Este pueblo gallego fue hogar de sefardíes y hoy es epicentro del mejor vino de Galicia

Pedro Corchado Fontserè

Pedro Corchado Fontserè

Publicado: 25/04/2026 • 19:03
Actualizado: 25/04/2026 • 19:03

En el interior de Galicia, una pequeña villa medieval con pasado sefardí y rodeada de viñedos concentra siglos de historia, tradiciones vivas y algunos de los vinos más emblemáticos de la denominación de origen Ribeiro. Según la oficina oficial de turismo de Ribadavia, su casco histórico, su castillo y sus grandes fiestas históricas la convierten en una parada clave para entender la relación entre vino y territorio en el noroeste peninsular.

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Hoy, los viajes culturales y de enoturismo miran cada vez más hacia este rincón del interior ourensano, donde conviven una antigua judería, iglesias góticas y rutas jacobeas menos masificadas. Desde aquí, muchos viajeros enlazan además con una gran ciudad francesa famosa por sus traboules, sus bouchons y una gastronomía que le ha valido el título de capital mundial de la cocina, construyendo una escapada que une memoria sefardí y placer gastronómico.

Ribadavia, la villa medieval que fue capital del Reino de Galicia

El nombre de esta villa es Ribadavia, situada en el oeste de la provincia de Ourense, a orillas del río Avia y en pleno corazón de la comarca de O Ribeiro. A tan solo unos 30 kilómetros de la capital provincial, el paisaje de valles profundos, viñedos en ladera y ríos encajados explica por qué aquí arraigó la viticultura desde hace siglos.

Entre 1065 y 1071, Ribadavia llegó a ser capital del Reino de Galicia, en pleno auge del comercio del vino que salía por los puertos atlánticos hacia el resto de Europa. Ese pasado se percibe hoy en la Plaza Mayor porticada, en las casas blasonadas y en el trazado de un casco histórico que combina trazas medievales y barrocas.

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El antiguo castillo de los Sarmiento preside la villa desde un promontorio sobre el Avia. Aunque no se conserva íntegro, su recinto amurallado y sus vistas ayudan a imaginar la importancia estratégica de Ribadavia en la Edad Media. A sus pies, la alameda y las calles del centro histórico concentran buena parte de la vida diaria, las terrazas y los eventos culturales.

Ribadavia no es solo piedra. El caserío de tejados rojizos, los hórreos dispersos por el entorno y la cercanía del Miño recuerdan que se trata también de una villa agrícola que sigue viviendo del vino, la huerta y un turismo cada vez más especializado.

La huella sefardí en una de las juderías mejor conservadas de Galicia

Uno de los elementos más singulares de Ribadavia es su barrio judío, integrado en la Red de Juderías de España. Sus callejuelas estrechas, los pasadizos y las casas de piedra con escudos conservan la memoria de una comunidad sefardí que jugó un papel clave en el comercio del vino y en la vida económica de la villa hasta la expulsión de 1492.

El paseo por la judería permite descubrir pequeños detalles: inscripciones, símbolos tallados en la piedra, restos de antiguas casas de comerciantes y plazas recoletas en las que hoy se mezclan viviendas, talleres de artesanía y pequeños establecimientos. Los paneles interpretativos ayudan a seguir la traza de las antiguas sinagogas y de los espacios comunitarios.

En el corazón del barrio se encuentra el Museo Sefardí o Centro de Información Judía de Galicia, donde se contextualiza la presencia judía en la comarca, se explican las rutas comerciales del vino y se recuperan historias familiares que conectan Ribadavia con otros puntos de la diáspora sefardí.

  • Paseo por las calles de la judería, con casas de piedra y soportales.
  • Visita al Museo Sefardí y a la antigua Casa de la Inquisición.
  • Parada en la Plaza Mayor porticada, epicentro de la vida social.
  • Subida al castillo de los Sarmiento y recorrido por la antigua muralla.
  • Descubrimiento de iglesias como Santo Domingo o Nuestra Señora del Portal.

Festa da Istoria y otras fiestas que devuelven el pasado

La memoria sefardí y el pasado medieval no se quedan en los museos. Cada último sábado de agosto, Ribadavia celebra la Festa da Istoria, una de las recreaciones históricas más conocidas de Galicia, declarada de interés turístico. La judería y el resto del casco histórico se transforman en un gran escenario al aire libre.

Durante la fiesta, la villa se viste de época: vecinos y visitantes se atavían con trajes medievales, las calles se llenan de puestos de artesanía y gastronomía, y las transacciones se realizan con maravedís, una moneda recreada para la ocasión. Entre los actos más simbólicos destacan la representación de una boda judía, los torneos y las cenas medievales en el entorno del castillo.

Además de la Festa da Istoria, el calendario incluye otras citas importantes, como las Festas do Portal, vinculadas a la patrona, y eventos culturales que aprovechan los escenarios históricos, como la Muestra Internacional de Teatro que se celebra en el interior de la fortaleza en verano.

El corazón del vino Ribeiro y el enoturismo

Ribadavia es también la puerta de entrada a la Denominación de Origen Ribeiro, una de las más antiguas de Galicia y con sede en la propia villa. La comarca se extiende por los valles del Miño, Avia y Arnoia, donde el clima templado, las laderas soleadas y los suelos graníticos han dado fama a sus vinos desde la Edad Media.

Los blancos del Ribeiro, elaborados con variedades como treixadura, godello o loureira, se caracterizan por su frescura, aromas frutales y buena acidez. Los tintos, menos conocidos fuera de Galicia, recurren a uvas autóctonas como caíño o brancellao y ofrecen una expresión más atlántica, con graduaciones moderadas y gran capacidad gastronómica.

Qué hace diferente al vino del Ribeiro

El microclima de la zona, protegido por montes que frenan la influencia directa del Atlántico, permite una maduración lenta de la uva. Este equilibrio entre sol, humedad y frescor se traduce en vinos con personalidad, pensados tanto para el consumo en el año como para elaboraciones más complejas, como el tradicional tostado, un vino naturalmente dulce ligado a las celebraciones.

La propia historia de la denominación de origen, reconocida oficialmente en la década de 1930, está ligada a la protección del nombre Ribeiro frente a imitaciones. Hoy, bodegas familiares y pequeños colleiteiros conviven con proyectos más grandes, lo que da lugar a una oferta muy variada para el viajero que busca visitas guiadas, catas y experiencias entre viñedos.

Rutas y experiencias enoturísticas desde Ribadavia

Desde la villa es fácil organizar recorridos por bodegas tradicionales y modernas, muchas de ellas situadas en las laderas que miran al Miño y al Avia. El Museo del Vino de Galicia, ubicado en un antiguo priorato cercano, ayuda a comprender la evolución del cultivo, las técnicas de elaboración y la importancia del vino en la economía gallega.

Otro eje que refuerza la dimensión histórica de la zona es el Camino Miñoto Ribeiro, una ruta jacobea que enlaza el norte de Portugal con Santiago de Compostela atravesando la comarca. Varios tramos pasan por Ribadavia y su entorno, lo que convierte a la villa en punto de descanso para peregrinos interesados en combinar espiritualidad, paisaje y cultura del vino.

  • Visitas guiadas a bodegas del Ribeiro con cata comentada.
  • Recorrido por el Museo del Vino de Galicia y viñedos cercanos.
  • Tramos del Camino Miñoto Ribeiro que atraviesan la comarca.
  • Paseos en torno al embalse de Castrelo de Miño y actividades náuticas.
  • Gastronomía local basada en productos de cercanía y maridajes con vinos de la zona.

Lyon, la escala francesa que completa el viaje

El itinerario que propone unir Ribadavia con Francia tiene en Lyon su gran contrapunto urbano. Situada en el sureste del país, en la confluencia de los ríos Ródano y Saona, la ciudad combina herencia romana, arquitectura decimonónica y barrios populares ligados a la industria de la seda.

Su centro histórico, clasificado como Patrimonio Mundial, muestra la superposición de épocas: ruinas romanas en la colina de Fourvière, calles medievales en el Viejo Lyon y grandes avenidas de inspiración haussmanniana en la Presqu’île, la península que separan los dos ríos.

Capital gastronómica y ciudad de bouchons

Lyon es conocida como capital mundial de la gastronomía desde que, en la década de 1930, un famoso crítico culinario popularizara este título. Hoy, la ciudad mantiene una concentración muy elevada de restaurantes, desde los locales tradicionales hasta mesas reconocidas por las guías internacionales.

Los bouchons son el símbolo de esa cocina popular: pequeños establecimientos donde se sirven platos contundentes, basados en productos de casquería, embutidos, quesos y guisos de larga cocción. Su ambiente informal y sus mesas muy juntas forman parte de la experiencia tanto como la carta.

A esta oferta se suman los mercados cubiertos y las brasseries ligadas a grandes nombres de la cocina francesa, que han consolidado la imagen de Lyon como ciudad ideal para combinar visitas culturales y turismo gastronómico.

Traboules, ríos y vistas desde Fourvière

Más allá de la mesa, la ciudad atrae por elementos urbanos muy particulares. Los traboules, pasadizos que atraviesan edificios y patios, nacieron como recurso práctico para que los trabajadores de la seda transportasen la mercancía protegidos de la lluvia. Durante la Segunda Guerra Mundial, algunos de estos corredores discretos fueron utilizados por la resistencia.

El Viejo Lyon conserva varios de estos recorridos, señalizados para que el visitante pueda adentrarse en patios interiores, escaleras monumentales y galerías que conectan una calle con otra. Es una forma de recorrer la ciudad desde dentro, distinta de los grandes bulevares.

La subida en funicular a la colina de Fourvière conduce hasta el antiguo teatro romano y la basílica de Notre-Dame, desde donde se obtienen vistas panorámicas del entramado urbano, los ríos y las colinas próximas. Al descender, las orillas del Saona y del Ródano ofrecen paseos agradables, especialmente al atardecer.

  • Recorrido por el Viejo Lyon y sus traboules más emblemáticas.
  • Visita a la basílica de Fourvière y al teatro romano.
  • Paseos fluviales por el Saona o el Ródano.
  • Comida o cena en un bouchon tradicional.
  • Ruta por mercados y espacios gastronómicos contemporáneos.

Cómo organizar una escapada entre Ribadavia y Lyon

Combinar Ribadavia y Lyon en un mismo viaje permite enlazar dos relatos complementarios: el de la memoria sefardí y el vino gallego, y el de una gran metrópoli que ha hecho de la gastronomía su seña de identidad. Para el viajero, la clave está en equilibrar tiempos y ritmos.

Cuándo ir y cuánto tiempo dedicar

La primavera y el otoño son las estaciones más aconsejables para visitar Ribadavia, por las temperaturas suaves y el paisaje de viñedos en cambio constante. El final del verano resulta especialmente interesante para quienes quieren coincidir con la Festa da Istoria o con la vendimia en los alrededores.

En Lyon, los meses de primavera y comienzos de otoño ofrecen un clima templado, terrazas llenas y una agenda cultural intensa. El invierno puede ser atractivo para una escapada más centrada en museos, restaurantes y paseos urbanos, con menos afluencia turística.

Ideas de itinerario en clave sefardí y gastronómica

Un posible esquema de viaje podría reservar dos o tres días a Ribadavia y su entorno, con tiempo para recorrer la judería, visitar el Museo Sefardí, subir al castillo y realizar al menos una ruta de enoturismo por bodegas del Ribeiro. Añadir una jornada para conocer el embalse de Castrelo de Miño o seguir un tramo del Camino Miñoto Ribeiro completa la experiencia.

En Lyon, otros tres días permiten explorar el Viejo Lyon, las colinas de Fourvière y Croix-Rousse, varios traboules y algunos de sus mercados más conocidos, además de reservar comidas y cenas en distintos tipos de restaurantes, desde un bouchon clásico hasta una brasserie contemporánea.

El resultado es una escapada que une patrimonio sefardí, vino gallego de larga tradición y una de las grandes capitales culinarias de Europa, pensada para viajeros que buscan algo más que una simple postal: un relato coherente donde la historia, la memoria y la mesa se entrelazan en cada parada.