Pan, calamar y una barra de zinc. Ya está, no hace falta más para entender por qué el bocadillo de calamares en Madrid tiene casi categoría de monumento.
Pero ojo: detrás de algo tan sencillo hay una historia que poca gente conoce. Y unas cuantas reglas no escritas que conviene saber antes de ponerse a la cola.
Una ciudad sin mar enamorada del calamar
Sí, suena raro. Madrid está en plena meseta y, aun así, su bocado más famoso viene del océano.
La culpa la tiene el ferrocarril. En el siglo XIX, el tren unió en poco tiempo la costa cantábrica con el centro de la Península, y el pescado de las lonjas del norte empezó a llegar a la capital.
Las tabernas hicieron lo lógico: juntar ese producto con el pan de cada día. Así, un alimento marino acabó convertido en la insignia de la cocina madrileña (la vida tiene estas cosas).
La receta, en el fondo, es casi descarada de tan simple. Pan blanco crujiente y anillas rebozadas en harina, fritas en su punto. Nada de florituras.
Y ese es justo el secreto: cuando hay tan pocos ingredientes, cualquier fallo se nota. Un aceite cansado o un pan del día anterior y el bocata pierde toda su gracia.
Dónde pedir el bocadillo de calamares en Madrid sin equivocarte
Lo primero: olvídate de manteles. Esto se come de pie, en la barra y con el ruido del centro de fondo, por las calles que rodean la Plaza Mayor. Huele a pan recién horneado y a fritura dorada, y eso ya es media pista.
El nombre que todo el mundo repite es Bar La Campana, en la calle Botoneras. Su bocata cuesta 4 euros y tiene un rebozado fino que no pesa nada.
Muy cerca, Casa Rúa conserva el aire de las tabernas de antes. Su pan cruje al primer bocado y el calamar va con el punto de sal justo.
Te puede interesar · EscapadasQué ver en las Islas Phi Phi: cómo visitar la playa de Leonardo DiCaprio sin morir en el intentoSi hay un lugar que define el imaginario del paraíso tropical, ese es el archipiélago de las Islas Phi Phi. Situadas en…Leer el artículo Si es tu primera vez en la ciudad, El Brillante, frente a la estación de Atocha, es el clásico de referencia. Aquí puedes añadir alioli o mayonesa casera.
Bar La Ideal juega en otra liga: vecinos de toda la vida, servicio rapidísimo y raciones generosas. Pide un vermú de grifo y lo bordas.
También suenan fuerte Cervecería Sol, donde el dorado uniforme delata un buen aceite de oliva, y Bar Postas, ruidoso y concurrido, puro ambiente madrileño.
¿Buscas algo más tranquilo? Los Galayos, restaurante centenario en pleno casco histórico, cuida mucho la materia prima. Y La Informal respeta la receta de siempre, pero te deja acompañarla con cervezas artesanas de la región.

El tip: pídelo siempre recién hecho, con una caña bien tirada o un vermú de grifo. Y si no te gustan las colas, huye del fin de semana entre las 13:30 y las 15:00.
El error que delata al turista
Pedir salsas a ciegas. El bocadillo tradicional no lleva ninguna por defecto, porque la gracia está en el contraste entre el calamar tierno y la miga esponjosa.
Ahora bien, nadie te va a regañar. Si quieres un punto más jugoso, unas gotas de limón o una cucharada de alioli casero funcionan de maravilla.
Y luego, a pasear. Recorrer el Madrid de los Austrias con el bocata envuelto en papel de estraza es de esos planes sencillos que se quedan grabados (nosotras no le pedimos más a una tarde).
Entonces, ¿tú de limón o de alioli?







