Pablo Ojeda, nutricionista: «Los antojos duran 10 minutos; si superas esa barrera, el deseo desaparece»

Publicado: 17/08/2026 • 12:00
Actualizado: 17/08/2026 • 12:01
4 min de lectura

Llegas a casa después de un día agotador y, de repente, ocurre. Tus ojos se clavan en esa bolsa de patatas o en esa tableta de chocolate y sientes que no puedes parar. No es hambre real, es un impulso primario que te domina (tranquilo, todos hemos estado ahí en algún momento).

A menudo caemos en el error de pensar que nos falta voluntad, pero el nutricionista Pablo Ojeda tiene una visión mucho más práctica y científica. El problema no es que quieras comer, sino la velocidad con la que le haces caso a tu cuerpo. La clave para recuperar el control está en un simple reloj.

El experto ha compartido en ‘Las mañanas Kiss’ lo que él denomina el «truco de los 10 minutos». Una técnica tan sencilla como poderosa que promete cambiar tu relación con la nevera para siempre. Y no, no se trata de prohibirte nada, sino de negociar con tu cerebro.

La química del antojo: por qué perdemos el control

Según Ojeda, los ataques de gula o hambre emocional tienen una fecha de caducidad muy corta. Esas ganas irrefrenables que parecen una cuestión de vida o muerte suelen durar entre 10 y 15 minutos. Si logras superar esa barrera temporal, el deseo se desvanece casi por arte de magia.

El error más común es intentar prohibirse el alimento. La prohibición genera una frustración que, a la larga, solo alimenta la ansiedad y nos hace sentir peor. La propuesta de Ojeda es revolucionaria: «No te lo prohíbas, simplemente espera diez minutos para tomar la decisión».

En ese pequeño espacio de tiempo, dejas de ser un esclavo de tus impulsos para convertirte en el dueño de tu alimentación. Es el momento de analizar si de verdad necesitas ese snack o si solo es una vía de escape momentánea al estrés o al aburrimiento.

REGLA DE ORO: Durante esos 10 minutos es obligatorio hacer algo físico. No vale quedarse mirando el alimento. Muévete, sal a la terraza o date una ducha rápida.

El movimiento: el interruptor del hambre emocional

¿Por qué es tan importante moverse? El nutricionista sevillano explica que realizar una acción física sirve para desconectar el foco de nuestra cabeza. El cerebro se obsesiona con el producto y deja de ver más allá; el movimiento rompe ese bucle de forma inmediata.

Al cambiar de escenario o realizar una tarea sencilla (como ordenar un cajón o salir a tomar el aire), obligas a tu mente a recalcular la situación. Es un «reset» biológico. Si después de esos diez minutos y de haberte movido sigues queriendo comerlo, Ojeda permite caer en la tentación sin culpas.

Lo más probable, sin embargo, es que tras ese intervalo la intensidad del antojo haya bajado drásticamente. Al romper la inmediatez, le das una oportunidad a la lógica para que venza al impulso reptiliano que te empuja a comer entre horas.

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Diferenciar el hambre real de la gula

La mayoría de los snacks que consumimos en estos episodios son ultraprocesados con exceso de grasas y azúcares. Estos productos están diseñados precisamente para que no podamos parar de comer una vez que empezamos. El truco de los 10 minutos actúa como un escudo protector frente a este tipo de marketing nutricional.

Este método no solo sirve para evitar atracones, sino para reeducar tu instinto. Con el tiempo, aprenderás a identificar cuándo tu cuerpo pide energía real y cuándo tu mente solo busca una dosis rápida de dopamina a través del azúcar.

Expertos como Pablo Ojeda insisten en que cuidar el cuerpo no va de pasar hambre, sino de entender los tiempos del organismo. Darte ese instante para analizar el «por qué» antes del «qué» es el primer paso para una salud de hierro.

Eres más fuerte de lo que crees

Aplicar este truco hoy mismo puede evitarte miles de calorías vacías a final de mes y, lo más importante, la sensación de fracaso que sigue a un atracón. Es una herramienta gratuita, fácil y que puedes usar en cualquier lugar.

Recuerda que la meta no es la perfección, sino la consciencia. Si logras esperar esos diez minutos, ya habrás ganado la batalla más importante: la de tu voluntad sobre tu impulso. ¿Te animas a probarlo en el próximo antojo?

Al final, pequeños ajustes en nuestra rutina diaria son los que generan los grandes cambios en el espejo y en la salud. ¿Y si la solución a tus atracones fuera tan solo esperar un poco?