En el mundo vinícola, las apuestas seguras se mantienen en primer plano
En el mosaico de subastas de vino a escala mundial, destaca la constante dinámica en la que prevalecen la globalización de los conocedores de vino, así como su variada y ecléctica elección. A pesar de enfrentar un escenario económico incierto, estos entusiastas han destacado por su apoyo hacia los grandes productores de vino, manifestando un grado de exigencia y criterio selectivo relevante.
Cécile Tremblay y sus codiciados grandes vinos
Un buen ejemplo para un entendimiento más claro de esta tendencia, es el caso de la bodega Cécile Tremblay en Borgoña. La dueña, sobrina-nieta del célebre Henri Jayer, inició su trayectoria en 2003, retomando el legado de sus abuelos y eligiendo pequeños parcelas localizadas en las prestigiosas denominaciones de origen de la Côte de Nuits.
El mes pasado, Tremblay emocionó a los subastadores con su gran éxito. Un vino sobresaliente fue su Grand Cru de Chapelle-Chambertin cuya cosecha de 2015 se vendió por 1.427€, mostrando un incremento del 20%, mientras que el mismo vino de 2010 alcanzó 1.252€, lo que significa un aumento de 37%. En el caso de su raro Échézeaux, la añada de 2015 fue vendida por 1.377€ y la de 2012 por 1.064€. En definitiva, la producción exclusiva y cuidada de Tremblay recibió una gran aceptación en el mercado, convirtiéndola en una importante innovadora en el sector.
Entre los iconos del vino francés, otros grandes productores como la casa de Champagne Selosse, la bodega Clos Rougeard en la región de Loira y Château Rayas en el valle del Rhône, logran superar el umbral de los 1.000€ con sus vinos. Éstos y muchos otros destacan por la distinción de sus caldos, que se ven premiados con un interés constante y ofertas elevadas en las subastas.
El vino como refugio de valor
En conclusión, está claro que los amantes del vino buscan más que nunca la rareza y la exquisitez en sus selecciones. Aunque este patrón de comportamiento pueda parecer idealizado, su presencia es palpable en el sector vinícola, en el que la selectividad y la vigilancia son las claves para invertir con éxito. Esto no solo indica que el vino se ha convertido en un valor refugio para los inversores, sino que también refuerza la relevancia de las personas detrás de cada botella y de cada cepa.

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