La historia de Bodegas Canopy comenzó con un descubrimiento casi accidental: un viñedo antiguo en la Sierra de San Vicente que cambió para siempre el rumbo profesional de dos jóvenes enólogos. Lo que nació como una intuición terminó convirtiéndose en uno de los proyectos más singulares de la garnacha española. Para conocer esa evolución y entender el estilo que define hoy la casa, hablamos con Alfonso Chacón Gil, cofundador y enólogo.
Desde los orígenes hasta las vinificaciones actuales, Canopy mantiene una visión basada en el respeto por la fruta y la mínima intervención. Su trabajo puede conocerse más de cerca a través de su web oficial bodegascanopy.com, donde se encuentran tanto sus vinos icónicos como las elaboraciones más escasas.

Un proyecto nacido entre viejas garnachas
La bodega se fundó en 2003, fruto del encuentro entre Alfonso Chacón y Belarmino Fernández, dos enólogos que se conocieron durante sus estudios. “La idea surgió un sábado, al pasar por unos viejos viñedos en la Sierra de San Vicente, en las estribaciones de Gredos”, recuerda Chacón. “Nos enamoró el entorno, el suelo y el clima. Desde el principio tuvimos claro que queríamos hacer vinos interesantes a partir de esas garnachas viejas, justo cuando en España se estaba arrancando esta variedad”.
Aquella intuición inicial dio lugar a un proyecto que no solo defendió la garnacha, sino que también apostó por prácticas respetuosas con la fruta y por elaboraciones con raspón, sin despalillar, abriendo un camino que hoy es referencia entre los vinos de montaña.
Una anécdota que bautizó su primer vino
La identidad de Canopy está marcada por una historia tan inesperada como reveladora. “Nuestro primer vino fue Tres Patas”, explica Chacón. “En un primer momento éramos tres socios. Cuando en los círculos del vino comentábamos que íbamos a elaborar, alguien dijo: ‘Vaya tres patas para un banco’, como insinuando que vaya tres personajes nos habíamos juntado. De esa anécdota salió el nombre”.
Aquel espíritu irreverente y auténtico sigue impregnando la bodega. “La frase era un poco broma, un poco advertencia… pero también una forma de decir que íbamos a hacer algo distinto. Hoy seguimos con esa idea: honestidad, claridad y mucho respeto al viñedo”.

La Viña Escondida: un paraje difícil de olvidar
Entre todos los viñedos que trabajan, uno destaca por encima del resto. “La Viña Escondida es nuestro vino más singular, premiado y emocional”, afirma Chacón. “Es una parcela situada en una colina, con suelo granítico y viñas de 96 años, rodeada de encinas y enebros”.
La elaboración se realiza con 20 meses en fudre de 2.000 litros, buscando preservar su frescura y complejidad. “Es un vino floral, mineral, con aromas que recuerdan a un paseo por el campo, notas balsámicas y una boca fresca, profunda y delicada”, describe el enólogo. La Viña Escondida se ha convertido en una de las interpretaciones más personales de la garnacha en Gredos.
Tradición natural y etiquetas que rompen moldes
Canopy mantiene una forma de elaborar basada en la mínima intervención. “Seguimos trabajando con raspón, sin añadir productos durante la elaboración. Son vinos naturales, pero correctos”, matiza Chacón. “Vendimiamos en cajas, con producciones muy bajas. Es una tradición, pero también una forma de mantener la identidad”.
La innovación, en cambio, llega desde otra dirección inesperada. “La innovación viene más por la imagen de las etiquetas. Parece que si la etiqueta no es seria, el vino no es serio. Nosotros queríamos etiquetas frescas, divertidas, pero sin que eso hiciera olvidar que lo importante es el vino”.

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Esta apuesta estética ha sido reconocida con varios premios nacionales, especialmente para los vinos Loco y Estéreo, dos ejemplos de cómo la imagen puede reflejar la personalidad del proyecto sin perder autenticidad.

Los vinos para iniciarse en Canopy
Con nueve vinos diferentes, el abanico de estilos es amplio. Chacón recomienda empezar por la gama media. “Los jóvenes tienen más fruta y son más ligeros. Pero si alguien quiere una primera compra equilibrada en precio y complejidad, elegiría Tres Patas de garnacha o Malpaso de syrah. Son vinos con 12 meses de barrica, y tienen en todas las guías entre 93 y 95 puntos”.
Son vinos que muestran lo que busca Canopy: equilibrio, frescura y profundidad sin artificios.
Ediciones escasas que no siempre regresan
Aunque no se plantean como ediciones limitadas formales, algunos vinos de la bodega se elaboran en cantidades muy reducidas. “La Viña Escondida y Loco de garnacha blanca salen cada año con muy pocas botellas, unas 2.300 como máximo”, señala Chacón.
El caso más singular es Congo, un vino de garnacha procedente de viñas de 85 años. “Solo sale en los años excepcionales. La añada actual es 2021, la siguiente será 2022, pero en 2023 y 2024 no lo hemos elaborado”. Son vinos que siguen la lógica del viñedo, no del calendario comercial.
Maridajes que sorprenden por contraste
A pesar de sus 20 meses en fudre, La Viña Escondida no es un vino potente, sino sutil. “Va muy bien con comidas grasas. Su frescura limpia la boca y deja aparecer el vino”, explica Chacón. Es un maridaje que funciona especialmente bien con platos tradicionales y carnes melosas.
Sobre la temperatura, el enólogo prefiere rangos moderados. “Los tintos, entre 17 y 18 grados. En la copa rápidamente van calentándose”. Es una forma de preservar su perfil aromático sin perder tensión.
Un equipo pequeño que toma decisiones grandes
Canopy es una bodega pequeña, donde cada persona tiene un papel decisivo. “Como socios y enólogos estamos Belarmino Fernández y yo. Y contamos con Belén Hita, enóloga y responsable de bodega, que entiende nuestra filosofía perfectamente”, explica Chacón.
El momento más delicado del año llega con las decisiones sobre los vinos. “Es la fase en la que estamos los tres. Ese instante de decidir por cata es especial y requiere mucha concentración”.
Reconocimientos y reputación entre entendidos
La bodega ha logrado una posición destacada en los círculos más especializados. “Todos nuestros vinos están muy bien puntuados en las guías”, afirma. Y en el ámbito del marketing, Canopy suma varios premios nacionales por la imagen de Loco y Estéreo, dos de sus elaboraciones más atrevidas y reconocibles.
El camino más directo para disfrutar de Canopy
Para quien quiera probar los vinos de la bodega, el acceso más rápido es su propia web. “Indudablemente nuestra página web. Los precios incluyen el envío. En península, máximo en dos días llega el pedido”, asegura Chacón. Toda la oferta está disponible en bodegascanopy.com.
“Nuestro objetivo es que el vino llegue en perfecto estado y que quien lo abra sienta lo que sentimos nosotros en esos viñedos viejos”, concluye.







