El ciclo vegetativo de la vid marca su rítmico camino en la estación otoñal
Las bajas temperaturas, tan característicamente esperadas para marcar el comienzo del otoño, tiene una marcada y singular influencia en el ciclo vegetativo de la vid. Un proceso que, de forma lenta pero segura, inicia una nueva etapa. Guiado por la caída de las hojas y la disminución de la temperatura, esta planta toma un camino de reposo hasta la llegada de las condiciones climáticas propicias en la primavera.
El Reposo Invernal: un proceso vital para la vid
El proceso está dividido en varias fases. Tras la vendimia, el final de la etapa de maduración, occurs la caída de las hojas de la vid que es empujada por ráfagas de vientos otoñales. Este evento marca el inicio del reposo invernal de la vid. La planta cesará sus actividades de crecimiento y reparación y entrará en un estado de letargo.
Este reposo, lejos de ser un periodo de inactividad es, en todo caso, un tiempo de preparación y de resistencia. Durante este tiempo, la vid se centra en enfrentarse a las inclemencias climáticas, acumulando lípidos y aminoácidos que serán utilizados para protegerse del frío y prepararse para el siguiente ciclo vital.
Sumado a esto resaltan dos funciones muy importantes: la primera es que este periodo de descanso contribuye también al control de plagas y enfermedades, naturales en la vid. En segundo lugar, permite fortalecer la planta internamente, asegurando un brote de calidad para cuando las condiciones sean las idóneas.
Con el avance del invierno y la llegada de la primavera, las plantas despiertan de su letargo y comienzan a utilizar los recursos acumulados para expandirse y dar lugar a nuevos sarmientos y, finalmente, a los ansiados racimos de uvas. Este fenómeno, llamado brotación, marca el comienzo del siguiente ciclo vital de la vid, y es un hecho celebrado por viticultores en todo el mundo. El brote de calidad es siempre un indicativo de un inicio exitoso y prometedor para la siguiente cosecha.
Por tanto, la vid, con sus ciclos y etapas claramente diferenciadas, se configura como un testigo vivo del cambio de las estaciones. Un formidáble ciclo vegetativo que permite que esta planta, tan vital para la elaboración de vinos, sea capaz de sobrevivir y florecer año tras año.

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