Madrid ya tiene su plan más exclusivo para el 24 de diciembre y no es precisamente quedarse en casa con el consomé. Esta Nochebuena se juega en las alturas, en la quinta y sexta planta del edificio WOW de Gran Vía, donde el restaurante Gran Vía 18 convierte la cena más tradicional del año en algo mucho más grande: un festín de alta cocina con vistas de vértigo y un menú pensado para no olvidarse jamás.

Aquí no se viene solo a cenar. Aquí se viene a estrenar una Nochebuena distinta, una Nochebuena por todo lo alto, una Nochebuena que se vive casi como un evento. Y todo con un protagonista claro: el chef Jairo Jiménez, que firma una propuesta que mezcla tradición navideña, técnica de alto nivel y un maridaje que va tan en serio como los platos.
La Nochebuena que no es una Nochebuena cualquiera
Mientras medio Madrid se pelea con los fogones y el horno de casa, en Gran Vía 18 el 24 de diciembre empieza con un gesto claro: cóctel de bienvenida y jamón ibérico al centro con pan de cristal. No es un simple detalle, es una declaración de intenciones: aquí la Navidad arranca fuerte, con producto de nivel y con ese ambiente cálido de familia… pero sin el estrés de tener que recoger luego.
Después del primer brindis llegan los aperitivos, y es cuando entiendes que esta cena va en serio. Caviar de beluga sobre una delicada salsa tipo beurre blanc con estragón y el toque salino de la uva de mar, sticks crujientes de tatín de foie envueltos en pasta filo con una compota ácida de manzana verde y una gamba roja a la brasa con emulsión de ajada y su coral que es puro umami. Todo ello acompañado por un Blanc de Blancs que redondea cada bocado.
No es una Nochebuena cualquiera, no es una cena cualquiera, no es un menú cualquiera. Es ese tipo de velada en la que cada plato parece decir: “estás en el sitio correcto, en la noche adecuada”.
Del mar al carpaccio y al besugo a la leña
El menú sigue subiendo de nivel con un carpaccio de cigalas finísimo, acompañado de una emulsión suave de wasabi y pequeñas gominolas agripicantes de fruta de la pasión. Es el contraste perfecto entre lo delicado y lo vibrante, entre la elegancia del producto y el punto juguetón del picante y el dulzor. El maridaje: un Alegría de Vivir Rosado que hace honor a su nombre.

El plato principal del mar es puro homenaje a la tradición navideña madrileña, pero pasada por el filtro de la alta cocina: besugo asado en leña de olivo, con alcachofas confitadas y braseadas y un pilpil elaborado a partir de su propia espina, afinado con palo cortado. Se acompaña de un sorbete de limón al estilo “WOW Spritz” y un vino de la colección privada de Hacienda Calavia. Tradición, sí, pero a lo grande.
El momento Wellington y el final goloso que firma la noche
Cuando parece que no se puede subir más, llega el plato que confirma que esta Nochebuena en Gran Vía 18 es un acontecimiento gastronómico: un solomillo Wellington envuelto en hojaldre perfecto, con duxelle de colmenillas y foie, rematado con una salsa de trufa melanosporum que aporta ese aroma inconfundible de fiesta, de lujo, de “esto no lo como todos los días”. El tinto de Hacienda Calavia entra en juego para cerrar el capítulo salado con todos los honores.
El broche dulce está pensado para los que creen que el postre no es un trámite, sino el momento final del espectáculo. Primero, una crema de turrón con espuma de kalamansi y caviar de naranja sanguina que reinterpreta la Navidad sin perder su alma. Después, un juego de texturas de chocolate con helado de caramelo salado que convierte la sobremesa en un pequeño ritual de placer.
Un templo con historia sobre la Gran Vía
Gran Vía 18 no es un restaurante más en un edificio cualquiera. El espacio ocupa lo que un día fue el Hotel Roma, abierto en 1915, y lo transforma en un escenario retrofuturista espectacular: más de 1.000 m² que parecen el gran apartamento soñado en el centro de Madrid, con sofás curvos, muebles de diseño, librerías llenas de libros y vinilos que recuerdan otras épocas.

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En la quinta planta, el gran salón-comedor invita a esas sobremesas largas en las que nadie mira el reloj. En la sexta, el rooftop se abre sobre la Gran Vía y la calle Clavel, con una panorámica tan impresionante que casi dan ganas de brindar solo por las vistas. Debajo, la ciudad late; arriba, todo se vive a otro ritmo.
Pese a la amplitud del espacio, el restaurante está distribuido en diferentes zonas que crean una sensación de intimidad sorprendente: rincones recogidos para parejas, mesas apartadas para conversaciones tranquilas, áreas más amplias para familias y grupos que quieren celebrar a lo grande.
190 euros que no pagan una cena, pagan un recuerdo
El precio de la cena de Nochebuena en Gran Vía 18 es de 190 euros por persona. No es una cifra cualquiera, pero tampoco lo es lo que incluye: alta cocina, maridajes seleccionados, producto de primer nivel, un equipo pendiente de cada detalle y un entorno que difícilmente se puede replicar en casa.
Es el plan perfecto para quienes este año no quieren preocuparse de cocinar, de si el horno fallará, de si el pescado se quedará seco o si alguien llegará tarde. Aquí todo está pensado para que los comensales se sienten, disfruten y se vayan con la sensación de haber vivido una Nochebuena distinta, una Nochebuena de lujo, una Nochebuena para recordar.
El propio Jairo Jiménez lo resume en su filosofía: cada plato está diseñado para despertar emoción, para celebrar la Navidad con sabor, calidez y técnica, y para que la experiencia no se olvide al día siguiente, sino que se quede asociada para siempre a ese 24 de diciembre en la Gran Vía.







