El plan de Bert Rürup para recaudar 40.000 millones: subir el IVA al 22% y bajar el IRPF

Publicado: 23/06/2026 • 12:16
Actualizado: 23/06/2026 • 12:16
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El motor de Europa, Alemania, está a punto de pulsar un botón rojo que podría cambiar las reglas del juego para todos. Mientras el Gobierno de Friedrich Merz lucha por cuadrar las cuentas, una propuesta audaz ha empezado a circular por los pasillos de Berlín.

¿El objetivo? Recaudar 40.000 millones de euros extra, pero el precio a pagar podría ser el consumo diario de millones de personas.

La idea proviene de Bert Rürup, un peso pesado de la economía germana que no se anda con rodeos. Su propuesta es una navaja de doble filo: elevar el IVA general del 19% al 22% y, a cambio, bajar el impuesto sobre la renta y el de sociedades. (Sí, nosotras también hemos sentido ese escalofrío al leer «22%»).

La ingeniería fiscal tras el cambio

El plan de Rürup no es solo recaudar por recaudar. La lógica, aunque fría, tiene una estructura clara: desplazar la carga fiscal.

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La teoría dice que, si pagamos más al consumir pero conservamos mucho más de nuestro sueldo bruto a fin de mes, la economía ganaría una tracción brutal. Es el clásico intercambio de cromos a gran escala.

Para intentar equilibrar la balanza, se propone un caramelo: bajar el tipo reducido del 7% al 5% en productos básicos.

Esto es, en teoría, un escudo para los hogares con menos ingresos. Pero, seamos realistas, el grueso de nuestro gasto diario se mueve en ese tipo general que aspira a rozar el 22%.

La gran pregunta es si el consumidor realmente notará el alivio en su nómina antes de que los precios en las estanterías del supermercado se disparen.

¿Por qué ahora? El miedo a la deuda pública

Alemania no está jugando. La deuda pública está subiendo a un ritmo que preocupa, y Rürup ha dejado claro que los programas de estímulo financiados con deuda son historia. La alternativa es esta: disciplina fiscal absoluta. Se mira hacia atrás, a 2005, cuando el IVA subió del 16% al 19% bajo el mandato de Angela Merkel. Aquello funcionó para estabilizar el presupuesto, pero el coste político fue, y sigue siendo, inmenso.

En el sector de las bebidas y el consumo, este posible 22% no es un número más. Es una presión directa sobre los márgenes de beneficio. Si el impuesto sube, las empresas tienen dos opciones: o trasladan el coste al consumidor final, encareciendo la cesta de la compra, o absorben la pérdida, reduciendo sus beneficios. En ambos escenarios, el consumidor es el que termina pagando la fiesta, ya sea en la caja o a través de la inflación.

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No nos engañemos: esta medida es un terreno minado para cualquier gobierno. Subir el IVA es el camino rápido hacia el desgaste electoral, y Merz sabe que la opinión pública alemana tiene la piel muy fina con sus impuestos. El éxito del plan depende de una sincronización perfecta: que la rebaja en la renta sea tan tangible que el ciudadano sienta que, efectivamente, tiene más dinero en el bolsillo.

Si esta reforma llega a ejecutarse, el panorama para 2026 y 2027 será radicalmente distinto. Hablamos de una transformación profunda en el comportamiento del gasto. Aquellos productos que hoy consideramos «asequibles» podrían entrar en una zona de precios que nos obligue a replantearnos nuestra lista de la compra. (Es el momento de empezar a mirar cómo optimizar nuestros gastos antes de que las leyes cambien).

Por ahora, el debate está servido en Berlín. Rürup ha lanzado la piedra y ahora queda por ver si el Gobierno está dispuesto a asumir el riesgo. ¿Estamos ante el fin de la era de los precios bajos en Europa o es solo una maniobra necesaria para evitar el abismo de la deuda? La respuesta, como siempre en economía, tiene fecha de caducidad.

Y tú, ¿prefieres impuestos más bajos en tu nómina o un IVA que se mantenga a raya en tus compras? Estaremos muy atentas a cómo evoluciona este tablero.

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