Qué ver en Lloret de Mar: 10 imprescindibles en la Costa Brava

Publicado: 16/08/2026 • 14:46
Actualizado: 16/08/2026 • 14:46
7 min de lectura

El murmullo de los pinos mediterráneos rozando el mar y el aroma a salitre en las rocas dan la bienvenida a uno de los rincones más efervescentes de la Costa Brava. Si buscas qué ver en Lloret de Mar para planificar una escapada inolvidable, estás a punto de descubrir que esta localidad catalana guarda tesoros que van mucho más allá de su famosa vida nocturna.

Desde acantilados de vértigo modelados por el oleaje hasta jardines señoriales con vistas al horizonte infinito, la ciudad combina con maestría su pasado indiano con una naturaleza salvaje. Tanto si deseas desconectar en calas escondidas como si prefieres impregnarte de historia medieval, sus rincones atrapan al viajero desde el primer instante.

Abre bien tu cuaderno de notas y prepárate para recorrer una costa donde el agua turquesa contrasta con el verde intenso de los bosques. A continuación, repasamos los diez lugares esenciales que deben figurar en tu ruta sí o sí.

1. Jardines de Santa Clotilde: elegancia sobre el Mediterráneo

Ubicados sobre un acantilado entre la playa de Fenals y Cala Boadella, los Jardines de Santa Clotilde representan la obra cumbre del novecentismo catalán en jardinería. Diseñados por Nicolau Maria Rubió i Tudurí a principios del siglo XX, carecen de flores coloridas para ceder todo el protagonismo a los cipreses, las fuentes y las esculturas de mármol.

Pasear por sus terrazas escalonadas mientras la brisa marina mueve las copas de los árboles es una experiencia casi mística. Las escalinatas flanqueadas por sirenas de piedra ofrecen una de las postales más icónicas del litoral catalán. (Y sí, es el lugar perfecto para pausar el viaje y tomar fotografías increíbles).

Tip de experta: La entrada general cuesta unos 6 €. Reserva la visita a última hora de la tarde, cuando la luz dorada baña el mar y los grupos de turistas ya han abandonado el recinto.

2. Sa Caleta y la estampa del Castillo d’en Plaja

Al final del paseo marítimo principal, resguardada bajo la silueta de un pintoresco castillo de estilo neogótico, se encuentra Sa Caleta. Esta pequeña cala marinera conserva el encanto tradicional con sus barcas de madera descansando sobre la arena gruesa y las rocas.

El emblemático Castillo d’en Plaja, aunque es una propiedad privada construida a mediados del siglo XX por un industrial gerundense, se ha convertido en el símbolo indiscutible de la localidad. La estampa de la fortaleza encaramada sobre los acantilados de la cala parece sacada de un cuento de piratas.

3. Caminos de Ronda: senderismo al borde del acantilado

Los antiguos senderos de patrulla costera, conocidos como los Caminos de Ronda, son la mejor vía para descubrir la esencia agreste de la zona. El tramo que conecta la playa urbana con Cala Banys y la playa de Fenals ofrece un recorrido accesible y repleto de miradores espectaculares.

Durante la caminata cruzarás la famosa escultura de la Dona Marinera, erigida en 1966 para homenajear a las mujeres de los pescadores. Dice la leyenda local que si tocas el pie derecho de la estatua mientras miras al horizonte, tu regreso al pueblo está garantizado.

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4. Cala Boadella: un paraíso natural y tranquilo

Si buscas huir de las aglomeraciones urbanas, Cala Boadella es tu destino ideal. Esta bahía de 250 metros de longitud mantiene un estado semivirgen gracias al frondoso pinar que la rodea y a que el acceso se realiza únicamente a pie tras recorrer un pequeño sendero de tierra.

Sus aguas cristalinas de tono turquesa y su fondo marino rocoso la convierten en un enclave privilegiado para practicar esnórquel. La playa cuenta con una zona donde se permite el nudismo tradicional de forma totalmente respetuosa y convivencial.

5. Castillo de Sant Joan y la historia medieval

Situado en la cima de la colina que separa la playa principal de la de Fenals, el Castillo de Sant Joan data del siglo XI. Durante siglos sirvió como torre de vigía para defender la costa de los ataques de la piratería mediterránea y las flotas enemigas.

Aunque gran parte de la estructura sufrió daños durante las Guerras Napoleónicas, la torre del homenaje ha sido completamente restaurada. Subir a su parte superior ofrece una vista panorámica de 360 grados sobre toda la franja litoral.

6. Iglesia de Sant Romà y la huella indiana

En pleno centro histórico se alza la Iglesia de Sant Romà, un edificio que no deja a nadie indiferente por su particular mezcla arquitectónica. Construida originalmente en estilo gótico catalán a principios del siglo XVI, fue profundamente reformada en 1914 bajo el sello del modernismo.

Los cúpulas y mosaicos de tejas multicolores de la capilla del Santísimo Sacramento destacan poderosamente entre los tejados del casco viejo. Esta llamativa transformación fue financiada por los «indianos», aquellos emigrantes locales que hicieron fortuna en América y regresaron para enriquecer su ciudad natal.

El destino en TikTok

Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:

@mochilaenlaespalda

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7. Cementerio Modernista: un museo al aire libre

Inaugurado a finales del siglo XIX, el Cementerio Modernista forma parte de la Ruta Europea de Cementerios por la indiscutible calidad artística de sus panteones. Diseñado por el arquitecto Joaquim Artau, el recinto refleja el esplendor económico de las familias indianas de la época.

Escultores de primer nivel como Josep Llimona o Antoni Gallissà dejaron su impronta en panteones repletos de detalles orgánicos, ángeles dolientes y simbología barroca. Es un paseo sereno e impagable para los amantes de la historia y el arte.

8. Santuario de Sant Pere del Bosc

A escasos 5 kilómetros del núcleo urbano, adentrándose en las colinas cubiertas de encinas y pinos, se esconde el Santuario de Sant Pere del Bosc. Este antiguo monasterio benedictino del siglo X fue reconvertido a finales del XIX por orden del indiano Nicolau Font.

El genial arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch se encargó de la remodelación del complejo y de la construcción del Monumento al Ángel en el camino de acceso. Hoy en día alberga un hotel con encanto y un restaurante gastronómico rodeado de pura naturaleza.

9. Probar la gastronomía marinera en el Paseo Verdaguer

El ancho Paseo Jacint Verdaguer, flanqueado por altas palmeras reales y suelo de arena roja, es el eje vertebrador del ocio urbano. A lo largo de esta avenida y en las callejuelas peatonales adyacentes se ubican algunos de los mejores restaurantes de cocina tradicional dálmata y catalana.

No puedes irte sin probar el tradicional suquet de peix (guiso de pescado con patatas), los arroces marineros a la cazuela o un buen plato de gambas frescas de la zona. Para acompañar, nada mejor que un vino blanco bien frío con Denominación de Origen Empordà.

Dato práctico: Para moverte entre el centro urbano, la estación de autobuses y los puntos periféricos como los Jardines de Santa Clotilde o Water World, la red de autobuses urbanos L1 y L2 funciona de forma fluida por unos 1,35 € el billete sencillo.

10. Cala Canyelles y las actividades acuáticas

Ubicada en la salida hacia Tossa de Mar, Cala Canyelles es la playa más septentrional del municipio. Esta amplia bahía de arena dorada alberga además el único puerto deportivo de la localidad, donde atracan pequeñas embarcaciones de recreo y barcos pesqueros.

Es el lugar idóneo para los apasionados del deporte: aquí podrás alquilar tablas de kayak, practicar paddle surf o subirte a un barco turístico para recorrer los acantilados de la Costa Brava desde el mar. Sus extremos rocosos albergan cavidades ideales para bucear.

¿Tienes ya lista la maleta para explorar estos rincones costeros o prefieres empezar planificando tu ruta por los jardines sobre el mar?