Olvídate por un momento del sabor a madera de siempre. (Sí, nosotros también necesitábamos un respiro de los clásicos). Lo que acaba de salir de las cavas de Bodegas Corral es algo que muy pocos han tenido el privilegio de probar.
Estamos ante Los Corrales de Moncalvillo Maturana Ánfora, un vino que no solo rescata una uva que estuvo al borde de la extinción, sino que la hace madurar en un recipiente que se usaba hace miles de años: el ánfora de barro.

Hablamos de una apuesta valiente bajo la D.O.Ca. Rioja. Es, probablemente, el único vino en el mundo que combina la mística variedad Maturana Tinta con una crianza íntegra en barro, logrando una pureza que la barrica de madera a veces camufla.
Es ecológico, es apto para veganos y, por encima de todo, es una producción limitada que está obsesionando a quienes buscan «vinos con alma» y sin artificios.
El milagro de la Maturana Tinta y el barro
La Maturana Tinta es una variedad ancestral riojana que hoy vive una segunda juventud gracias a proyectos como este. Pero lo que hace a este vino una pieza de coleccionista es su crianza de 12 meses en ánforas.
¿Por qué barro? El ánfora permite que el vino respire de forma constante pero sin aportar los sabores a vainilla o tostados del roble. El resultado es una Maturana desnuda, donde la fruta se expresa tal y como nació en el viñedo.
Tras ese año de «sueño» en arcilla, el vino reposa otros 3 meses en botella dentro de la bodega para terminar de redondearse antes de llegar a tus manos. Es artesanía líquida en estado puro.
La crianza en ánfora respeta la identidad de la uva como ningún otro método, ofreciendo una textura que el acero o la madera simplemente no pueden replicar.
Una bodega centenaria que no tiene miedo al futuro
Aunque el concepto de este vino parezca vanguardista, nace en una casa con más de un siglo de historia. Bodegas Corral fue fundada en 1898 por D. Saturnino Daroca en Sojuela, cerca de Navarrete.
A pesar de su crecimiento durante el siglo XX, la familia ha sabido mantener ese carácter artesanal que hoy se refleja en su gama de vinos de autor. No se trata de inundar el mercado, sino de ocupar nichos donde la calidad sea la única regla.

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Con este «Ánfora», la bodega demuestra que se puede ser fiel a la tradición riojana mientras se exploran nuevos caminos para proteger el medio ambiente y la biodiversidad de la zona.
Cata: ¿A qué sabe un vino criado en ánfora?
Lo primero que te llamará la atención es su color rojo cereza con una intensidad media-alta, muy limpio y brillante en la copa.
En nariz es una fiesta de frescura. Al no haber madera, los aromas afrutados saltan inmediatamente. Es como meter la nariz en una cesta de bayas silvestres recién cogidas.
En boca es donde ocurre la magia: hay recuerdos nítidos de fruta roja, acompañados de una acidez media que lo hace vibrante. Lo mejor es su tanino sedoso, una suavidad que te acaricia el paladar y termina en un final largo y persistente.
Es un vino de trago largo, elegante y, sobre todo, muy honesto con el terruño de Moncalvillo de donde procede.
¿Por qué deberías conseguir una botella?
La respuesta es corta: porque no hay muchos vinos así. La producción es limitada y encontrar una Maturana Tinta monovarietal ya es difícil; que además sea «Ánfora» es casi un milagro vinícola.
Es el regalo perfecto para ese amigo «winelover» que cree que ya lo ha probado todo, o para darte un capricho ecológico en una cena especial donde quieras que el vino sea el centro de la conversación.
Marida de fábula con platos que respeten su delicadeza: verduras a la brasa, quesos suaves o carnes blancas. Es un vino que no cansa y que te invita a descorchar la siguiente botella.
En un mundo de vinos clonados, Los Corrales de Moncalvillo Ánfora es un soplo de aire fresco (y terroso) que nos recuerda por qué amamos tanto la Rioja.
¿Te vas a quedar sin probar la uva que resucitó en el barro?





