En un pequeño pueblo agrícola del sur de Cáceres, un hotel rural con restaurante gastronómico ha cambiado la forma en la que se mira a la cocina extremeña de caza. En plena dehesa, lejos de las grandes ciudades, este rincón se suma al impulso del turismo rural y gastronómico del que ya habla el portal oficial de Turismo de Extremadura, pero con un giro muy concreto: aquí el monte y el huerto mandan en el plato.
El responsable de esta transformación es un cocinero extremeño que estuvo a punto de dejar los fogones y que, de regreso a su pueblo natal, ha convertido un comedor de solo siete mesas en una parada obligatoria para quienes buscan menús largos, platos de caza contemporáneos y una experiencia íntima de alta cocina en mitad del campo. Lo que ocurre en este pequeño comedor explica por qué un pueblo conocido por el tomate empieza ahora a sonar también entre los grandes destinos gourmets.
Del pueblo agrícola al destino de alta cocina
Ese cocinero es Guti Moreno y su proyecto se llama Tupío, el restaurante gastronómico de Finca la Desa, en Miajadas (Cáceres), la capital europea del tomate. Desde este complejo rural, situado a pie de carretera pero rodeado de campo, ha logrado que un municipio agrícola se cuele en el mapa de la alta cocina española gracias a una propuesta centrada en la caza y el producto local.
La historia de Tupío arranca en 2020, cuando Moreno atravesaba uno de los momentos más delicados de su carrera. Después de años en grandes casas, la pandemia y la falta de un proyecto sólido le llevaron a plantearse seriamente abandonar las cocinas. Fue entonces cuando la empresa extremeña Laura Otero, propietaria de Finca la Desa, le propuso liderar la reforma gastronómica del complejo hotelero. La oferta implicaba volver a su tierra, diseñar un concepto desde cero y dar un paso al frente como jefe de cocina y creador del proyecto.
Una carrera forjada en las mejores cocinas
Antes de regresar a Miajadas, Guti Moreno se formó en la escuela Fonda Veracruz, en Salamanca, y pasó por algunas de las cocinas más influyentes del país. En Atrio (Cáceres) profundizó en la importancia del detalle y del servicio impecable; en Aponiente (El Puerto de Santa María) descubrió hasta dónde se puede llevar la creatividad cuando se trabaja a fondo un territorio; en La Cabra y Mediamanga aprendió el ritmo de los grandes restaurantes urbanos; y en Lera (Castilla y León), templo de la caza, consolidó su pasión por el recetario cinegético. De todos esos escenarios se quedó con una idea clara: técnica, sí, pero siempre al servicio del sabor y del producto.
El nacimiento de un proyecto propio
En Finca la Desa, el primer paso fue poner al día el restaurante del hotel, pensado para el día a día de los huéspedes y del público local. Pero tanto el chef como el sumiller y jefe de sala, Mario Fernández, sentían que faltaba un espacio en el que poder explorar un discurso más libre y ambicioso. De esa inquietud nació Tupío: un comedor independiente, anexo al huerto, con solo siete mesas y un objetivo claro, cocinar Extremadura con honestidad, sin disfraces innecesarios y con la caza y el paisaje como hilo conductor.
Qué es Tupío y cómo es el restaurante
El nombre no es casual. Tupío es una palabra del castúo, el habla popular de Extremadura, que se utiliza para describir la sensación de quedar satisfecho después de comer o beber. Esa idea de salir lleno, pero sobre todo contento, resume bien la filosofía del restaurante. El espacio es íntimo, con un número limitado de comensales por servicio, grandes ventanales abiertos al campo y una cocina muy visible en la que se percibe el trabajo de un equipo corto pero cohesionado.
En cocina, Moreno trabaja mano a mano con la pastelera Elena Acero, su mano derecha, mientras que en sala la experiencia la dirigen Mario Fernández y María José Mañoso. La cercanía entre sala y cocina se traduce en un servicio muy atento, pero relajado, donde el comensal siente que forma parte de algo personal y no de una cadena de servicios anónimos.
Reconocimientos que han llegado muy rápido
A pesar de no nacer con ánimo de hacer ruido, Tupío no ha pasado desapercibido. En apenas unos meses de vida consiguió un Sol en la Guía Repsol, reconocimiento que lo situó de inmediato junto a los grandes restaurantes de Extremadura. Poco después, el proyecto entró como recomendado en la Guía Michelin 2026, un hito importante para un pueblo que hasta hace poco se asociaba casi en exclusiva a la industria del tomate. Además, el restaurante ha sido distinguido con premios como Mejor Apertura por la revista extremeña En Salsa o la T de Oro de la revista Tapas, galardones que han reforzado la reputación del proyecto y han hecho crecer la lista de reservas.
Una propuesta centrada en producto y temporada
Hablar de la cocina de Tupío es hablar del paisaje extremeño puesto en el plato. El chef define su cocina como directa y reconocible: el comensal debe identificar sin esfuerzo qué está comiendo. Detrás de esa aparente sencillez hay un trabajo técnico importante, pero nunca se busca que la técnica eclipse el producto. Las piezas de caza, las verduras del huerto y las legumbres de la comarca son las protagonistas de un menú que cambia según la temporada y lo que ofrece la despensa local.

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El restaurante propone dos menús degustación que funcionan como un recorrido por el entorno: un menú más corto, que ronda los 75 euros, y otro largo en torno a los 100 euros, siempre con la advertencia de que los precios pueden variar con el tiempo. Cada pase se presenta bajo el nombre de un producto, de manera que la experiencia se lee como una sucesión de ingredientes clave: conejo, bacalao, gamo, pichón, legumbre… En lugar de enumerar elaboraciones complejas, se subraya la materia prima.
Platos de caza y técnica contemporánea
Entre los pases de caza, uno de los más representativos es el conejo trabajado en forma de pâté en croûte, acompañado de una mayonesa ligeramente picante que aporta frescor y grasa a partes iguales. El gamo, por su parte, se presenta relleno con espárrago a la brasa y rematado con una crema untuosa de foie, que equilibra la intensidad de la carne. El mar aparece de forma puntual, con propuestas como unas huevas de bacalao tratadas “a la importancia”, en guiño actualizado a un plato clásico muy reconocible para el paladar español.
Las legumbres tienen siempre su espacio en el menú. En los meses fríos, es habitual encontrar platos de pochas guisadas con callos de bacalao y chorizo de ciervo, un juego de texturas y fondos que remite a los guisos de toda la vida, pero afinados en presentación y puntos de cocción. Las aves también ocupan un lugar destacado: el magret de pato se marca a fuego vivo y se acompaña con pequeños tortellini elaborados con las propias patas del animal y un toque cítrico de naranja. El pichón es uno de los ingredientes fetiche de Moreno; suele culminar el menú en un pase que combina la pechuga con una royal elaborada con los muslos y setas de temporada.
Huerto propio, verduras y caviar
Más allá de la caza, el huerto que rodea Finca la Desa es una pieza clave del discurso. Desde allí salen las verduras que alimentan tanto al restaurante del hotel como a Tupío. Cada temporada, el chef elige un cultivo concreto al que dedicar un plato. Un ejemplo es la acelga roja, que trabaja en crema acompañada de mollejas de cerdo ibérico a la brasa y un toque de caviar, combinación que resume bien su manera de entender la alta cocina: producto humilde, técnica precisa y un guiño de lujo que no eclipsa al vegetal.
La experiencia en sala, el vino y el entorno
En sala, la experiencia se apoya en la figura de Mario Fernández, sumiller y jefe de sala, conocido por su entusiasmo contagioso por el vino. Su trabajo no se limita a recitar etiquetas; busca que cada mesa entienda por qué se ha elegido un vino u otro, y cómo encaja con el pase que llega desde cocina. La carta incluye referencias nacionales y un foco especial en proyectos que trabajan el viñedo con respeto al paisaje, algo que enlaza con la filosofía del restaurante.
La puesta en escena es sobria, sin estridencias, con mantelería cuidada, cristalería fina y un ritmo de servicio que permite al comensal disfrutar sin prisas. Las siete mesas del comedor permiten un trato muy personalizado: se explican los platos con detalle, se ajusta el ritmo del menú a cada mesa y se crea un clima de confianza que invita a alargar la sobremesa.
Dónde está y cómo reservar
Tupío se encuentra dentro de Finca la Desa, un hotel rural situado en el término municipal de Miajadas, al sur de la provincia de Cáceres. El complejo está a medio camino entre Cáceres y Mérida y muy cerca de la Autovía del Suroeste, lo que lo convierte en una parada estratégica para quienes viajan entre Madrid y Lisboa o recorren Extremadura en coche. El propio hotel ofrece habitaciones, piscina y zonas ajardinadas, por lo que muchos comensales optan por convertir la comida o la cena en una escapada con noche incluida.
Las reservas se gestionan a través de los canales de Finca la Desa y conviene realizarlas con antelación, especialmente en fines de semana y festivos, cuando la demanda es alta y el número limitado de mesas se traduce en listas de espera. El reducido aforo forma parte del encanto del lugar: mantiene el ambiente recogido y permite que cocina y sala se concentren en cada detalle.
Miajadas, entre el campo y la gastronomía
Miajadas lleva años presentándose como capital europea del tomate gracias a sus vegas de regadío y a una potente industria agroalimentaria. Hoy, esa identidad agrícola convive con una nueva etiqueta: destino gastronómico de referencia en Extremadura. La presencia de un restaurante como Tupío, con reconocimientos en las principales guías, ha reforzado el atractivo del municipio para viajeros que buscan algo más que una simple parada en ruta.
Para el territorio, el impacto va más allá del restaurante. La apuesta por la caza de calidad, los productos de la huerta local y los vinos de la región impulsa a proveedores, pequeños productores y proyectos que, como Finca la Desa, entienden la gastronomía como una forma de arraigo. Para el comensal, la experiencia es clara: sentarse en una mesa de Tupío es una manera directa de entender cómo un cocinero que estuvo a punto de abandonar ha logrado, desde su pueblo, transformar la caza de siempre en un relato contemporáneo que mira al futuro sin renunciar a sus raíces.





