El pueblo de Girona con 185 habitantes donde nació Pau Cubarsí: no tiene escuela ni campo de fútbol

Publicado: 23/10/2026 • 13:14
Actualizado: 23/10/2026 • 13:32
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Las grandes canteras europeas presumen de instalaciones de última generación y métodos casi científicos. El caso de Pau Cubarsí desmiente que sean imprescindibles. El central del FC Barcelona, que irrumpió con solo 17 años en Montjuïc con una serenidad impropia de su edad, procede de un pueblo de Girona en el que ni siquiera hay campo de fútbol.

Para entender al jugador conviene conocer ese lugar, el taller familiar y los campos de tierra en los que empezó a destacar.

Estanyol, el pueblo de Pau Cubarsí

El punto de partida es Estanyol, un núcleo de apenas 185 habitantes. No tiene escuela, tampoco guardería ni, por supuesto, un terreno de juego reglamentario.

La escala del pueblo se resume en un dato: entre el cartel de entrada y el de salida hay unos 350 metros. En un enclave así, la misa se oficia una vez al mes y todo el mundo conoce a todo el mundo (lo cual, con un vecino en el Barça, multiplica las conversaciones).

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Cuatro generaciones de carpinteros

El apellido Cubarsí está ligado a la Fustería Cubarsí, la carpintería que fundó su bisabuelo Joan en los años cuarenta. Hoy la llevan su padre y su tío, que siguen reparando muebles y persianas para la comarca.

Es una historia de oficio y trabajo diario. En el pueblo lo recuerdan bien: Maria, vecina de 92 años, cuenta que el bisabuelo llegó incluso a afeitar a los vecinos porque en Estanyol no había barbero.

Testimonio: «Es una familia muy trabajadora de toda la vida», resume Maria, que conoce el apellido desde hace décadas.

Del Vilablareix al Barça

Antes de convertirse en defensa, Cubarsí era un delantero temible. En el Vilablareix, su primer club, recorría el campo de punta a punta y terminaba las jugadas en gol.

Su primer entrenador, David García, recuerda la reacción de los equipos contrarios cuando lo veían en el once rival. La frase que circulaba por los campos de la zona era siempre la misma:

La anécdota tiene su ironía: el chico que aterrorizaba a los porteros acabó dedicándose a lo contrario, a desactivar atacantes.

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Pero la lectura del juego y la seguridad con el balón ya estaban ahí, solo cambiaron de zona del campo.

«Hostia, hoy jugamos contra Pau». Así lo recuerda David García, primer entrenador de Cubarsí.

La progresión fue rápida. Del Vilablareix pasó al Girona, y en 2018 dio el salto a la estructura formativa del Barcelona.

Cabeza levantada y empatía

Los que lo vieron crecer insisten menos en lo físico que en lo humano. Cuentan que, con seis años, tras marcar corría a consolar a su portera si esta había encajado antes un gol.

El otro rasgo que repiten es técnico. Mientras sus compañeros miraban la pelota, él jugaba con la cabeza levantada, buscando el pase y el espacio. Es precisamente la virtud que hoy se le reconoce al sacar el balón desde atrás, una cualidad que inevitablemente evoca a centrales como Gerard Piqué o Carles Puyol.

El orgullo de un pueblo diminuto

En Estanyol, los vecinos hacen cola para que les firme una camiseta. Sus amigos de la infancia quieren la del dorsal 33, conscientes de que alguien de su pueblo ha llegado a la élite.

Mientras tanto, su padre sigue en el taller. Le enorgullece que su hijo apenas tenga vacaciones porque está ocupado frenando a algunos de los mejores delanteros del mundo.

Queda la pregunta que se hace medio país: ¿tiene la selección en Cubarsí al central de referencia para los próximos años? Lo que sí parece claro es que la precisión de una familia de carpinteros, donde un milímetro importa, se nota en cada pase.

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