Este pequeño pueblo de La Rioja vive una de las fiestas del vino más intensas de España

Pedro Corchado Fontserè

Pedro Corchado Fontserè

Publicado: 17/04/2026 • 09:48
Actualizado: 17/04/2026 • 09:48

En lo alto de un cerro sobre el valle del Ebro, un antiguo castillo románico domina los viñedos de La Rioja Alta y el pequeño municipio de San Asensio, cuya página oficial del Ayuntamiento recuerda que aquí el vino es mucho más que una bebida.

Durante siglos, esta fortaleza fue frontera y vigía frente a los reinos vecinos; hoy observa en silencio un paisaje de bodegas, ermitas y laderas cubiertas de cepas donde cada verano se celebra una de las fiestas del vino más intensas del país, en la que el vino abandona las copas para convertirse en protagonista absoluto.

El escenario es el Castillo de Davalillo y el pueblo al que protege es San Asensio, conocido como la cuna del clarete. Aquí, en julio, los vecinos se lanzan alrededor de 30.000 litros de vino en la popular Batalla del Clarete, una fiesta en la que el vino se convierte en munición y en seña de identidad.

Orígenes defensivos frente al reino de Navarra

El castillo de Davalillo se levanta a unos cinco kilómetros al norte del casco urbano de San Asensio, sobre un cerro aislado que domina el curso del río Ebro y las tierras de la Sonsierra y la Rioja Alta. Su ubicación no es casual: desde aquí se controlaba el paso natural hacia Castilla y se vigilaban los posibles avances del reino de Navarra.

Los historiadores sitúan su construcción entre finales del siglo XII y comienzos del XIII, durante el reinado de Alfonso VIII de Castilla. En ese momento, La Rioja era una zona de frontera disputada, y castillos como Davalillo y el vecino castillo de Briones formaban un sistema defensivo para frenar los ataques navarros y asegurar el control del valle.

La primera mención documentada del castillo aparece en el siglo XIV, cuando Enrique de Trastámara negocia con el rey de Navarra la cesión de varias fortalezas estratégicas. Durante siglos, la tenencia de Davalillo estuvo vinculada a grandes linajes de la nobleza castellana, como los Manrique, duques de Nájera, lo que demuestra la importancia militar y simbólica de la fortaleza.

Arquitectura singular en La Rioja

El castillo de Davalillo está considerado uno de los mejores ejemplos de castillo románico conservados en España. Su planta es poligonal, de siete lados, y está construido íntegramente en sillería de piedra arenisca, lo que le confiere un aspecto compacto y robusto, perfectamente integrado en el paisaje de tonos ocres de la zona.

La muralla presenta potentes cubos cilíndricos en las esquinas y en los tramos intermedios, que reforzaban la defensa de los lienzos. La torre del homenaje, adosada a la muralla en el extremo oriental, es de planta cuadrada y conservó originalmente cuatro pisos, cubiertos por bóvedas de cañón apuntado. En la planta baja se situaba la capilla, cuyo ábside semicircular se aprecia aún en la silueta del conjunto.

En el interior de la fortaleza se observan hiladas de mechinales, ménsulas y rozas que delatan la existencia de construcciones de madera apoyadas en los muros, destinadas a alojar a la guarnición, establos y almacenes. En el exterior se distinguen restos de un recinto adicional, interpretado como la cerca del desaparecido poblado de Davalillo, cuya población fue desplazándose progresivamente hacia San Asensio.

Dato claveCastillo de Davalillo
LocalizaciónCerro sobre el río Ebro, término municipal de San Asensio (La Rioja)
EstiloRománico militar
ÉpocaFinales del siglo XII – comienzos del XIII
Función originalDefensa de la frontera castellana frente a Navarra
Estado actualRuina consolidada en proceso de rehabilitación

San Asensio, la cuna del clarete

San Asensio es un pequeño municipio de poco más de mil habitantes, conocido en La Rioja como la cuna del vino clarete. El paisaje que lo rodea está dominado por viñedos y antiguos barrios de bodegas excavadas en la roca, donde se elaboraban tradicionalmente los vinos de la zona.

Cada año, el domingo más cercano a la festividad de Santiago Apóstol, el pueblo celebra la Batalla del Clarete. A mediodía, vecinos y visitantes se reúnen en el entorno del barrio de bodegas para un singular combate en el que las armas son cubos, sulfatadoras, pistolas de agua y botellas, y la munición son alrededor de 30.000 litros de vino clarete, donados por bodegas y cooperativas del municipio.

Durante la batalla, las camisetas blancas se tiñen de morado y las calles se transforman en un río de vino. La fiesta culmina con las tradicionales “vueltas” por la plaza y un ambiente de hermandad que refuerza el vínculo entre el pueblo y su producto estrella. No se trata solo de diversión: es una manera de reivindicar el trabajo en los viñedos y la cultura del vino que sostiene la economía local.

A pocos kilómetros, en Haro, se celebra la célebre Batalla del Vino, pero la fiesta de San Asensio mantiene un carácter más local y familiar. Ambas formaciones festivas, con decenas de miles de litros de vino de por medio, han convertido a esta parte de La Rioja en referencia mundial de las fiestas vinícolas.

Enoturismo y bodegas bajo tierra

Más allá de la batalla, San Asensio es un destino consolidado de enoturismo. En el antiguo barrio de bodegas se conservan centenares de calados excavados en el siglo XVI, cuando las familias del pueblo almacenaban y elaboraban su propio vino bajo tierra, a temperatura constante durante todo el año.

Algunas de estas bodegas tradicionales siguen activas y pueden visitarse, ofreciendo recorridos por galerías subterráneas, catas comentadas y experiencias inmersivas en la cultura del vino riojano. El visitante puede comprobar cómo la arquitectura popular se adaptó al clima y a las necesidades de conservación del vino, creando un paisaje cultural único.

En el núcleo urbano destacan también la Iglesia de la Ascensión, con elementos góticos y renacentistas, el santuario de Santa María de la Estrella y la ermita de Nuestra Señora de Davalillo, situada a los pies del castillo y rodeada de una pequeña necrópolis medieval. Todo ello completa una visita en la que patrimonio, paisaje y vino forman un conjunto coherente.

Cómo visitar el castillo y planificar la escapada

El acceso al castillo de Davalillo se realiza por una pista que parte de la carretera nacional que une Logroño y Haro, muy cerca del desvío a San Asensio. Tras dejar el vehículo en una pequeña explanada, un sendero corto pero empinado conduce a pie hasta la puerta de la fortaleza, en apenas unos minutos de subida.

La visita es libre, aunque conviene tener en cuenta que el recinto ha sufrido un notable deterioro con el paso del tiempo. En los últimos años se han impulsado proyectos de rehabilitación y consolidación del castillo, con el objetivo de garantizar la seguridad del visitante y convertirlo en un foco de atracción turística estable. Es recomendable informarse previamente en los canales oficiales del municipio o del Gobierno de La Rioja por si hubiera zonas puntualmente cerradas por obras.

Por su emplazamiento elevado y sin sombra, se aconseja llevar calzado cómodo, agua y protección solar, especialmente en verano. La recompensa es un mirador excepcional sobre los viñedos de Rioja Alta, la Sonsierra riojana y localidades como San Asensio, Briones o Haro, que se recortan en el paisaje como islas de piedra entre las cepas.

Ideas de ruta por La Rioja Alta

La visita al castillo de Davalillo encaja perfectamente en una ruta por La Rioja Alta. Desde San Asensio se puede enlazar en pocos kilómetros con Haro, capital histórica del vino de Rioja, con su barrio de bodegas centenarias junto a la estación de tren; o con San Vicente de la Sonsierra, donde otra fortaleza medieval domina el Ebro y la comarca.

Una jornada completa puede combinar la ascensión matinal al castillo, una comida en San Asensio o en alguno de los pueblos vecinos y una tarde de visita a bodegas con cata de vinos. En época de vendimia, el paisaje de viñedos en tonos rojizos y dorados convierte la panorámica desde Davalillo en uno de los grandes espectáculos paisajísticos de la región.

Para quienes viajen en familia, el castillo ofrece una oportunidad didáctica para explicar la historia de la frontera castellana, el papel de las fortalezas medievales y la importancia del vino en la construcción del territorio. Para quienes buscan experiencias más festivas, la Batalla del Clarete y el resto de fiestas del vino de La Rioja garantizan una inmersión total en la cultura local, siempre con sentido de responsabilidad y consumo moderado.

  • Mejor época para la visita tranquila: primavera y otoño, con temperaturas suaves.
  • Para vivir la Batalla del Clarete: domingo más cercano al 25 de julio, con reserva previa de alojamiento.
  • Imprescindible: calzado cómodo para la subida al castillo y ropa que no importe manchar durante las fiestas del vino.
  • Complementos recomendados: visita a bodegas tradicionales, paseo por el barrio de bodegas y parada en miradores sobre el valle del Ebro.