De freiduría de 15 metros a conquistar el mundo: el secreto mejor guardado de las patatas fritas Sarriegui

Publicado: 18/03/2026 • 08:00
Actualizado: 11/03/2026 • 13:07
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Todo comenzó en 1990, en apenas 15 metros cuadrados. Situada en la calle San Jerónimo, en la icónica Parte Vieja de San Sebastián, una pequeña freiduría empezaba a cambiar la historia de los snacks. Lo que nació como un negocio local de barrio pronto desbordó todas las previsiones.

Al principio, la marca respondía al nombre de Patatas San Jerónimo. Sin embargo, un pequeño contratiempo legal —la marca ya estaba registrada— obligó a un cambio de rumbo definitivo. Fue el nacimiento de Patatas Fritas Sarriegui, un nombre que rinde homenaje a Raimundo Sarriegui, el genio musical detrás de la famosa Marcha de San Sebastián.

La ingeniería del crujido perfecto

¿Qué separa a una bolsa de patatas común de una pieza de artesanía gourmet? El secreto está en la obsesión por el detalle. En la fábrica de Sarriegui han logrado clonar la filosofía de aquella pequeña freiduría original a gran escala.

El corte fino y el salado manual son el ADN de un sabor que ha logrado cautivar paladares en Hong Kong, Arabia Saudí y más de 30 países, sin haber tenido que buscarlos.

El proceso es implacable: la patata, que es un producto vivo, recibe cuidados intensivos desde su recolección. El equipo técnico supervisa la materia prima antes de la fritura, durante el proceso y, finalmente, antes del envasado. Cualquier fluctuación térmica en el almacenamiento significa descartar toneladas de producto. Aquí no hay margen para el error.

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Más allá del clásico sabor a aceite de oliva

Aunque sus patatas con aceite de oliva virgen siguen siendo el pulmón del proyecto, la marca ha expandido su territorio con valentía. Actualmente cuentan con 13 referencias, todas ellas libres de gluten y conservantes, manteniendo la pureza del ingrediente natural.

En su catálogo brillan creaciones como las patatas con pimentón de Espelette (D.O.P), una joya gastronómica, o propuestas mucho más disruptivas como el limón con pimienta, el pesto y su última incorporación: el jengibre. Una apuesta que demuestra que el mercado de los snacks premium está más vivo que nunca.

El futuro y la consolidación global

La segunda generación de la familia ha tomado el relevo con una visión clara: ser un productor artesanal con una ambición global. La expansión no se detiene aquí. Tras consolidarse en el País Vasco y dar el salto a los mercados internacionales, la marca ya tiene la mirada puesta en 2027.

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De freiduría de 15 metros a conquistar el mundo: el secreto mejor guardado de las patatas fritas Sarriegui 3

¿El próximo paso? Un producto natural que promete romper moldes y donde el nivel de sal será, sorprendentemente, muy comedido. La receta del éxito parece ser simple, pero extremadamente difícil de ejecutar: mantener la artesanía mientras el resto del mundo pide más. Y ellos, de momento, lo están logrando con cada bolsa que abres.

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