A veces, el ruido de la ciudad se vuelve insoportable, incluso para una leyenda del rock. Loquillo, el eterno barcelonés que hizo de San Sebastián su búnker creativo durante décadas, ha vuelto a «escapar» (como él mismo reconoce). Esta vez, su brújula no ha apuntado al mar, sino al silencio de piedra y tempranillo de uno de los pueblos más espectaculares de España.
Hablamos de Laguardia, en el corazón de la Rioja Alavesa. No es solo un cambio de código postal; es una búsqueda de identidad en un lugar donde el tiempo no corre, sino que madura. El artista ha confesado que aquí ha encontrado una «nueva fuerza» y una «profundidad» que le permiten seguir creando lejos del foco mediático y la gentrificación que asfixia a las grandes capitales (sí, nosotras también hemos sentido esas ganas de desaparecer en un lugar así).
La ciudad que vive bajo tus pies
Lo que hace que Laguardia sea el escondite perfecto para un espíritu libre no es solo lo que se ve a simple vista. Existe un secreto subterráneo que deja a cualquier viajero sin aliento: el pueblo está literalmente hueco. Bajo las empedradas calles medievales se despliega una red de bodegas y calados antiguos que forman una ciudad paralela.
Laguardia es un laberinto vertical. Si vas a visitarlo, recuerda que el coche se queda fuera de la muralla; es un oasis peatonal donde el único sonido permitido es el de tus propios pasos.
Originalmente, estos túneles no se excavaron para el placer, sino para la supervivencia. Eran túneles defensivos y almacenes de víveres en una época de fronteras calientes. Hoy, esas cuevas mantienen una temperatura constante durante todo el año, el microclima exacto que el Consejo Regulador de la DOCa Rioja exige para que el vino alcance la gloria. Imagina caminar por una plaza del siglo XVI mientras, diez metros bajo tus botas, descansan miles de botellas del mejor tinto del mundo.
Arquitectura de frontera y relojes que bailan
Fundada en el siglo X como «La Guarda de Navarra», esta villa nació con vocación de fortaleza. Su silueta, recortada sobre una colina que vigila el valle, conserva cinco puertas de acceso que parecen portales temporales. La Iglesia de Santa María de los Reyes es la joya de la corona, con un pórtico policromado que es, sencillamente, uno de los mejores tesoros góticos del norte de la Península.

Pero el corazón social de este refugio es su Plaza Mayor. Allí, el Ayuntamiento actual esconde un guiño a la tradición que detiene a todos los turistas: su reloj de autómatas. A ciertas horas del día, las figuras mecánicas salen al balcón para bailar al ritmo del pasacalles, recordándonos que en la Rioja Alavesa, el ritmo de vida lo marca la tierra y no el smartphone.
Vino, senderismo y el biotopo protegido
Para Loquillo, y para cualquier amante de la buena mesa, el entorno es un festín constante. Estamos en una de las subzonas más prestigiosas de la D.O. Ca. Rioja, donde el clima atlántico y el mediterráneo chocan, creando uvas con una personalidad arrolladora. Es el paraíso del enoturismo, con bodegas de diseño vanguardista que conviven con lagares familiares de siglos de antigüedad.
Si necesitas quemar calorías después de una cata, el entorno natural ofrece el contrapunto perfecto. Las Lagunas de Laguardia, un biotopo protegido incluido en el Convenio de Ramsar, son un oasis de biodiversidad. Es un conjunto de humedales donde las aves migratorias hacen escala, ofreciendo un espectáculo visual que nada tiene que ver con el asfalto. Es fácil entender por qué un artista buscaría aquí su «nueva luz».
Por qué deberías ir antes de que se corra la voz
Laguardia figura sistemáticamente en las listas de los pueblos más bonitos de España, pero sigue manteniendo esa autenticidad de los lugares que no se venden al mejor postor. Es un destino para el «slow travel», para quienes prefieren una conversación con un viticultor local antes que un selfie en un monumento masificado (nuestro bolsillo y nuestra salud mental lo agradecen).

Es el lugar donde la historia medieval, la cultura del vino y la naturaleza salvaje se dan la mano. Si Loquillo lo ha elegido para su nueva etapa vital tras su boda con Susana Koska, es porque este rincón de Álava tiene algo que el resto de los mortales necesitamos desesperadamente: verdad.
Ojo al dato: Si planeas una escapada de fin de semana, reserva con antelación las visitas a las bodegas subterráneas. El aforo es muy limitado para proteger la estructura histórica de los calados.
Al final, todos buscamos lo mismo que el autor de ‘Cadillac Solitario’: un lugar que nos devuelva la fuerza cuando la ciudad nos agota. Laguardia no solo te devuelve la luz, te regala un refugio donde el silencio es la mejor banda sonora posible. ¿Te vienes a perderte por sus murallas?









