David Callejo desmiente el mito: esta es la sustancia del vino tinto que multiplica la resaca

Publicado: 02/12/2025 • 17:25
Actualizado: 02/12/2025 • 17:25
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“El vino tinto da más resaca que el vino blanco. No es un mito, es pura química”. Con esta frase, el médico y divulgador David Callejo ha vuelto a poner sobre la mesa un tema tan cotidiano como polémico: las consecuencias del alcohol en el organismo. Lejos de ser una exageración o una leyenda popular, su afirmación se sustenta en factores biológicos y químicos que marcan la diferencia entre una copa de vino oscuro y una de vino más claro.

La idea central es clara: no todos los alcoholes se comportan igual en el cuerpo humano. Y aunque el factor que más influye sigue siendo la cantidad de alcohol consumido, existen matices importantes que explican por qué algunas bebidas generan peores resacas que otras.

¿Qué son los congéneres y por qué importan?

Para entender la explicación de Callejo hay que detenerse en un concepto clave: los congéneres. Se trata de sustancias secundarias que se producen durante la fermentación o la destilación del alcohol. Entre ellos se encuentran el metanol, ciertos aldehídos, la acetona o incluso algunos taninos. Aunque no son el componente principal de las bebidas alcohólicas, su presencia puede intensificar los efectos secundarios después de beber.

Callejo recuerda que las bebidas oscuras, como el vino tinto, el brandy o el bourbon, suelen contener más congéneres que sus versiones claras. “Un bourbon puede tener hasta 37 veces más congéneres que un vodka”, explica el médico, y eso se traduce en una mayor carga para el hígado y el sistema nervioso al momento de metabolizar la bebida. Es decir, no es solo cuestión de graduación alcohólica, sino de la complejidad química que llega al cuerpo.

Los congéneres, además, actúan como irritantes y dificultan la descomposición del alcohol en el organismo. Cuanto más compleja sea la mezcla de sustancias, más difícil es para el cuerpo procesarlas de forma eficiente. El resultado: síntomas de resaca más intensos, con dolor de cabeza, fatiga, sed y malestar general.

Vino tinto vs vino blanco: diferencias clave

El vino tinto y el vino blanco comparten la misma base: la fermentación del mosto de la uva. La diferencia está en el proceso de elaboración y en los compuestos que permanecen en la bebida final. En el caso del tinto, los taninos, polifenoles y pigmentos naturales de la piel de la uva añaden complejidad, sabor y color. Pero esa riqueza química también implica más congéneres.

El vino blanco, por el contrario, suele ser más “limpio” en este sentido. La ausencia de piel en gran parte de su fermentación y su menor carga de compuestos secundarios lo convierten en una opción que, en teoría, provoca resacas más leves. Sin embargo, Callejo insiste en que esto no debe interpretarse como un permiso para beber sin medida: “La diferencia está, pero lo que más influye sigue siendo la cantidad de alcohol que tomes”.

La comparación, por tanto, no busca demonizar al vino tinto ni santificar al vino blanco. El mensaje es más bien informativo: si dos personas beben la misma cantidad, es probable que quien haya tomado tinto sufra una resaca más fuerte. Pero ambos habrán expuesto a su cuerpo a un proceso que no deja de ser tóxico.

Límites del argumento: otros factores de la resaca

Aunque el factor de los congéneres es importante, no es el único que explica la intensidad de una resaca. El propio Callejo subraya que la cantidad de alcohol ingerido sigue siendo el determinante más fuerte. Una botella de vino blanco puede dejarte en peor estado que dos copas de tinto, simplemente por la dosis acumulada.

Otros factores que influyen incluyen la velocidad de consumo, el peso corporal, la genética y el estado de hidratación previo. Beber con el estómago vacío, por ejemplo, acelera la absorción del alcohol y agrava los efectos. Asimismo, las diferencias individuales en las enzimas que metabolizan el etanol hacen que algunas personas sufran resaca con mayor facilidad que otras.

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La edad también juega un papel crucial. Con los años, el hígado pierde eficiencia en el metabolismo del alcohol y la recuperación se vuelve más lenta. De ahí que quienes superan los 30 o 40 años perciban que las resacas son más largas y difíciles de superar.

En definitiva, los congéneres son un factor más en un entramado de variables que determinan cómo se sentirá una persona al día siguiente. La química explica una parte importante del proceso, pero no lo abarca todo.

Consejos prácticos para minimizar la resaca

A falta de un remedio milagroso —que según Callejo no existe—, lo que queda es aplicar medidas preventivas y de sentido común. Beber agua entre copas es uno de los consejos más repetidos, ya que ayuda a contrarrestar la deshidratación provocada por el alcohol. Comer antes y durante la ingesta también ralentiza la absorción y reduce el impacto inmediato en el organismo.

Otra estrategia es alternar bebidas alcohólicas con no alcohólicas. Tomar un refresco o un vaso de agua entre dos copas permite al cuerpo procesar mejor el alcohol acumulado. Y, por supuesto, la moderación es el mejor aliado: cuanto menos alcohol entre al organismo, menos posibilidades habrá de sufrir una resaca severa.

En cuanto a los mitos, Callejo es claro: el café fuerte, las vitaminas o las duchas frías no eliminan la resaca. Pueden aliviar ciertos síntomas, pero no aceleran el metabolismo del alcohol. La única solución real es el tiempo, que permite al cuerpo descomponer y expulsar las toxinas.

Más allá del mito: una invitación a la reflexión

El comentario de David Callejo no pretende generar alarma, sino acercar la ciencia a un hábito social muy arraigado. Al recordar que la diferencia entre vinos está en la química, nos invita a mirar con más responsabilidad lo que consumimos. El vino tinto puede tener más congéneres y generar una resaca más intensa, pero ninguna bebida alcohólica está libre de efectos negativos.

La conclusión es clara: el mejor remedio contra la resaca es beber con moderación, sin importar el color del vino o el tipo de bebida elegida. Elegir entre tinto o blanco puede marcar una pequeña diferencia en cómo te sientes al día siguiente, pero lo realmente determinante será siempre la cantidad de alcohol que decidas consumir.

El último brindis: ¿mito o ciencia?

David Callejo resume el asunto en una frase sencilla y contundente: “El vino tinto da más resaca que el vino blanco. No es un mito, es pura química”. Lo que queda ahora es reflexionar sobre nuestra relación con el alcohol y decidir si la próxima copa merece realmente la pena.

¿Y tú? ¿Has notado la diferencia entre una noche de vino tinto y otra de vino blanco? Comparte tu experiencia y únete a la conversación: al final, lo importante no es solo brindar, sino también despertar al día siguiente con la menor resaca posible.