En pleno corazón de Bilbao, hace más de una década, un hombre visionario llamado Inaz Fernández decidió lanzarse a la aventura de abrir el primer bar de ostras de España. Tras conseguir afianzar su negocio en su ciudad natal, Fernández ha logrado establecer con éxito una sucursal de «El Puertito», como se conoce al local, en Madrid.
Un peculiar «oyster bar»
Este atípico bar, ubicado específicamente en la calle General Martínez Campos, 42 del barrio de Almagro, ofrece un novedoso concepto. La premisa es simple: ostras frescas, servidas al estilo de las tabernas francesas, a precios asequibles y listas para disfrutar con un buen vino u otra bebida de selección.
Las ostras no son un producto convencional en España y justamente allí está la magia del proyecto de Fernández. Convirtió la idea de una experiencia gastronómica poco habitual en algo cotidiano. Este exproductor de cine y publicidad ha logrado que su bar venda miles de ostras a la semana solo en la capital española.
La variedad es uno de los atractivos del «El Puertito». En su carta figuran hasta 20 tipos de ostras. Estas vienen de distintos países, entre ellos Irlanda, Portugal, Francia y el propio España. Además, el negocio trabaja directamente con los criaderos para ahorrar costes, mantener la frescura del producto y asegurar su calidad.
Entre las distintas variedades disponibles, la ostra francesa «fine de claire» destaca por su accesibilidad, con un precio de tan solo 1,90 euros la unidad. Por otro lado, la más cara de todas es la «Real selección de Oro», una ostra irlandesa recubierta con papel de oro, que se puede degustar por 5,20 euros.
El éxito de «El Puertito» se basa en parte en la visión de Fernández. Su estrategia fue no solo ofrecer un producto distinto, sino convertir la experiencia de comer ostras en algo accesible y cotidiano. Como él mismo revela, «queremos que sean asequibles para que nadie nos diga que son caras, que se las pueda permitir todo el mundo».
Las ostras de «El Puertito» son un aperitivo ideal para quienes buscan una comida sana y exquisita, para quienes deseen probarlas por primera vez o para aquellos que deseen llevárselas a casa. Pero, por encima de todo, este proyecto refleja el espíritu aventurero y arriesgado de Inaz Fernández, un emprendedor que ha conseguido materializar una idea original y transformarla en un negocio próspero y aceptado por los paladares madrileños.

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