Andrés Marín, nutricionista: «La pasta rellena es un ultraprocesado de manual con calorías vacías»

Alexander del Campo Olivera

Alexander del Campo Olivera

Publicado: 24/04/2026 • 11:41
Actualizado: 24/04/2026 • 11:41

Es el recurso fácil cuando llegas tarde a casa o no tienes ganas de cocinar. Un bote de tomate, un paquete de pasta y la cena está lista. Pero, ¿alguna vez te has parado a leer qué hay realmente dentro de ese paquete? Lo más probable es que no.

El nutricionista Andrés Marín ha encendido las alarmas en redes sociales con un análisis que desmonta el pasillo de la pasta de tu supermercado habitual. No se trata solo de calorías, sino de densidad nutricional y de cómo esos macarrones afectan a tu saciedad y a tus picos de azúcar en sangre.

La «oveja negra» del pasillo: el engaño de la pasta rellena

Si eres de los que mete en el carrito los tortellini de carne o los raviolis de queso pensando que son una opción completa, tenemos malas noticias. En el ranking de Marín, la pasta rellena ocupa el último y peor lugar. ¿El motivo? Es, técnicamente, un ultraprocesado de manual.

La pasta rellena es la opción menos interesante para tu salud: aporta calorías vacías y una densidad nutricional prácticamente nula.

A diferencia de la pasta seca convencional, estas versiones frescas o rellenas esconden una lista interminable de ingredientes poco recomendables. El experto señala la presencia de margarinas, aceites vegetales de baja calidad y un exceso de sal que dispara la retención de líquidos. Por si fuera poco, el relleno suele ser carne procesada de dudosa procedencia.

El mito de las pastas de colores

¿Crees que por comprar pasta «vegetal» (esa de color verde y naranja) estás comiendo más verdura? Sientes decirte que es puro marketing. Marín sitúa a la pasta blanca, la pasta al huevo y las vegetales en el mismo escalón de mediocridad.

Todas parten de una base de trigo refinado. Aunque cambien la estética, los números no mienten: unos 13 gramos de proteína y apenas 4 gramos de fibra por cada 100. Al estar despojadas del salvado y el germen, tienen un índice glucémico alto, lo que significa que volverás a tener hambre a los pocos minutos de terminar el plato.

De la plata al bronce: opciones que sí valen la pena

Si no quieres renunciar al cereal, el nutricionista propone dar el salto al trigo sarraceno. Esta opción ocupa el tercer puesto gracias a su riqueza en minerales esenciales como el hierro, el zinc y el magnesio. Su mayor ventaja es que mantiene a raya el azúcar en sangre, siendo una alternativa mucho más inteligente para tu energía diaria.

Sin embargo, la medalla de plata se la lleva un clásico olvidado: la pasta integral. Al conservar el grano completo, nos regala dosis extra de vitaminas del grupo B y manganeso. Pero lo que realmente importa es su poder saciante. La fibra extra hace que tu digestión sea más lenta y que no necesites asaltar la nevera una hora después de comer.

El ganador indiscutible: pasta de legumbres

Si quieres optimizar tu nutrición al máximo, el primer puesto del podio es para la pasta de legumbres (lenteja roja, garbanzos o guisantes). Es el «superalimento» que deberías empezar a usar en tus ensaladas o platos calientes.

Las cifras son imbatibles: aporta el doble de proteínas que la pasta normal y una cantidad de fibra muy superior. Es la elección perfecta para quienes buscan ganar músculo, perder grasa o simplemente mantener un control glucémico de élite. Además, conservan todos los micronutrientes de la legumbre original.

Tip de experto: Si te cuesta el sabor de la pasta de legumbre, mézclala al principio con un poco de pasta integral para que tu paladar se acostumbre.

La decisión inteligente en el súper

La próxima vez que estés frente al estante, recuerda las palabras de Andrés Marín. No te dejes llevar por el color del paquete o la comodidad del relleno. Priorizar la saciedad y la fibra no solo mejorará tu salud digestiva, sino que evitará esos bajones de energía a media tarde que tanto nos complican el día.

Pasar de la pasta blanca a la de lenteja es, probablemente, el cambio más sencillo y con mayor impacto que puedes hacer hoy mismo en tu cocina. ¿Estás listo para dejar de comer «ladrillos» de harina refinada?