El pollo al vino tinto de José Andrés: su receta favorita para el invierno y el secreto que cambia todo

Publicado: 13/03/2026 • 12:01
Actualizado: 13/03/2026 • 12:01
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El chef asturiano José Andrés ha recuperado un clásico de la cocina francesa para convertirlo en uno de sus guisos de pollo preferidos. Un plato de larga cocción, perfecto para las celebraciones de invierno, en el que el vino tinto tiene tanto protagonismo como la propia carne de ave. Para disfrutarlo con seguridad, conviene seguir las recomendaciones de seguridad alimentaria de la AESAN a la hora de manipular y cocinar el pollo.

En un antiguo programa de televisión, el cocinero explicó paso a paso cómo adapta ese guiso tradicional a una despensa española y reveló un truco muy concreto con el vino y la guarnición que, según él, marca la diferencia entre un plato correcto y uno memorable. Lo más sorprendente es que el secreto no está en una técnica complicada, sino en respetar ciertos tiempos y proporciones poco habituales en una receta casera.

El guiso de pollo al vino tinto que enamora a José Andrés

La receta que el chef popularizó en televisión es, en realidad, una interpretación muy personal del coq au vin, el guiso de gallo o pollo al vino que forma parte del recetario clásico francés. En su versión, José Andrés apuesta por una pieza de ave troceada de unos 1,5 kilos y por una cantidad de vino tinto que no suele verse en una cazuela doméstica: utiliza aproximadamente 750 ml de vino tinto, es decir, una botella entera, que sirve a la vez para marinar, cocinar y ligar la salsa.

El pollo se deja sumergido durante horas en ese vino junto con distintas hortalizas y hierbas aromáticas. Esa maceración prolongada, de entre ocho y diez horas en frío, permite que la carne se impregne de aromas, se ablande y quede mucho más jugosa tras la cocción. El guiso final no sabe únicamente a vino; la acidez del tinto equilibra la grasa del ave y ayuda a concentrar y redondear los sabores.

Qué es realmente este pollo al vino

El coq au vin tradicional se elabora a fuego muy suave, con piezas de gallo o pollo que se guisan en una base de vino tinto, caldo y hortalizas. Es un plato pensado para aprovechar ingredientes sencillos y convertirlos en algo festivo gracias al tiempo y a una buena técnica. La versión de José Andrés respeta esa filosofía, pero la adapta a productos fáciles de encontrar en un supermercado español y a un tipo de vino más familiar para el público de aquí.

En lugar de un tinto de Borgoña, el chef propone recurrir a vinos de Rioja o Ribera del Duero con buena acidez, cuerpo medio y taninos suaves, especialmente tempranillos jóvenes o con una crianza corta en barrica. Lo importante no es que la botella sea cara, sino que el vino sea limpio, aromático y agradable de beber; si no se tomaría en la copa, tampoco debería entrar en la cazuela.

Las cantidades exactas que marcan la diferencia

Más allá del tiempo de marinado, una de las claves de este guiso está en las proporciones. José Andrés estructura la receta en tres bloques: carne, líquido de cocción y guarnición. En total, trabaja con unos 1,5 kilos de pollo troceado, una botella completa de vino tinto y una guarnición generosa de verduras y derivados cárnicos que refuerzan el sabor de la salsa.

Proporciones orientativas del pollo al vino de José Andrés

Estas son las cantidades aproximadas que utiliza el chef para un guiso pensado para cuatro comensales:

  • Pollo troceado: 1,5 kg.
  • Vino tinto: 750 ml (1 botella).
  • Ajo: 3 dientes.
  • Apio: 2 ramas.
  • Zanahoria: 2 unidades.
  • Cebolla: 1 unidad.
  • Chalotas: 3 unidades.
  • Aceite de oliva virgen extra: unas 2 cucharadas.
  • Sal y pimienta negra, al gusto.
  • Panceta o beicon en tiras (lardones): 100 g.
  • Cebollitas francesas: 200 g.
  • Setas variadas: 150 g.
ElementoCantidad aproximadaFunción principal
Pollo troceado1,5 kgBase proteica del guiso
Vino tinto750 mlMedio de cocción y potenciador de sabor
Cebollitas francesas200 gGuarnición dulce y melosa
Setas150 gAportan umami y textura
Panceta o beicon100 gToque ahumado y graso para la salsa

El truco de la guarnición: setas y cebollitas

El chef insiste en que la guarnición no es un añadido cualquiera, sino una parte esencial del plato. Por eso utiliza 200 g de cebollitas francesas y 150 g de setas, que se saltean por separado junto con los lardones de panceta. De esta forma, las cebollitas quedan doradas pero enteras, con una textura casi glaseada, y las setas conservan su firmeza sin deshacerse en la salsa.

Este salteado posterior se incorpora al final de la cocción, cuando el pollo ya está tierno y la salsa ha reducido. El contraste entre la carne guisada lentamente y la guarnición recién salteada aporta matices de sabor y textura que explican por qué el guiso resulta tan complejo a pesar de partir de ingredientes muy cotidianos.

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Paso a paso del pollo al vino según José Andrés

1. Marinar el pollo en frío

El proceso comienza con el marinado. El pollo troceado se coloca en un recipiente amplio y se cubre completamente con el vino tinto. Se añaden las verduras aromáticas (ajo, apio, zanahoria, cebolla y chalotas) cortadas en trozos grandes. En el programa, el chef recomienda reunirlas en una especie de atadillo de gasa, de modo que permanezcan en contacto con el vino pero sin mezclarse con los trozos de carne; así resulta muy sencillo retirarlas después sin tener que pescarlas una a una.

El conjunto se deja reposar en la nevera entre 8 y 10 horas. Este tiempo mínimo es importante: si es demasiado breve, la carne apenas absorbe el aroma del vino; si se prolonga en exceso, la textura del pollo puede volverse demasiado blanda.

2. Secar y dorar bien cada pieza

Pasado el marinado, se escurre el pollo y se separa del vino, que se reserva, y de las verduras. Antes de pasar por la olla, el chef insiste en un gesto que muchos cocineros domésticos subestiman: secar muy bien las piezas con papel de cocina. Si entran húmedas en la cazuela, el agua dificulta que se forme una costra dorada y sabrosa en la superficie.

Las porciones de pollo se doran en una olla amplia con aceite de oliva, sin abarrotar el fondo. Si se añaden demasiadas piezas a la vez, la temperatura baja bruscamente, el pollo cuece en lugar de dorarse y se pierden las reacciones de Maillard que aportan profundidad de sabor. Es preferible trabajar en varias tandas y reservar el pollo dorado mientras se continúa con la receta.

3. Reducir el vino y concentrar la salsa

En la misma olla, se saltean las verduras del marinado hasta que empiecen a tomar color y, a continuación, se vierte el vino reservado. José Andrés recomienda dejar que hierva a fuego vivo para que reduzca aproximadamente a una cuarta parte de su volumen inicial, retirando la espuma que pueda subir a la superficie. Con este paso se concentran los aromas del vino y se eliminan notas demasiado alcohólicas o agresivas.

Cuando el líquido ha reducido, se reincorpora el pollo a la cazuela, se tapa parcialmente y se cocina a fuego suave durante alrededor de una hora y media. El objetivo es que la carne quede muy tierna, pero sin deshacerse, y que la salsa se espese de forma natural gracias a la reducción y a la gelatina que suelta el propio pollo.

4. Colar, ligar y terminar con la guarnición

Una vez que el pollo está en su punto, el chef retira las piezas, cuela el líquido de cocción y presiona bien las verduras para extraer todos sus jugos. La salsa resultante se vuelve a poner al fuego y se reduce un poco más, hasta obtener una textura ligeramente napante, capaz de cubrir el dorso de una cuchara.

Mientras tanto, en una sartén aparte, se doran los lardones de panceta, se añaden las cebollitas francesas y, cuando estén tiernas y brillantes, se incorporan las setas troceadas. Este salteado se une a la salsa reducida junto con el pollo, se deja hervir suavemente unos minutos para integrar sabores y el guiso queda listo para servir.

Elegir el vino adecuado

No es imprescindible utilizar exactamente el vino que recomienda el chef, pero conviene buscar un tinto con buena acidez y cuerpo medio. Los tempranillos jóvenes o con una crianza ligera en barrica funcionan muy bien. Un vino excesivamente tánico o muy envejecido puede dominar el guiso y dejarlo pesado; uno demasiado simple, en cambio, no aportará la complejidad aromática que se busca en un pollo al vino tinto.

Qué setas y cebollitas usar

Si no se encuentran cebollitas francesas, se pueden sustituir por cebolletas pequeñas cortadas en trozos similares, procurando que todas tengan un tamaño parecido para que se cocinen de forma uniforme. En cuanto a las setas, las variedades comunes de cultivo (champiñón, portobello, setas de ostra) funcionan perfectamente, aunque se puede combinar con alguna seta de sabor más intenso si está de temporada.

Organizar los tiempos para un menú de fiesta

Una de las ventajas de este guiso es que gana con el reposo. Se puede dejar cocinado el día anterior hasta el punto en que la salsa ya está colada y reducida y el pollo está tierno. Solo habría que preparar la guarnición de panceta, cebollitas y setas poco antes de la comida, añadirla a la cazuela y calentar el conjunto a fuego suave. Así se libera espacio en la cocina y se evita estar pendiente de la olla mientras llegan los invitados.

Por qué este pollo al vino funciona tan bien

El resultado final combina varias capas de sabor: el fondo de hortalizas y vino reducido, la carne de pollo marinada y dorada, la grasa sabrosa de la panceta y el punto dulce de las cebollitas y las setas. La técnica no es especialmente complicada, pero exige respetar tres ideas básicas que el propio José Andrés repite a lo largo de la preparación: marinar el pollo el tiempo suficiente, dorar cada pieza con paciencia y reducir bien el vino para concentrar la salsa.

Aplicar estas claves, junto con las proporciones de 750 ml de vino tinto, 150 g de setas y 200 g de cebollitas, convierte un sencillo guiso casero en un plato de restaurante, ideal para una comida de Navidad o para cualquier ocasión en la que se busque un pollo al vino tinto con sabor profundo y textura melosa.