En el corazón más verde de La Rioja, entre montes cubiertos de hayedos, se esconde un pequeño pueblo que ha decidido desafiar el tópico. Aquí, el protagonista no son las bodegas ni las viñas infinitas, sino un producto artesanal que madura lentamente en silencio.
A orillas de un río de aguas frías y limpias, con tres barrios históricos conectados por puentes y callejas empedradas, este enclave serrano ha hecho de la ganadería de montaña y de un queso con Denominación de Origen Protegida su carta de presentación más auténtica. Solo quien se adentra en estos valles descubre por qué, aquí, el queso ha terminado eclipsando a los vinos.
Un valle riojano donde el queso manda sobre el vino
En una región conocida mundialmente por sus tintos y sus viñedos infinitos, hay un rincón de La Rioja que se empeña en ir por libre. Rodeado de montes, bosques y prados, este pequeño pueblo serrano ha construido su identidad en torno a un producto mucho más humilde, pero capaz de marcar la diferencia en cualquier mesa: el queso.
El visitante que llega por carretera se encuentra, primero, con un paisaje que no encaja con la imagen clásica de Rioja. En lugar de hileras de cepas, aparecen laderas cubiertas de hayedos, robledales y pastos; en lugar de grandes naves de crianza, pequeñas queserías, casas de piedra y fuentes de agua fresca que recuerdan la importancia del ganado en la economía local. Solo unos kilómetros bastan para entender que esta es otra Rioja, más montañosa, silenciosa y fresca.
Ese escenario conduce a un municipio muy concreto: Torrecilla en Cameros, en plena Sierra de Cameros y a orillas del río Iregua. Aquí, el nombre que resuena entre bares, tiendas y mercados no es el de una bodega, sino el de un producto lácteo con historia: el Queso Camerano, la única variedad riojana amparada por una Denominación de Origen Protegida y el auténtico embajador gastronómico del pueblo.
Torrecilla en Cameros, corazón verde de la sierra
Torrecilla en Cameros ejerce de cabecera natural de los Cameros. Asentada en el alto y medio valle del río Iregua, se extiende a 700 metros de altitud, entre montañas redondeadas y laderas cubiertas de bosque. El caserío se despliega en tres barrios —Barruelo, San Martín y El Campillo— que se reparten a ambos lados del río, algo poco habitual en los pueblos serranos de la zona.
El perfil del pueblo está marcado por la iglesia de San Martín, un templo de origen gótico-renacentista que asoma sobre tejados rojizos y casas de mampostería. A sus pies, las calles estrechas conservan fachadas con escudos, balcones de madera y antiguos palacetes que recuerdan el pasado textil y ganadero de la villa. Durante siglos, la trashumancia y la industria de paños dieron a Torrecilla un dinamismo económico que dejó huella en su arquitectura.
Paseos entre hayedos, fuentes y miradores
El entorno natural es uno de los grandes motivos para detenerse en Torrecilla. Desde el mismo núcleo urbano parten senderos que se internan en bosques de haya y roble, ideales para rutas suaves en familia o para travesías más largas por la sierra. En otoño, el valle se tiñe de amarillos, naranjas y rojos, convirtiendo el paisaje en una paleta de colores que contrasta con el gris de los cantiles rocosos.
Otro de los símbolos del pueblo son sus fuentes y manantiales. La calidad del agua ha marcado la vida local y ha dado lugar a puntos de interés muy frecuentes en las rutas a pie: fuentes de piedra en plazas y cruces de caminos, abrevaderos tradicionales y manantiales históricos en los alrededores. Pasear de fuente en fuente es también una forma de entender la relación entre la sierra, el agua y el queso que se produce en la comarca.
Un casco urbano con historia y personajes ilustres
Más allá del paisaje, Torrecilla mantiene un patrimonio cultural notable. Fue sede de la Nobleza Camerana y conserva casonas blasonadas que hablan de su esplendor en los siglos XVII y XVIII. El puente sobre el Iregua, las ermitas que jalonan los barrios y el trazado de sus calles recuerdan el papel de la villa como punto central de la comarca.
A ello se suma la figura de Práxedes Mateo Sagasta, uno de los grandes políticos españoles del siglo XIX, nacido en Torrecilla. El pueblo acoge hoy el Espacio Sagasta, un centro expositivo dedicado a su vida y legado, que explica su faceta como ingeniero, periodista y presidente del Gobierno. Visitarlo permite sumar historia y contexto a una escapada que, en apariencia, solo iba a girar en torno a la naturaleza y la gastronomía.
Queso Camerano, el sabor que hizo famoso al pueblo
Si hay algo que explica por qué Torrecilla en Cameros es mucho más que un bonito pueblo de montaña, es el Queso Camerano. Se trata de un queso tradicional de la sierra riojana elaborado con leche de cabra, ligado durante siglos a los rebaños que pastaban en estos montes. Su importancia es tal que, desde 2009, cuenta con el sello de Denominación de Origen Protegida, que reconoce oficialmente su origen y método de elaboración.
Las normas de esta denominación, recogidas en la legislación autonómica y estatal, definen un queso que puede presentarse en cuatro estilos principales: fresco, tierno, semicurado y curado, todos ellos elaborados exclusivamente con leche de cabra de la zona. El Consejo Regulador controla tanto la procedencia de la leche como la maduración del producto para garantizar que lo que llega al consumidor mantiene las características tradicionales.
Cómo es el Queso Camerano y por qué destaca
El Queso Camerano se reconoce fácilmente por su forma cilíndrica y por las marcas en la corteza que recuerdan a un trenzado. Antiguamente, ese dibujo procedía de los moldes de mimbre donde se escurría la cuajada; hoy, los moldes modernos reproducen ese relieve para conservar la identidad visual del producto.
- El fresco es jugoso, de textura blanda y sabor lácteo suave, ideal para consumir en ensalada, con aceite de oliva o con miel.
- El tierno mantiene cierta cremosidad, pero comienza a desarrollar aromas más intensos y un ligero punto ácido.
- El semicurado ofrece una pasta más firme y sabores complejos, con notas de frutos secos y hierba seca.
- El curado concentra todo el carácter de la leche de cabra de la sierra, con un sabor profundo y persistente, perfecto para tablas de quesos y maridajes con vinos de guarda.
En los últimos años, la DOP ha impulsado la recuperación de pequeñas ganaderías y queserías ligadas a los Cameros, reforzando la relación entre paisaje, pastoreo y producto final. En Torrecilla, esa historia se percibe en los relatos de los productores, en las cartas de los restaurantes y en los pequeños comercios que presumen de su selección de quesos locales.
Dónde probarlo y cómo organizar la visita
Quien llega a Torrecilla en Cameros buscando naturaleza suele descubrir el queso casi por sorpresa. La mejor forma de conocerlo es pedirlo en los bares y restaurantes del pueblo, donde suele aparecer en raciones, tablas mixtas o integrado en recetas tradicionales: ensaladas templadas, revueltos, salsas para carnes o simplemente acompañado de pan de pueblo y frutos secos.
En las tiendas de alimentación y productos locales es posible comprar piezas enteras o porciones envasadas de distintas curaciones. Muchos establecimientos incluyen información sobre el sello de la DOP y sobre la forma de consumir cada tipo de queso: los frescos y tiernos se recomiendan para tomar recién comprados, mientras que los curados permiten viajar mejor y soportan sin problemas unos días de maduración extra.
Una escapada completa: queso, río y montaña
El atractivo de Torrecilla en Cameros no se agota en el queso. El pueblo es punto de partida ideal para explorar la Sierra de Cameros, acercarse al cercano Parque Natural de la Sierra de Cebollera, recorrer rutas señalizadas por el valle del Iregua o enlazar con otros pueblos serranos como Villoslada, Ortigosa o El Rasillo.
Tras una jornada de senderismo, nada mejor que regresar al casco urbano, cruzar el puente sobre el río, sentarse en una terraza y pedir una copa de vino de Rioja acompañada de una tabla de Queso Camerano. Es entonces, al combinar paisaje, historia y producto local, cuando se entiende la frase que muchos repiten en la zona: en este pueblo entre valles, el queso es, desde hace tiempo, más famoso que sus vinos.









