El Tostadero, de un pequeño tostador en Zaragoza a convertirse en una de las marcas de café más reconocidas de Aragón

Publicado: 13/03/2026 • 08:00
Actualizado: 13/03/2026 • 11:04
12 min de lectura

Hay casas que envejecen. Otras, en cambio, maduran. Cafés El Tostadero pertenece a esa segunda categoría: la de las marcas que han sabido atravesar más de un siglo de historia sin perder identidad y, al mismo tiempo, sin renunciar a evolucionar. En un mercado cada vez más atento al origen, la trazabilidad y la experiencia, la firma aragonesa ha encontrado una posición singular: la de un tostador histórico que dialoga con naturalidad con la cultura contemporánea del café de especialidad.

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No es un equilibrio sencillo. Muchas marcas tradicionales quedan atrapadas en el relato de su pasado; otras, en su afán por parecer modernas, diluyen lo que las hacía reconocibles. El Tostadero se mueve en un punto intermedio poco frecuente. Conserva el peso de una trayectoria que arranca en 1917 y, a la vez, habla con soltura el lenguaje actual del café, del canal HORECA y de la experiencia en taza.

Andreea Duti lo expresa con una frase que resume bien el espíritu de la empresa: Somos una empresa familiar, cercana y tradicional, donde la historia ha dejado huellas imborrables que nos hacen llevar El Tostadero por bandera. La declaración no funciona solo como una definición corporativa. También es una forma de explicar por qué una marca centenaria sigue siendo hoy una referencia viva en Aragón.

Un origen centenario entre calles, intuición y carácter

La historia de El Tostadero comienza con Mariano Nerín Aused, fundador del negocio y primer responsable de una aventura empresarial que después continuaría su hijo, Vicente Nerín Rami. El tostador estaba entonces situado en la calle San Lorenzo y la tienda en la calle Azoque, dos enclaves que forman parte de la memoria comercial de la Zaragoza de otra época.

En aquellos primeros años ya aparecía uno de los rasgos que todavía hoy se asocian a la marca: una forma ingeniosa y cercana de conectar con el público. Andreea Duti recuerda uno de los episodios más singulares de esa etapa cuando explica que Nerín, en un alarde de ingenio, aprovechó un anuncio de televisión en los años 60 para bautizar su negocio de café, obteniendo publicidad gratuita cada vez que aparecía dicho anuncio en radio o televisión.

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Ese detalle dice mucho de la identidad de la casa. Habla de intuición comercial, de cercanía popular y de una manera de construir marca antes de que existieran los manuales sofisticados de branding. El Tostadero no nació como una firma diseñada desde un despacho, sino como un proyecto con pulso de calle y con una comprensión muy directa del consumidor.

El diablo tostador y el valor de los símbolos que nacen de verdad

Poco después llegaría uno de los elementos más reconocibles de la empresa: su logotipo. No surgió de una estrategia abstracta, sino de una inspiración concreta, casi casual, vinculada al patrimonio aragonés. La idea partió de la veleta de la Iglesia de San Vicente Mártir de Roda de Isábena, en Huesca, declarada Monumento Nacional.

Como relata Andreea Duti, dicha veleta se asemeja a un diablillo y nuestro querido protagonista paseando, al ver la veleta, imaginó nuestro actual diablo tostador. El personaje fue dibujado después por un compañero de clase con talento para el dibujo, dando forma a una imagen que con el tiempo se convertiría en uno de los grandes iconos visuales de la marca.

Hay algo especialmente valioso en ese origen. En un tiempo en el que muchas identidades visuales parecen intercambiables, El Tostadero conserva un símbolo que nace de una observación real, de una referencia cultural concreta y de una creatividad espontánea. Es un detalle pequeño, quizá, pero muy revelador: las marcas más sólidas suelen construirse así, desde historias auténticas.

De la tradición zaragozana al liderazgo regional

La siguiente gran etapa llegó en los años 70, cuando tomó el relevo Jesús Pescador. Su trabajo, junto al de Antonio Carballo, resultó decisivo para situar El Tostadero como un producto artesano y de calidad dentro de la hostelería zaragozana. Aquella consolidación en el canal profesional fue una de las bases de su prestigio posterior.

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Más adelante, en 1989, la compañía pasó a manos de la familia Gutiérrez, que asumió el proyecto desde una filosofía muy definida. Andreea Duti subraya que el crecimiento de la firma se ha apoyado en valores como trabajo, constancia, humildad, respeto a toda la cadena de valor y cercanía al cliente, principios asociados a Antonio Gutiérrez y Josefa Ordóñez y mantenidos después por las siguientes generaciones.

Ese legado explica que hoy la empresa sea una de las marcas mejor valoradas de Aragón. No solo por su arraigo histórico, sino por la forma en que ha sabido traducir esa herencia en una propuesta actual. La tradición, aquí, no aparece como una excusa estética, sino como una estructura ética: una manera de relacionarse con el producto, con el cliente y con toda la cadena de valor.

El café de especialidad como una forma de mirar el producto

Aunque la marca tiene una larga trayectoria, su discurso actual se conecta con una sensibilidad muy contemporánea: la del café de especialidad y la llamada tercera ola del café. En ese movimiento, la atención se desplaza hacia la calidad, el origen del grano y el respeto a todo el proceso, desde la finca hasta la taza.

Andreea Duti lo formula con claridad: Nuestra filosofía detrás del café de especialidad se puede entender dentro de la cultura de la llamada tercera ola del café, que pone foco en la calidad, el origen del grano y el respeto por todo el proceso, desde el productor a la taza. La frase define una idea esencial: el café deja de ser un producto genérico para convertirse en una experiencia agrícola, sensorial y cultural.

Una de las claves de esta visión está en la reivindicación del origen. No se trata solo de saber de qué país viene un café, sino de entender que el lugar donde crece determina su carácter. Como explica Duti, el origen del café influye directamente en su perfil aromático y sensorial, porque las condiciones en las que crece el cafeto determinan cómo se desarrollan los azúcares, los ácidos y los compuestos aromáticos del grano.

La consecuencia de esta filosofía es profunda. El café ya no se concibe únicamente como una bebida funcional. La taza deja de ser solo una bebida estimulante y pasa a ser un momento de disfrute y exploración de sabores, señala. En esa frase se resume buena parte de la transformación que está viviendo el sector en España.

Qué distingue al café de especialidad del café comercial

En medio del auge del consumo cafetero más exigente, una de las grandes preguntas sigue siendo la misma: qué diferencia realmente al café de especialidad del comercial. En El Tostadero la respuesta no se limita a una cuestión de gusto. Afecta a toda la cadena de valor.

Andreea Duti lo resume de forma directa: La diferencia entre café de especialidad y café comercial está en toda la cadena: calidad del grano, origen, proceso, tueste y experiencia en taza. Es una definición precisa, útil y muy reveladora. El café de especialidad exige una calidad objetiva del grano, una trazabilidad clara y una selección más rigurosa.

Entre los criterios más importantes está la puntuación. El café de especialidad debe obtener más de 80 puntos sobre 100 según el estándar de la Specialty Coffee Association, recuerda Duti. Además, los granos presentan muy pocos defectos, proceden de cosechas cuidadas y se seleccionan manualmente. Frente a eso, el café comercial se mueve en otra lógica: volumen, precio, uniformidad y menor exigencia en origen.

También cambia el modo de entender el tueste y el perfil sensorial. En el café de especialidad, el tueste suele ser más claro o medio, porque el objetivo es respetar y resaltar los sabores naturales del grano. En el café comercial, en cambio, se recurre con frecuencia a tuestes más oscuros para estandarizar el sabor y ocultar defectos.

El resultado final en taza es muy distinto. El café de especialidad ofrece complejidad, matices y una personalidad ligada a su procedencia. El comercial, por su parte, tiende a una experiencia más plana, amarga y homogénea entre marcas. Y eso, en un momento en que el consumidor busca autenticidad, marca una diferencia decisiva.

La cata y el tueste como lenguaje propio

La calidad de un tostador no se mide solo por el discurso que construye alrededor del producto, sino por la manera concreta en que selecciona, cata y tuesta sus cafés. En El Tostadero, esa selección responde a una idea muy definida de coherencia.

Andreea Duti explica que la selección de cafés que se tuestan y trabajan en Cafés El Tostadero responde a una filosofía que combina calidad, trazabilidad y coherencia sensorial. No basta con comprar un buen café verde. La clave está en elegir cafés con identidad, capaces de expresar todo su potencial tras el tueste.

El primer paso de ese proceso es la cata. Se evalúan aspectos como aroma, acidez, dulzor, cuerpo, equilibrio, postgusto y complejidad. Solo entran en la selección aquellos cafés que muestran perfiles limpios, equilibrados y con personalidad. Ese nivel de análisis revela una forma de trabajar muy alejada de la compra estándar de materia prima.

Después llega el tueste, uno de los momentos más determinantes del proceso. Duti lo explica con una idea central: el tueste es uno de los factores más determinantes en el perfil final del café. Aunque el origen, la variedad y el proceso influyen en el grano verde, es durante el tostado cuando se desarrollan y transforman los compuestos aromáticos que definirán el resultado en taza.

Ahí se juega gran parte del carácter final del café. Un buen tueste no impone un sabor al grano; lo interpreta, lo acompaña y lo ordena. En eso consiste, en realidad, el oficio del tostador.

HORECA 360º, una estrategia que va mucho más allá de vender café

La otra gran línea de desarrollo de El Tostadero está en el canal profesional. La empresa ha convertido su proyecto HORECA 360º en una de sus grandes apuestas de presente y futuro. Y no se trata, simplemente, de distribuir producto.

Andreea Duti lo define así: El proyecto 360º es un programa pensado principalmente para el canal HORECA que busca desarrollar toda la categoría del café dentro de un negocio de forma integral, no solo vender café. La frase es importante porque revela un cambio de enfoque. El café deja de ser un complemento del establecimiento y pasa a convertirse en una herramienta estratégica.

El programa arranca con un análisis del negocio: tipo de cliente, competencia y tendencias del mercado. A partir de ahí se diseña una propuesta adaptada a cada local. Uno de sus elementos más diferenciales es la posibilidad de crear un blend exclusivo para el establecimiento, ajustado al perfil sensorial que busca el negocio y a las preferencias de su público.

Pero el proyecto va mucho más allá del producto. Incluye selección de maquinaria, molinos, vajilla personalizada, elementos de merchandising y diseño de la estación de café. Como explica Duti, la idea es vestir la estación de café para que tenga identidad propia.

A eso se suma otro de los pilares decisivos: la formación barista. El equipo del local recibe capacitación tanto en café de especialidad como en café comercial, con nociones de extracción de espresso, texturización de leche, calibración del molino y mantenimiento del equipo. El objetivo es garantizar consistencia y calidad en cada taza.

El programa se completa con seguimiento periódico, control de calidad, revisiones técnicas y soporte continuo. No es una intervención puntual, sino una relación sostenida en el tiempo. Y ahí está buena parte de su valor.

Un futuro entre innovación, hostelería y cultura cafetera

Después de más de un siglo de recorrido, El Tostadero no se limita a proteger su legado. Está trabajando para ampliar su papel en un mercado cada vez más sofisticado. Sus proyectos de futuro, según explica Andreea Duti, se orientan a reforzar tres grandes áreas: innovación en producto, desarrollo del canal HORECA y expansión de la cultura de café de especialidad.

La empresa mantiene su base tradicional como tostador, pero su estrategia actual busca un modelo más amplio, más completo y más conectado con las nuevas demandas del sector. Uno de los objetivos es seguir desarrollando nuevas variedades, procesos y perfiles de tueste alineados con las tendencias del mercado.

En ese horizonte, el proyecto HORECA 360º aparece como una de sus grandes palancas de crecimiento. Porque el café, para El Tostadero, ya no es solo una mercancía ni una costumbre diaria. Es una categoría con capacidad para transformar un negocio hostelero y, también, para educar el gusto de toda una comunidad de consumidores.

Quizá ahí resida la verdadera fortaleza de la marca: en haber entendido que la tradición solo tiene sentido cuando es capaz de seguir generando futuro. Y que un tostador con más de cien años de historia todavía puede encontrar nuevas formas de sorprender, formar y servir café con identidad.