Qué ver en Cudillero: 10 imprescindibles en la villa más bonita

Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega

Publicado: 09/05/2026 • 22:15
Actualizado: 09/05/2026 • 22:15

Llegar a Cudillero es, básicamente, entrar en una postal que parece desafiar las leyes de la gravedad. Esta villa marinera, escondida en un recoveco de la costa central asturiana, no se expande a lo ancho, sino a lo alto, abrazando un acantilado que convierte sus casas de colores en los palcos de un gran teatro frente al mar. Si buscas que ver en Cudillero, prepárate para una experiencia vertical donde el olor a salitre se mezcla con el humo de las chimeneas y el grito de las gaviotas es la banda sonora permanente.

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A diferencia de otros pueblos del norte, Cudillero tiene una fisonomía única: su centro neurálgico es una plaza que se hunde hacia el puerto, mientras el resto del pueblo trepa por las laderas con una determinación asombrosa. Es un lugar que exige buenas piernas y mejor pulmón, pero que recompensa cada escalón con una perspectiva nueva sobre el Cantábrico. Aquí, el tiempo no lo marcan los relojes, sino las mareas y el regreso de las lanchas cargadas de merluza de pincho o curadillo.

1. La Plaza de la Marina: el Anfiteatro de Cudillero

Es el corazón de la villa y el punto desde donde todo nace. Se la conoce como «el anfiteatro» porque las casas cuelgan de las montañas que rodean la plaza, creando una acústica y una visual que no encontrarás en ningún otro rincón de España. Las fachadas, pintadas de colores vivos (tradicionalmente con la pintura sobrante de los barcos), contrastan con el blanco de los balcones. Es el lugar perfecto para sentarse a tomar una sidra, aunque ten en cuenta que es la zona más turística y los precios de las terrazas lo reflejan.

2. La Ruta de los Miradores

Para entender realmente la magnitud de este pueblo, hay que subir. Cudillero está diseñado para ser visto desde arriba. Existen tres miradores fundamentales que debes visitar: el Mirador del Pico (ofrece la vista más alta y completa), el Mirador de la Garita (frente al faro) y el Mirador de la Estrecha. Recorrerlos te llevará por callejones donde apenas cabe una persona y donde el silencio solo se rompe por el sonido del viento. (Lleva calzado con buen agarre; las cuestas de piedra pueden resbalar con la típica «orbayu» asturiana).

3. El Faro de Cudillero

Situado en la punta de la Atalaya, este faro lleva desde 1858 guiando a los marineros hacia el abrigo del puerto. El paseo para llegar hasta él es llano y muy agradable, bordeando el acantilado con el mar rugiendo a un lado. No se puede visitar el interior, pero el entorno es ideal para sentir la fuerza del Cantábrico y observar cómo los barcos maniobran para entrar en el pequeño puerto pesquero de la villa.

Dato útil: El aparcamiento dentro del pueblo es casi imposible y está restringido a residentes. Lo mejor es dejar el coche en el parking gratuito del puerto (zona nueva) y caminar unos 5-10 minutos hasta el centro. Te ahorrarás muchos nervios.

4. El Puerto Pesquero y el Curadillo

Aunque el turismo ha ganado peso, Cudillero sigue siendo un pueblo que vive del mar. Pasear por el puerto nuevo te permite ver la actividad de la lonja. Pero lo más curioso es buscar los ejemplares de curadillo que cuelgan de algunas ventanas del casco antiguo. El curadillo es un tipo de escualo (lija) que se deja secar al aire durante meses y que era la reserva de alimento de las familias marineras para el invierno. Es una tradición única de esta villa que se resiste a desaparecer.

5. La Quinta de Selgas (El «Versalles» asturiano)

A solo 2 kilómetros del centro, en el Pito, se encuentra este conjunto palaciego y paisajístico del siglo XIX que te dejará con la boca abierta. Es un contraste absoluto con la humildad marinera de la villa. El palacio alberga obras de Goya y El Greco, pero lo que realmente impresiona son sus jardines: una mezcla perfecta de estilo francés, italiano e inglés que ocupa nueve hectáreas. Es, probablemente, el secreto mejor guardado que ver en Cudillero y alrededores.

6. Playa del Silencio (Gavieiru)

Si tienes coche, a unos 15 minutos de Cudillero se encuentra una de las playas más salvajes y hermosas de toda Asturias. No hay arena fina, no hay chiringuitos y no hay cobertura. Es una cala protegida por un enorme acantilado circular que frena la fuerza del mar, haciendo honor a su nombre. El acceso es a pie por un sendero empinado, pero bañarse en sus aguas color esmeralda es una experiencia casi religiosa para los amantes de la naturaleza virgen.

Tip de Lucía: Si visitas la Playa del Silencio, hazlo durante la bajamar. El espacio para estar se multiplica y los colores de las rocas y el fondo marino son mucho más intensos bajo el sol.

7. Cabo Vidio y su «iglesiona»

Es uno de los salientes más importantes de la costa asturiana. Desde aquí, en días despejados, se puede ver desde el Cabo de Peñas hasta el de Busto. Pero lo que no todo el mundo sabe es que bajo el faro de Cabo Vidio se esconde una cueva natural de proporciones gigantescas conocida como «la iglesiona», formada por la erosión del mar. Las vistas desde los acantilados de 80 metros de altura son, sencillamente, vertiginosas.

8. La Capilla del Humilladero

Es el edificio más antiguo de la villa. De estilo gótico, esta pequeña joya era el lugar donde los marineros se encomendaban a Dios antes de salir a faenar y donde daban gracias al regresar. Se encuentra en la subida hacia los miradores y, aunque es sencilla, guarda una carga emocional muy fuerte para los «pixuetos» (así se llaman los habitantes de Cudillero). Es un rincón de paz en medio del bullicio de la plaza principal.

9. Playa de Aguilar

Es la playa de referencia para los habitantes de la zona. De fácil acceso y con todos los servicios, destaca por sus formaciones rocosas que emergen de la arena, como el famoso «Caballón». Es el punto final (o inicial) de la Senda Costera de los Miradores, una ruta de senderismo preciosa que une esta playa con el centro de Cudillero bordeando siempre el litoral.

10. Gastronomía: el sabor de la marea

No puedes irte sin probar el «pixín» (rape), que es el rey de la cocina local. Ya sea frito, en guiso o con arroz, es un imprescindible. Otro plato típico es el arroz con almejas o las calderetas de pescado de roca. Para el postre, pide un trozo de «tarta de la abuela» o unos frisuelos. Acompaña todo con una botella de sidra escanciada al momento y habrás completado el ritual asturiano de forma perfecta.

Cudillero es un lugar que se queda grabado. No es solo un pueblo para ver, es un pueblo para sentir el esfuerzo de sus gentes en cada escalera y la generosidad del Cantábrico en cada plato. Ya sea perdiéndote en sus miradores o descubriendo la paz de sus playas salvajes, esta villa te recordará por qué Asturias siempre invita a volver. ¿Por qué mirador vas a empezar tu ascenso?