En un rincón de La Rioja Baja, entre barrancos rojizos y laderas cubiertas de pinos, se alza un pueblo fantasma que hoy solo conserva muros, una torre desfigurada y el eco de historias casi olvidadas. Parte de su entorno está integrado en la red de espacios naturales gestionados por el Gobierno regional, como recoge la ficha oficial del área recreativa de este enclave riojano.
Durante décadas, sus calles vieron pasar labradores, mineros y escolares que subían cada día a unas aulas hoy derruidas. Después llegó el silencio: primero se cerraron las minas, luego se apagaron las luces y, por último, se marchó el último vecino. Lo que pocos imaginan al llegar es que el nombre de esta aldea nació de un sonido repetido en la montaña y de una piedra que decidió su destino.
Un pueblo fantasma entre la sierra y el viñedo
Ese pueblo se llama Turruncún y hoy pertenece al municipio de Arnedo, en La Rioja. Sus ruinas se encaraman a una loma de la sierra de Préjano, dominadas por la silueta de la antigua iglesia y de la torre campanario, visibles desde la carretera que une Arnedo con Cervera del Río Alhama. Oficialmente quedó despoblado en los años setenta del siglo XX, pero su historia y su leyenda siguen muy presentes en la zona.
La tradición popular cuenta que el nombre surgió en la cercana peña Isasa. Un grupo de vecinos, indecisos sobre cómo bautizar el lugar, lanzó una piedra desde lo alto del monte. Mientras rodaba por la ladera sonaba “turrún turrún” y, al golpear en los huecos de la roca, añadía un “cún cún” seco. De esa onomatopeya habría nacido Turruncún, el pueblo al que dio nombre un eco de piedra y gravedad.
Frente a esa versión legendaria, algunos estudios de toponimia apuntan a un posible origen ligado a la palabra vasca iturri (fuente), muy presente en numerosos nombres de lugar del valle del Ebro. Sea cual sea la raíz real, el topónimo encaja con la atmósfera del pueblo: sonoro, extraño y con un punto enigmático que encaja con su aspecto actual de escenario detenido en el tiempo.
De aldea viva a municipio borrado del mapa
A principios del siglo XX, Turruncún llegó a reunir en torno a 300 habitantes. La economía combinaba la agricultura de secano con la ganadería y, más tarde, con la minería de la cuenca de Arnedo. Durante décadas, las explotaciones mineras y el trabajo en el campo mantuvieron con vida a la comunidad, que contaba con escuela, iglesia parroquial, bodegas excavadas y un pequeño caserío escalonado sobre la ladera.
El declive comenzó cuando las minas cerraron y muchos vecinos se trasladaron a Arnedo y otras localidades atraídos por la industria del calzado y por mejores servicios. A esta crisis económica se sumaba una carencia estructural: el pueblo nunca llegó a disponer de agua corriente ni de suministro eléctrico estable. En los años setenta el éxodo fue definitivo y en 1975 el municipio se integró administrativamente en Arnedo, quedando Turruncún despoblado y reducido a la condición de aldea en ruinas.
El lugar arrastra además otros episodios que han alimentado su fama misteriosa. En febrero de 1929, un terremoto con epicentro en la zona sacudió la comarca. La iglesia de Santa María, con su torre de ladrillo de aire mudéjar, resistió los temblores y todavía hoy preside el caserío, aunque su estado actual es de ruina y figura en la Lista Roja del patrimonio por el deterioro de bóvedas, pórtico y campanario.
Un paisaje de ruinas sobre roca singular
Más allá de la historia humana, Turruncún se asienta sobre un escenario geológico de primer nivel. Los llamados conglomerados del Paleógeno de Turruncún forman parte del Inventario Español de Lugares de Interés Geológico. Son potentes paquetes de rocas sedimentarias rojizas que afloran en crestas alargadas, conocidas en la zona como “Moros” o “Caballos de Turruncún”, fruto de antiguos abanicos aluviales relacionados con la configuración de la cuenca del Ebro.

Este relieve de crestas y barrancos, cubierto en parte por pinares de repoblación y matorral mediterráneo, crea un paisaje muy característico. El caserío abandonado se encarama precisamente sobre uno de estos resaltes rocosos, lo que refuerza la sensación de pueblo colgado sobre el vacío. Además, el entorno se integra en la Reserva de la Biosfera de los valles de Leza, Jubera, Cidacos y Alhama, reconocida por la UNESCO y gestionada por el Gobierno de La Rioja como espacio de alto valor natural.

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Cómo visitar hoy Turruncún sin perder detalle
El acceso actual a Turruncún es sencillo, aunque conviene planificar la visita. Desde Logroño se llega en unos 50–60 minutos por la N-232 y la LR-123, la carretera que recorre la Rioja Baja hacia Cervera del Río Alhama. A la altura del antiguo pueblo, una pista forestal permite subir hasta la zona de ruinas y hasta el área recreativa situada en la parte alta del paraje.
| Datos prácticos | Información básica |
|---|---|
| Provincia | La Rioja (Rioja Baja), municipio de Arnedo |
| Altitud aproximada | Entre 800 y 1.000 metros sobre el nivel del mar |
| Acceso por carretera | LR-123, tramo Arnedo – Cervera del Río Alhama |
| Servicios | Área recreativa con mesas, barbacoas y fuente en las inmediaciones |
| Población actual | Despoblado, sin residentes permanentes |
| Mejor época para ir | Primavera y otoño, por temperaturas suaves y buena visibilidad |
Acceso, aparcamiento y seguridad
Lo más recomendable es dejar el vehículo en las proximidades del área recreativa señalizada por el Gobierno de La Rioja y recorrer a pie el corto tramo que conduce hasta las primeras casas. El camino no presenta dificultad técnica, pero hay tramos de pendiente y piedras sueltas, por lo que se aconseja calzado de montaña y precaución en días de lluvia.
El Inventario Español de Lugares de Interés Geológico advierte de que las ruinas pueden entrañar ciertos riesgos: techos inestables, muros agrietados y suelos hundidos en el interior de casas y dependencias. Por seguridad y para evitar daños al patrimonio, es preferible no entrar en los edificios, limitarse a caminar por las calles y respetar cualquier cinta, valla o señal que pueda instalarse en la zona.

En verano conviene tener en cuenta la falta de sombra en buena parte del recorrido y la ausencia de comercios o bares en el entorno inmediato. Es imprescindible llevar agua suficiente, protección solar y prever que el pueblo carece de iluminación nocturna, por lo que se recomienda terminar la visita antes del anochecer.
Qué ver entre las ruinas
El itinerario básico por Turruncún permite descubrir algunos puntos clave que ayudan a imaginar la vida de la aldea cuando estaba habitada:
- Iglesia de Santa María: situada en la parte alta del caserío, conserva la nave, la cabecera y la imponente torre campanario de ladrillo. Aunque está en ruina y catalogada como bien en riesgo, sigue siendo el elemento más reconocible del perfil del pueblo.
- Escuelas de los años sesenta: fueron el último edificio público en levantarse. Su construcción simboliza el intento de retener población en plena despoblación rural, pero el cierre llegó pocos años después, cuando ya apenas quedaban niños.
- Bodegas excavadas en la roca: a las afueras del núcleo, bajo la pista forestal, se conservan pequeñas cuevas-bodega horadadas en la ladera. Muestran la importancia del vino y del autoconsumo en la economía tradicional de la zona.
- Cementerio y entorno agrícola: en las inmediaciones se encuentra el pequeño camposanto, hoy parcialmente desmoronado. Entre bancales abandonados y muros derruidos, el visitante puede identificar antiguos huertos y corrales.
- Miradores naturales: desde la parte alta del pueblo se obtienen vistas amplias hacia la depresión de Arnedo, las sierras cercanas y los característicos resaltes rocosos de los conglomerados paleógenos.
La vegetación que rodea Turruncún combina pinares de repoblación con matorral, y en los cortados rocosos no es extraño observar buitres, búhos reales u otras especies ligadas a los roquedos. El entorno funciona así como un pequeño observatorio de fauna y paisaje de la Rioja Baja.
Rutas de senderismo y experiencias alrededor de Turruncún
La mayoría de los senderistas que se acercan al pueblo fantasma aprovechan para completar alguna ruta circular por la sierra de Préjano. Una de las más populares enlaza Turruncún con la peña Isasa, un mirador natural desde el que se domina el valle de Arnedo y buena parte de la Rioja Baja. El recorrido ronda los 12 kilómetros, con desniveles moderados, y transita por pistas y sendas de montaña.
Otra opción habitual es la ruta hacia el paraje de Gatún, de unos 11 kilómetros, que combina pistas forestales y caminos tradicionales. Estos itinerarios, junto con otros trazados balizados de la zona, permiten enlazar el pueblo abandonado con miradores, barrancos y tramos de la conocida Ruta de los Dinosaurios, célebre por sus yacimientos de icnitas.
Para preparar cualquiera de estas excursiones es recomendable consultar previamente los mapas de senderos oficiales de La Rioja o los track facilitados por el propio Gobierno autonómico, y comprobar el estado de los caminos en épocas de lluvia o nieve. En todos los casos, se trata de rutas de baja o media dificultad aptas para senderistas habituales, pero no deben subestimarse en días de calor intenso o viento fuerte.
Un destino para geoturismo y memoria rural
El caserío en ruinas y el entorno de los conglomerados de Turruncún se han convertido en un escenario ideal para actividades de geoturismo, fotografía de paisaje y proyectos de divulgación sobre la despoblación rural. La propia ficha geológica del lugar destaca su valor para entender cómo se formó la cuenca del Ebro y cómo se relaciona el relieve actual con los procesos tectónicos y sedimentarios de hace millones de años.
A la vez, el pueblo resume la historia reciente de muchas aldeas del interior peninsular: crecimiento en los primeros años del siglo XX, impacto de la crisis agraria y minera, migración hacia las ciudades y abandono definitivo en pocas décadas. Caminar por sus calles ayuda a entender ese proceso más allá de las cifras, al ver cómo viviendas, bodegas, escuelas y templos han quedado expuestos al viento y a la lluvia.
Consejos para una visita responsable
Quien se acerque a Turruncún debería hacerlo con algunas pautas básicas de respeto. No se debe retirar piedra, teja ni ningún elemento constructivo, ni practicar grafitis sobre muros o estructuras. La recogida de fósiles o minerales está desaconsejada en los lugares de interés geológico, y cualquier basura generada debe volver en la mochila.
También conviene recordar que el pueblo forma parte de un paisaje rural que sigue vivo en los valles cercanos: ganaderos, agricultores y habitantes de Arnedo y otras localidades utilizan pistas y caminos del entorno en su vida cotidiana. Cerrar las portillas, no salirse de los senderos marcados y respetar el ganado o los cultivos son gestos sencillos que contribuyen a mantener ese equilibrio.
Así, el pueblo que un día fue bautizado por el ruido de una piedra en la montaña se ha transformado en un lugar donde resuenan otras voces: las de la geología, la memoria rural y la naturaleza de La Rioja Baja. Visitar Turruncún es, en el fondo, escuchar ese eco y decidir qué futuro queremos para los paisajes que hoy aún luchan contra el olvido.







