Mirar el estante del aceite de oliva en el supermercado se ha convertido, para muchos, en un deporte de riesgo para la cartera. Hemos normalizado precios que hace tres años nos habrían parecido una broma de mal gusto.
Pero el viento está empezando a cambiar de dirección. Los datos que acaban de salir a la luz dibujan un escenario que va a sacudir las mesas de medio mundo (y sí, el alivio parece estar más cerca de lo que crees).
Seguramente te has preguntado cuánto tiempo más podíamos aguantar con el «oro líquido» a precio de perfume francés. La respuesta no está en el supermercado de la esquina, sino en las previsiones globales de la campaña 2024/25.
El dato es demoledor: el consumo mundial de aceite de oliva subirá un 1,1%. Puede parecer una cifra pequeña, una mota de polvo en el desierto, pero en el lenguaje de los mercados es un grito de guerra.
El despertar del consumo: ¿Por qué ahora?
Llevamos meses apretándonos el cinturón, sustituyendo nuestro virgen extra por otras grasas menos nobles. Pero el Consejo Oleícola Internacional (COI) ha detectado que el hambre de aceite de oliva está volviendo a despertar.
Este incremento del 1% sitúa el consumo global en los 2,7 millones de toneladas. Es la señal inequívoca de que la demanda se está recuperando tras el «shock» de precios que casi nos deja sin aliento (nosotros también echamos de menos las tostadas generosas).
¿Qué significa esto para tu bolsillo? Fundamentalmente, que el mercado espera una mayor oferta. Si el consumo sube es porque hay más aceite disponible y, lo más importante, a un precio que el consumidor vuelve a estar dispuesto a pagar.
Dato clave: La producción mundial para esta campaña se estima en casi 3,1 millones de toneladas. Eso es un 21,4% más que el año pasado. Hay aceite, y eso es una noticia excelente.
España: El motor que vuelve a rugir
No podemos hablar de aceite sin mirar a nuestra casa. España vuelve a ser el epicentro de este terremoto positivo. Las previsiones para nuestro país son, sencillamente, espectaculares en comparación con la sequía anterior.
Se espera que la producción nacional alcance casi los 1,3 millones de toneladas. Un salto de gigante que no solo nos garantiza el suministro, sino que nos posiciona como el líder indiscutible que estabiliza la balanza en toda Europa.

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Otros países como Grecia y Túnez también están haciendo los deberes con incrementos previstos del 58% y 31% respectivamente. El mapa del aceite se tiñe de verde esperanza (del verde de la aceituna recién prensada, claro).
Pero no todo es producir. El secreto del éxito de esta campaña reside en la importación y exportación. El flujo de aceite entre países de la Unión Europea va a crecer un 7%, lo que garantiza que el producto se mueva y los precios no se estanquen en las nubes.
La «letra pequeña» del mercado mundial
Es curioso observar cómo se mueve el mundo. Mientras nosotros celebramos cada céntimo que baja la botella, en lugares como Estados Unidos o Brasil, el interés por nuestro aceite no deja de crecer.
El consumo fuera de los países productores de la UE ya representa una parte masiva de la tarta. Se estima que el resto del mundo consumirá más de 1,4 millones de toneladas. La dieta mediterránea ya no es un secreto nuestro, es un objeto de deseo global.
¿Sabías que esto también afecta a la calidad? Con una mayor producción, las almazaras tienen margen para seleccionar mejor el fruto. No solo vamos a tener más aceite, es muy probable que este año el Virgen Extra sea de una categoría superior.
Este aumento de la oferta sirve como un escudo protector contra la especulación. Cuando hay abundancia, los que intentan inflar los precios de forma artificial se quedan sin argumentos. Es la ley pura del mercado favoreciendo, por una vez, al consumidor final.
Ojo al dato: Aunque la producción sube un 21%, el consumo solo sube un 1%. Esto genera un excedente que suele presionar los precios a la baja en los próximos meses.
¿Cuándo notaremos el cambio real?
La pregunta del millón es: ¿Cuándo dejaré de pagar una fortuna por el litro? La maquinaria de la campaña 2024/25 ya está en marcha. Los expertos sugieren que la estabilización será gradual pero imparable.
No esperes que el precio caiga a plomo mañana por la mañana. Los stocks todavía tienen que renovarse, pero el cambio de tendencia es una realidad física. El miedo al desabastecimiento ha desaparecido por completo del mapa.
Estamos ante el fin de la era de la escasez. Ese 1% de aumento en el consumo es la prueba de que el consumidor ha resistido el envite y ahora vuelve a reclamar su lugar en la dieta diaria.
Si estabas pensando en hacer acopio de aceite, quizás te convenga esperar un poco. La lógica dice que el tiempo juega a tu favor. La abundancia está llamando a la puerta de las almazaras y el mercado ya ha tomado nota.
Al final, parece que el sentido común y las buenas cosechas nos van a devolver ese lujo cotidiano que nunca debió ser tan caro. Ha sido una espera larga, pero el 2025 promete ser el año en el que el aceite de oliva vuelva a ser el rey de nuestra cocina sin pedir permiso a nuestra cuenta corriente. ¿Ya tienes preparada la aceitera para lo que viene?







