Juan y Diego Magaña: padre e hijo que transformaron Navarra en tierra de grandes tintos

Publicado: 14/12/2025 • 10:00
Actualizado: 26/02/2026 • 15:34
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En 1969, en la localidad navarra de Barillas, Juan Magaña fundó Bodegas Viña Magaña con una idea fija: elaborar vinos únicos, sorprendentes y de calidad excepcional en el corazón de la Denominación de Origen Navarra. A contracorriente de las tendencias de la época, su apuesta no fue buscar comodidad, sino suelos difíciles y variedades poco habituales.

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Desde entonces, la bodega ha construido su identidad sobre dos pilares: una lectura muy personal del viñedo y una curiosidad constante por ir más allá de lo que se esperaba de Navarra. «Siempre hemos buscado innovar, ofreciendo al consumidor una experiencia diferente en cada copa», resumen desde la casa. El resultado es una trayectoria que ha colocado a su Merlot, sus garnachas y sus viñas viejas entre las referencias a seguir en la región.

De una decisión arriesgada a vinos de culto

El origen de Viña Magaña está ligado a una decisión que, en su momento, muchos consideraron temeraria. Juan Magaña se fijó en unas tierras ricas en minerales pero pobres en nutrientes. No eran suelos fáciles ni especialmente atractivos a ojos de la mayoría, pero su intuición le dijo que allí podía nacer algo distinto.

El tiempo le dio la razón. Ese terreno tan especial resultó perfecto para obtener uvas de calidad excepcional, con rendimientos contenidos y una concentración fuera de lo común. «La búsqueda de la perfección y el enfoque en la calidad de la fruta siguen presentes hoy en cada uno de nuestros vinos», explican desde la bodega. Lo que empezó como un riesgo calculado se convirtió en el ADN de la casa.

Pioneros en Merlot en España

Otro de los gestos fundacionales fue la apuesta por el Merlot en un momento en que apenas se hablaba de esta variedad en España. Viña Magaña fue pionera en plantar Merlot en territorio nacional, integrándola en su paisaje de Navarra cuando lo habitual era pensar en otras castas.

Décadas después, ese Merlot se ha consolidado como uno de los vinos emblemáticos de la bodega y como una de las mejores cartas de presentación para entender su estilo: tintos profundos, elegantes, con vocación de guarda y una personalidad que se reconoce copa tras copa.

La Sarda Nº 1, el corazón de Viña Magaña

Si hay un lugar que resume el proyecto, ese es La Sarda Nº 1. Se trata de una viña situada en Castejón, a unos 300 metros de altitud, con más de 50 años de historia. Sus suelos calizos y limosos obligan a la vid a profundizar, a esforzarse, y esa tensión se traduce en uvas de gran intensidad.

Desde la bodega no dudan al definirla como el corazón del proyecto. «Es una parcela que nos ha dado algunos de nuestros vinos de mayor guarda», explican. Sus uvas se destinan a elaboraciones que buscan longevidad, complejidad aromática y una elegancia que se manifiesta con el tiempo.

Cómo se reconoce La Sarda en la copa

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Los vinos nacidos en La Sarda Nº 1 son tintos de estructura firme, pero con tanino pulido y una acidez que les permite evolucionar durante años. En cata destacan por su profundidad, complejidad y capacidad de guarda, rasgos que han sido altamente valorados en concursos internacionales.

En nariz suelen mostrar capas de fruta madura, notas especiadas y matices de suelo —ese fondo mineral que recuerda de dónde vienen—, mientras que en boca se describen como elegantes, largos y precisos. No es casualidad que esta viña aparezca una y otra vez cuando se explican los vinos más ambiciosos de Viña Magaña.

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Artesanía, injertos y nuevas garnachas

Con más de medio siglo de historia, la bodega insiste en no perder de vista aquello que le dio éxito desde el principio. «Mantenemos la tradición de hacer nuestros vinos de la manera más artesanal posible», subrayan. Eso implica trabajos manuales en viñedo, control minucioso de cada parcela y un respeto absoluto por los métodos que han demostrado funcionar.

La artesanía se ve en la selección de la uva, en las fermentaciones controladas, en el uso cuidadoso de la barrica y en la paciencia a la hora de decidir cuándo un vino está listo para salir al mercado. No se trata de nostalgia, sino de coherencia: las nuevas técnicas se adoptan solo cuando suman sin diluir la identidad de la casa.

Injertos aéreos y conversión a Garnacha

La innovación más reciente ha llegado de la mano del injerto. En los últimos años, la bodega ha llevado a cabo un trabajo muy específico en sus viñas antiguas. «Hemos injertado viñas antiguas de variedades como Malbec y Syrah, convirtiéndolas en Garnacha mediante un injerto aéreo de clones seleccionados», explican.

El resultado ha sido un salto notable en la calidad percibida por el consumidor. Estas nuevas garnachas, nacidas sobre raíces viejas y adaptadas, muestran una combinación muy interesante entre concentración, frescura y finura aromática. Es una forma de actualizar el viñedo sin renunciar a la historia que hay bajo tierra.

Por dónde empezar: Merlot y Garnacha

Para quien se acerque por primera vez a la bodega, la recomendación es clara: empezar por el Merlot y la Garnacha de Viña Magaña. El primero no solo tiene valor enológico, sino también histórico: la casa fue pionera en España en plantar esta variedad. La segunda concentra la experiencia reciente en injertos y nuevas vinificaciones.

«Ambos vinos han sido reconocidos por expertos del sector, incluidos periodistas, guías de vino y concursos internacionales, con puntuaciones superiores a los 90 puntos», señalan. Son, por tanto, dos etiquetas que condensan la esencia del proyecto: carácter, elegancia y una lectura muy personal del viñedo navarro.

VinoVariedad principalRasgo destacado
Merlot Viña MagañaMerlotPionero en España, gran capacidad de guarda
Garnacha Viña MagañaGarnachaViñas injertadas con clones seleccionados, gran expresión frutal
La Sarda Nº 1 (parcelas)Cortes según añadaViña de más de 50 años, suelos calizos y limosos

Una cosecha irrepetible: Merlot 1982 y 1983

En el terreno de las ediciones limitadas, hay dos años que sobresalen: 1982 y 1983. La cosecha de Merlot de esas añadas se considera una edición única, irrepetible. Se trata de vinos con una madurez excepcional y una complejidad que solo pueden ofrecer los viñedos más antiguos trabajados con paciencia.

Las botellas están numeradas y se distribuyen únicamente en puntos de venta selectos, lo que las convierte en piezas de colección para quienes siguen la pista a la historia de la bodega. Viña Magaña las presenta como una oportunidad singular para entender hasta dónde puede llegar su Merlot cuando el tiempo hace su parte.

Un maridaje clásico: guiso de becada y 18 ºC

El maridaje que la casa propone para su Merlot emblema es tan concreto como revelador: un guiso de becada. Este plato tradicional pone en valor la elegancia, la profundidad y los matices del vino, creando un diálogo entre la intensidad del guiso y la finura del tinto.

La temperatura de servicio recomendada es de 18 ºC, con un detalle importante: conviene abrir la botella al menos una hora y media antes para que se oxigene y pueda mostrar todo su potencial. El vino gana capa tras capa aromática a medida que se airea y se templa en la copa.

Juan y Diego Magaña, dos generaciones mirando al mismo viñedo

Detrás de Viña Magaña hay dos nombres clave. Por un lado, Juan Magaña, fundador de la bodega, responsable de aquellas decisiones iniciales que marcaron el camino: compra de suelos complejos, apuesta por el Merlot y concepción de una bodega con vocación innovadora.

Por otro, su hijo Diego Magaña, que hoy lidera las operaciones y ha tomado decisiones estratégicas como la renovación de parte del viñedo mediante injertos aéreos de variedades internacionales. Este trabajo refleja su búsqueda constante de mejora en la calidad de los vinos, sin renunciar a la esencia de la casa.

De las páginas de Pedro Ballesteros a los concursos internacionales

En los últimos 24 meses, uno de los hitos más destacados para la bodega ha sido la inclusión de sus vinos en la publicación Conocer el Vino de Pedro Ballesteros, Master of Wine, quien dedica un artículo exclusivo al Merlot de Viña Magaña. Este gesto sitúa al vino en un contexto de referencia, junto a otros grandes nombres del panorama internacional.

A ello se suman las puntuaciones altas en concursos internacionales y en guías especializadas, que de forma recurrente sitúan los vinos de la casa por encima de la barrera de los 90 puntos. Más allá de las cifras, son señales de que el proyecto iniciado en 1969 mantiene vigencia y prestigio dentro y fuera de España.

El camino más corto a la copa del lector

Para comprar hoy los vinos de Viña Magaña, el camino más corto pasa por sus canales de distribución habituales y por las tiendas especializadas y vinotecas que trabajan de forma regular con la bodega. Las ediciones más singulares, como el Merlot de 1982 y 1983, se ofrecen en puntos de venta selectos y en cantidades limitadas.

La presencia en comercios físicos y plataformas digitales de vino permite acceder a referencias como el Merlot, la Garnacha o los vinos de La Sarda Nº 1 con garantías de conservación y envío. Entre suelos pobres convertidos en virtud, viñas de más de medio siglo y cosechas legendarias, Viña Magaña confirma que Navarra también tiene mucho que decir cuando se habla de grandes tintos de guarda.