Víctor Sanchego, cortador de jamón: “Mejor pasar el cuchillo varias veces que llevarse medio jamón en el primer corte”

Publicado: 11/03/2026 • 17:09
Actualizado: 11/03/2026 • 17:09
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Empezar una pata en casa parece sencillo hasta que llega el primer corte. Ahí se decide el rendimiento, el grosor de las lonchas y hasta cómo se conservará la pieza durante días. Para entender qué exige un ibérico, conviene conocer el marco que regula su etiquetado y control: Real Decreto 4/2014 sobre la norma de calidad del ibérico.

El problema es que la mayoría improvisa: abre la pieza sin preparar la superficie, fuerza la hoja y arranca virutas irregulares. Un cortador profesional advierte que el error no está en la mano, sino en cómo se inicia la zona de corte y cómo se trata la grasa exterior en los primeros minutos.

Víctor Sanchego, cortador y divulgador especializado, lo resume con una idea que cambia la forma de arrancar una pata: para empezar a cortar, es mejor pasar el cuchillo varias veces a no llevarnos el jamón. La frase apunta a un principio técnico: en el inicio conviene marcar y alisar la superficie con pasadas controladas antes de buscar lonchas completas, porque la prisa crea escalones, desperdicio y una zona de corte que envejece peor.

Por qué el primer corte decide el rendimiento

El jamón no se corta solo para servir. También se corta para mantener la pieza estable, con una superficie limpia y homogénea, capaz de ofrecer lonchas regulares durante varios días. Cuando el arranque es brusco, aparecen tres consecuencias típicas: cortes con desnivel, lonchas rotas y un exceso de recortes que se quedan sin uso claro.

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Además, el primer contacto con la grasa exterior define cómo se percibe el sabor. Si se deja una capa sucia o reseca en la zona de consumo, el paladar detecta rancidez o notas apagadas antes de llegar a la grasa fina que aporta aroma. Por eso, muchos profesionales insisten en dedicar unos minutos a preparar el área, incluso antes de sacar la primera loncha perfecta.

Elegir la postura y orientar la pieza

La posición de la pata no es estética: es seguridad y control. En casa, lo razonable es un jamonero firme, antideslizante y con un sistema que inmovilice bien la pezuña o la maza, según por dónde se empiece. Si la pieza se mueve, el cuchillo compensa con fuerza, y la fuerza es el atajo hacia el accidente.

También influye el ritmo de consumo. Si se va a comer rápido, suele interesar empezar por una zona más jugosa. Si la pieza durará semanas, muchos cortadores prefieren plantear un inicio que facilite la conservación y evite que el corte se seque.

La superficie de corte debe ser plana

El objetivo del arranque no es sacar lonchas bonitas, sino crear una plataforma. Esa plataforma debe quedar plana, sin escalones ni huecos. Ahí encaja el consejo de Sanchego: pasadas repetidas y controladas para ir bajando capas, sin arrancar bloques. Una superficie plana permite que la hoja deslice, que el grosor sea uniforme y que la loncha no se rompa al separarla.

Herramientas que marcan la diferencia en casa

No hace falta un arsenal, pero sí coherencia. Un buen corte depende de la herramienta correcta en el momento correcto. La divulgación de Sanchego gira a menudo en torno a este punto en sus vídeos y formaciones, disponibles en su web y canales públicos como su página de cursos y recursos o su contenido en plataformas abiertas.

Los tres básicos para un corte limpio

  • Cuchillo jamonero: largo, flexible y bien afilado para lonchear sin serrar.
  • Cuchillo corto o puntilla: para perfilar, despegar corteza y trabajar zonas cercanas al hueso.
  • Chaira o asentador: para mantener el filo vivo y no forzar la hoja.

Si el cuchillo no corta con suavidad, el gesto se deforma: se presiona más, la loncha sale gruesa y el corte pierde precisión. Eso afecta tanto al resultado como a la seguridad.

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Jamonero estable, manos seguras

Un jamonero con base sólida evita movimientos laterales. Revisa que la fijación esté firme antes de cada sesión. La mano que no corta debe quedar por detrás de la hoja, y conviene trabajar con movimientos largos, sin cambios de dirección improvisados.

Técnica para empezar sin estropear la pieza

El inicio tiene una lógica simple: limpiar, nivelar, y solo después lonchear. Los pasos cambian según se empiece por maza o babilla, pero el esquema se mantiene.

1 Retirar corteza y grasa exterior con criterio

Se retira lo justo para exponer la zona de consumo. Quitar de más deja carne al aire que se reseca y obliga a recortar después. Quitar de menos mantiene una capa dura que interfiere en el sabor y hace que la hoja patine. El equilibrio suele estar en descubrir un área progresiva, que crezca a medida que avanza el consumo.

2 Marcar y allanar con pasadas, no con tirones

Aquí aparece el gesto clave. En lugar de intentar sacar la primera loncha completa, se realizan pasadas suaves, paralelas y repetidas para bajar milímetros de manera uniforme. La idea es lograr una superficie lisa. Ese trabajo inicial reduce el desperdicio porque evita arrancar trozos irregulares que luego no se pueden lonchear bien.

3 Lonchas finas, anchas y del tamaño de un bocado

Una vez plana la superficie, el corte fluye. El cuchillo jamonero debe deslizar con un recorrido completo, sin serrar. El grosor ideal suele ser fino, con la grasa integrada en la loncha para equilibrar aroma y textura. Si la loncha queda demasiado gruesa, cuesta masticar y se pierde parte del perfume en boca.

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Seguridad, higiene y conservación para que dure más

Tras cada sesión, la superficie debe quedar limpia y protegida. Muchos hogares tapan el jamón con plásticos que condensan humedad o dejan olor. En cambio, funciona mejor cubrir el área de corte con parte de su propia grasa limpia y, encima, un paño transpirable. La meta es reducir el contacto con el aire sin crear un microambiente húmedo.

Dónde guardar la pieza

Un lugar fresco, seco y sin sol directo ayuda a mantener estabilidad. Los cambios bruscos de temperatura aceleran el resecado superficial. Si la casa es muy cálida, conviene cortar menos cantidad cada vez y proteger la zona con más cuidado.

Recortes y huesos, el aprovechamiento real

Los recortes magros sirven para saltear, croquetas o tortillas. La grasa limpia es útil para proteger el corte o para cocinar. Y los huesos aportan sabor a caldos. Separar cada parte por tipo ayuda a que nada se pierda.

ParteCómo aprovecharlaConsejo práctico
Recorte magroSalteados, revueltos, croquetasGuardar en porciones pequeñas
Grasa limpiaProteger el corte, cocinar legumbresNo usar grasa rancia o exterior
HuesosCaldos y fondosCongelar en bolsas separadas

Errores frecuentes que arruinan el inicio

  • Querer la primera loncha perfecta: suele crear escalones y obliga a recortar más después.
  • Trabajar con el filo cansado: aumenta la presión y empeora la precisión.
  • Abrir demasiada superficie: expone carne que se seca antes de consumirse.
  • Cortar en ángulo: genera una cuña que hace más difícil mantener el plano.
  • No separar zonas: mezclar grasa exterior con grasa útil empeora el sabor.

Preguntas habituales al empezar un jamón en casa

Depende del ritmo de consumo y del entorno. Si se va a consumir rápido, suele elegirse una zona más jugosa. Si se prevé un consumo largo, se busca una estrategia que reduzca el resecado. En redes y entrevistas, Sanchego suele insistir en que la decisión debe responder a cómo vas a comer la pieza, no a una regla única.

Qué hacer si ya has hecho un escalón

Lo mejor es volver a nivelar. Se trabaja la zona alta con pasadas controladas hasta recuperar un plano. Es más lento, pero evita que el problema se multiplique. En ese punto, la tentación de arrancar un bloque para igualar suele aumentar el desperdicio.

Cuánto hay que cortar cada vez

En casa, funciona cortar cantidades pequeñas y frecuentes. Así la superficie expuesta es menor y el jamón se mantiene más estable. Si se corta mucho de golpe, se arriesga a que parte pierda textura y aroma antes de llegar al plato.

El primer corte no es un trámite: es la base de todo lo que viene después. Si al iniciar priorizas una superficie plana y controlada, el jamón responde con lonchas más finas, menos recortes y un sabor más limpio. Y ahí el consejo de Víctor Sanchego cobra sentido práctico: pasar el cuchillo varias veces al principio es una inversión que se nota en cada plato.

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