y piel de uva. Una apuesta por el terroir que busca enamorar a los paladares más exigentes de la cocina mediterránea.

A largo plazo, el sueño es dejar de ser nómadas. Fredi ya busca ubicación para su propia fábrica y un TapRoom donde los clientes puedan beber directamente de los tanques. Un espacio para vivir la experiencia completa de la marca y charlar con el maestro cervecero.

El sector craft en España ha caído un 35% desde 2019. Resistir es el mayor éxito, y Conill lo está logrando con calidad y pasión.

Cerrar el círculo de la producción, desde la semilla hasta el vaso, es el objetivo de este proyecto que nació en una cocina durante una pandemia. Fredi Conill ha demostrado que, con resiliencia y un buen producto, se puede conquistar Lyon y el paladar de cualquier vecino.

¿Te atreverás a probar una cerveza que sabe a ahumado y tradición? Quizás la próxima vez que veas una Pedra Orenetes en un estante, recuerdes que detrás de esa etiqueta hay un hombre que no tuvo miedo a liarla en su propia cocina.

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