Su nombre aparece en los carteles de la A-4 a quien baja hacia el sur, y muchos conductores pasan de largo sin desviarse. Es un error: a menos de una hora de Sevilla se levanta Écija, uno de los conjuntos monumentales más sorprendentes de Andalucía.
Se la conoce como la «Sartén de Andalucía» por sus temperaturas veraniegas. Pero lo que la define no es el termómetro, sino un patrimonio arquitectónico que pocas ciudades de su tamaño pueden igualar.

Terelu Campos y su vínculo con Écija
El otro motivo de conversación es social. La ciudad aparece asociada a los orígenes de Terelu Campos, la hija de María Teresa Campos, a quien casi todo el mundo relaciona con Málaga.
Es el típico dato que sorprende en una sobremesa. Aun así, conviene no confundir el reclamo con el destino: Écija tiene argumentos de sobra sin necesidad de apellidos célebres. Esta es una tierra de nobles y de caballos, y se nota en cada calle.
La ciudad de las once torres
El primer impacto llega al mirar hacia arriba. Écija conserva once torres campanario que dibujan un perfil urbano difícil de encontrar en otro lugar de España.
Son el testimonio de una época en la que riqueza y devoción competían en altura. Muchas lucen cerámica vidriada y azulejos de colores, un despliegue que convierte el paseo en una sucesión de paradas para mirar (y fotografiar).
Mejor momento para verlas: sube a la torre de San Juan al atardecer. Desde allí se domina el valle del Genil, con la luz baja sobre cúpulas y campanarios.
El barroco ecijano y el Palacio de Peñaflor
El estilo local tiene nombre propio: el barroco ecijano. Es más exuberante y recargado que el de los manuales, reflejo del poder económico que llegó a concentrar la ciudad.
Su gran escaparate es el Palacio de Peñaflor. Destaca por los balcones corridos y, sobre todo, por las pinturas al fresco de su fachada, un rasgo excepcional que lo convierte en una de las imágenes más reconocibles de Écija.
Recorrerlo da la sensación de estar en un decorado de época, con detalles que cuentan la historia de las familias que lo habitaron.
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La Amazona Herida, en el Museo Histórico Municipal
La historia de Écija no empieza en el Barroco. En su término se halló la Amazona Herida, una escultura romana de las más destacadas que se conservan en España.
Hoy se expone en el Museo Histórico Municipal, y verla en persona impresiona más que cualquier imagen en el móvil.
Comer barato y bien: yemas y molletes
Para el bolsillo, Écija es una alternativa sensata frente a los precios del centro de Sevilla. Tomar un café a la sombra de una torre histórica resulta bastante más económico que en la capital.
En la mesa, dos nombres propios: las yemas de la repostería local y los molletes. Comida sencilla y reconfortante, de la que justifica saltarse la dieta un día.
No hace falta buscar restaurantes de diseño para comer bien en Écija. Lo que funciona aquí es la cocina de siempre, servida sin pretensiones y a precios que siguen siendo de pueblo, aunque el decorado sea de ciudad monumental.
Cuándo ir para evitar el calor
El calendario importa, y mucho. La primavera es la estación ideal: temperaturas amables y una luz de tarde que hace brillar los azulejos de las torres.
Agosto, en cambio, es para valientes. El apodo de «Sartén» no es una exageración, y recorrer la ciudad a pleno sol puede convertirse en una prueba de resistencia.
Para quienes viajan por la A-4, Écija también funciona como parada con contenido en mitad del trayecto. Un par de horas bastan para una primera impresión, aunque la ciudad pide más.
Al final, la curiosidad por sus vínculos con una cara conocida puede ser la excusa. Lo que queda después es otra cosa: la certeza de que España guarda ciudades monumentales que apenas salen en las guías. ¿Cuántas veces habrás pasado de largo por esa salida de la autovía?







