La operación inmobiliaria más comentada del cine español no tiene que ver con un chalé en la sierra. Santiago Segura, junto a José Mota y el productor Luis Álvarez, se ha hecho con el Castillo de Pedraza, una fortaleza con raíces en el siglo XIII que corona una de las villas más fotografiadas de Segovia.
El precio: 4,8 millones de euros. El vehículo: la sociedad Teatrópolis. El propósito declarado: abrirlo al público.

La compra de Santiago Segura, en cifras
El castillo no es un inmueble cualquiera. Está declarado Bien de Interés Cultural y llevaba décadas en manos de los herederos del pintor Ignacio Zuloaga, que lo convirtió en su casa y taller.
Lo que reciben los nuevos propietarios, según los datos de la operación, se resume así:
- Unos 700 metros cuadrados habitables.
- Nueve habitaciones de aire señorial.
- Un foso excavado en la roca viva.
- Una torre del homenaje que domina el paisaje castellano.
A esa ficha técnica se suma un capítulo histórico de peso: entre sus muros estuvieron presos los hijos del rey Francisco I de Francia. (Pocos castillos pueden presumir de haber custodiado a príncipes extranjeros como rehenes.)
Del plató a la muralla: qué quieren hacer con él
La primera pregunta que se hizo medio país fue si el cineasta buscaba un retiro privado. La respuesta del propio Segura apunta en sentido contrario: la idea es «que la gente pueda visitarlo».
El proyecto pasa por rehabilitar los espacios y abrir estancias que han permanecido cerradas durante mucho tiempo. Sobre la mesa están las visitas guiadas y una programación de actividades culturales.
El planteamiento incluye también un uso más rentable: rodajes de cine y eventos privados. La lógica es que el castillo se sostenga económicamente todo el año en lugar de quedar como una pieza de museo cubierta de polvo.
Contexto: la combinación de patrimonio y espectáculo es una de las vías que se exploran para mantener vivos edificios históricos cuyo coste de conservación resulta difícil de asumir para un particular.
Pedraza, la villa que rodea la fortaleza
Para quien no la conozca, Pedraza está a unos 37 kilómetros de Segovia capital y apenas tiene 335 vecinos. Es una villa amurallada de calles empedradas donde el tiempo parece haberse detenido.
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El corazón del pueblo es su Plaza Mayor porticada, testigo de los siglos XVI y XVII, cuando el comercio de la lana hizo de este enclave uno de los más prósperos del país.
La visita se completa en la mesa, con el cordero asado como plato de referencia. Y, si el proyecto prospera, con una parada en el castillo de los actores.
Dato práctico: a Pedraza se entra por una única puerta. En temporada alta, y sobre todo en fin de semana, conviene llegar temprano porque el espacio para aparcar es limitado.
Un trozo de historia que vuelve a abrirse
Más allá del titular, la compra plantea una cuestión de fondo: quién se hace cargo del patrimonio histórico privado en España y con qué fines. En este caso, la apuesta es devolver al público un edificio que durante años solo se ha visto desde fuera.
Segura y Mota, conocidos por llenar salas con la comedia, cambian ahora la taquilla por las almenas. Queda por ver la imagen que dejará la primera visita guiada: ¿cuántos visitantes subirán a la torre del homenaje esperando encontrarse con Torrente?







