Sandra Moñino, nutricionista: “El aceite de oliva sigue siendo oro líquido, pero la mantequilla no es el enemigo”

Publicado: 16/08/2026 • 13:29
Actualizado: 16/08/2026 • 13:29
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La tostada de cada mañana ha reabierto una discusión clásica: mantequilla o aceite de oliva virgen extra. La comparación parece simple, pero las guías de salud pública llevan años insistiendo en que la calidad de las grasas importa tanto como la cantidad, con límites concretos para las grasas saturadas y las grasas trans en la dieta. Guía de la OMS sobre grasas saturadas y trans

En este contexto, una nutricionista especializada en inflamación ha defendido que una tostada con mantequilla puede ser tan válida como una con AOVE si sienta bien y se elige calidad. El problema es que la conversación suele mezclar tolerancia a lácteos, miedo al colesterol, margarinas de distinta composición y hasta alternativas como el ghee, sin separar qué es preferencia y qué es evidencia.

El dato clave es este: no son equivalentes en perfil graso, y esa diferencia pesa en las recomendaciones sanitarias. Eso no convierte a la mantequilla en un alimento prohibido, pero sí explica por qué, como opción habitual, el AOVE suele salir mejor parado cuando se compara el tipo de grasa que aporta y el patrón dietético al que pertenece.

El origen del debate: tolerancia a lácteos, procesados y grasas

La afirmación de que ambas tostadas pueden ser igual de saludables suele apoyarse en dos ideas que conviene separar. La primera es la tolerancia individual: hay personas a las que ciertos lácteos les sientan mal y otras que los consumen sin problemas. La segunda es la calidad del producto: no es lo mismo mantequilla tradicional que cremas untables con mezclas de grasas, ni es lo mismo una margarina antigua con grasas trans que formulaciones actuales con otros aceites.

Por qué mantequilla y margarina no son lo mismo

Durante décadas, muchas margarinas se elaboraron con procesos de hidrogenación que podían generar grasas trans. Las grasas trans se han asociado de forma consistente con peor perfil lipídico y mayor riesgo cardiovascular, y por eso las autoridades han impulsado su reducción. Un documento divulgativo coordinado por AESAN dentro del programa PERSEO explica que el consumo continuado de grasas trans eleva el colesterol LDL y reduce el HDL, y recomienda priorizar aceites vegetales como grasa culinaria, entre ellos el aceite de oliva. Documento de AESAN sobre tipos de grasas y grasas trans

Esto no significa que toda margarina sea automáticamente peor que la mantequilla, pero sí obliga a mirar ingredientes: la etiqueta es la que confirma si hay grasas parcialmente hidrogenadas, qué aceites predominan y cuál es el porcentaje de grasas saturadas por ración.

Qué aporta el aceite de oliva virgen extra

En España, el AOVE no es solo una grasa para cocinar o aliñar: es una pieza central de un patrón dietético bien estudiado. Las recomendaciones dietéticas saludables y sostenibles publicadas por AESAN incluyen el aceite de oliva como elección diaria y señalan, al mismo tiempo, la conveniencia de reducir grasas saturadas como la mantequilla y otras grasas animales. Recomendaciones dietéticas saludables y sostenibles de AESAN

Además del perfil de ácidos grasos, el virgen extra se diferencia del refinado por su obtención y por conservar compuestos minoritarios de interés. En la práctica, el AOVE suele encajar con facilidad en desayunos que suman fibra y alimentos frescos, como pan integral con tomate, fruta o frutos secos, y eso cambia el resultado final de la comida, más allá de lo que se unta.

Lo que dicen las guías oficiales sobre grasas

La OMS actualizó su orientación sobre grasas recordando dos mensajes clave: limitar el exceso de grasa total para prevenir ganancia de peso y, sobre todo, favorecer grasas insaturadas frente a saturadas, manteniendo las saturadas por debajo de un umbral diario y minimizando las trans. Actualización de la OMS sobre grasas y carbohidratos

Grasa saturada: el punto crítico

La mantequilla es una grasa sólida rica en saturadas. El AOVE, en cambio, es mayoritariamente insaturado. Esta diferencia importa porque, cuando se comparan dietas, sustituir saturadas por insaturadas se asocia con mejores resultados cardiometabólicos que mantener altas las saturadas. En otras palabras: no es solo cuánta grasa hay, sino qué tipo predomina.

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El papel de los alimentos integrales y la fibra

La misma orientación de la OMS subraya que, además de elegir mejor el tipo de grasa, conviene que la base de la dieta incluya alimentos ricos en fibra, como cereales integrales, verduras, frutas y legumbres. En una tostada, esto se traduce en dos decisiones paralelas: el tipo de grasa y el tipo de pan, además de lo que se añade encima.

Comparativa práctica: una tostada por números

Cuando se baja a cifras por ración, la brecha suele aparecer en un único apartado: la grasa saturada. Como referencia de etiqueta, un documento del USDA sobre mantequilla salada indica que una cucharada (14 g) aporta 11,5 g de grasa total y 7 g de grasa saturada. Ficha del USDA sobre mantequilla salada

En el caso del aceite de oliva, un listado del USDA sobre grasa saturada sitúa el aceite de oliva (una cucharada) alrededor de 1,86 g de grasa saturada por ración. Listado del USDA sobre grasas saturadas por alimento

Opción en la tostadaRación de referenciaGrasa saturada aproxLectura rápida
Mantequilla1 cucharada (14 g)7 gAlta en saturadas por ración
Aceite de oliva1 cucharada1,86 gMayoría insaturada, saturadas más bajas

Con estos valores, la idea de equivalencia pierde fuerza si se habla de salud poblacional y consumo frecuente. Lo que sí puede ser cierto es que, en cantidades pequeñas y en un contexto dietético global favorable, la mantequilla no tiene por qué marcar por sí sola el riesgo de una persona sana. El matiz está en la frecuencia, el tamaño de la porción y qué grasa desplaza en la dieta.

Cuándo puede encajar la mantequilla sin que sea un problema

Si la mantequilla se usa de forma ocasional o en poca cantidad, dentro de una dieta rica en alimentos frescos, legumbres, verduras, fruta, pescado y aceite de oliva como grasa principal, su impacto puede ser limitado. El conflicto aparece cuando la mantequilla se convierte en la grasa diaria dominante y desplaza opciones más insaturadas, o cuando se suma a un patrón ya alto en carnes grasas, embutidos, bollería y ultraprocesados.

Señales para vigilar

  • Colesterol LDL elevado o antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular: conviene ser más estricto con saturadas y priorizar insaturadas.
  • Porciones crecientes: la tostada puede pasar de un toque a una capa generosa sin que se perciba.
  • Combinación con ultraprocesados: mantequilla más mermeladas azucaradas, cremas de cacao o bollería cambia el conjunto del desayuno.

Alternativas si hay mala tolerancia a lácteos

Para quien no tolera bien algunos lácteos, el enfoque práctico es evitar la prueba y error a ciegas y ajustar con opciones que mantengan un buen perfil de grasas. El ghee suele mencionarse porque reduce componentes lácteos como lactosa y proteínas, aunque sigue siendo una grasa mayoritariamente saturada. También puede encajar un chorrito de AOVE, aguacate o una crema de frutos secos sin azúcares añadidos, según el resto del día.

Cómo elegir mejor sin convertir el desayuno en un examen

Si el objetivo es optimizar salud sin caer en extremos, la decisión no debería ser binaria. Se puede priorizar AOVE en la mayoría de desayunos y reservar la mantequilla para momentos concretos, cuidando cantidad y acompañamientos. En paralelo, conviene elevar la calidad del pan y añadir fibra y proteína para evitar que la tostada se quede en harina y grasa.

  • Prioriza AOVE cuando buscas una opción diaria, especialmente si el resto del día ya incluye alimentos con saturadas.
  • Si eliges mantequilla, usa poca cantidad y evita que sea la grasa principal de todas las comidas.
  • Mejora el conjunto: pan integral, tomate, fruta, yogur natural si se tolera, o frutos secos.
  • Etiqueta sin dramatismo: cuanto más corta sea la lista de ingredientes, más fácil es entender qué estás consumiendo.

La tostada es un símbolo porque es repetición: lo que se repite cada día pesa más que lo que ocurre una vez. Por eso, la comparación real no se decide por una frase llamativa, sino por la suma de porciones, frecuencia y patrón dietético. Y ahí, la diferencia entre grasas saturadas e insaturadas deja de ser teoría y se convierte en una elección concreta, cada mañana.