El paraíso secreto de aguas cristalinas donde se esconde Ángels Barceló tras abandonar los micrófonos este verano

Pedro Corchado Fontserè

Pedro Corchado Fontserè

Publicado: 08/07/2026 • 17:20
Actualizado: 08/07/2026 • 17:22

El ritmo frenético de la actualidad siempre termina cobrándose su peaje más alto. Lo sabemos de sobra, pero casi nadie se atreve a bajarse del tren en marcha cuando está en la cima del éxito profesional.

Una de las voces más respetadas de la radio española ha dicho basta. Tras más de dos décadas madrugando para contar lo que pasa en el mundo, la periodista ha tomado una decisión radical que ha sacudido los cimientos de la comunicación.

El adiós definitivo a los micrófonos de la Cadena SER

Hablamos de Ángels Barceló, que a sus 62 años ha confirmado oficialmente que el próximo 31 de agosto de 2026 cerrará su etapa en las mañanas radiofónicas. No se trata de un simple descanso vacacional; la comunicadora no renovará su contrato para romper con los corsés del directo diario.

¿Qué hace alguien que ha vivido pegado a un micrófono durante cuarenta años cuando de repente se apaga la luz roja del estudio? La respuesta no está en la gran ciudad ni en los eventos sociales de Barcelona. Está en un rincón del Mediterráneo que ha protegido con absoluto secretismo.

El refugio definitivo de la periodista se encuentra en las islas Baleares, lejos de los focos mediáticos. Un rincón blanco y silencioso que se ha convertido en su búnker particular para recuperar el sueño perdido tras media vida despertándose a las cuatro de la madrugada.

Sant Lluís, el pueblo blanco de esencia francesa

El escondite elegido tiene nombre propio y se llama Sant Lluís. (Sí, ese pequeño municipio de apenas 7.000 habitantes situado en el extremo sureste de la isla de Menorca).

Un lugar que conserva intacta la arquitectura que dejaron los franceses en el siglo XVIII y donde el tiempo parece haberse congelado.

Para entender la obsesión de los rostros más conocidos de la televisión y la radio con este enclave, hay que perderse por sus calles. Sus casas encaladas, de un blanco nuclear que deslumbra bajo el sol balear, contrastan con el verde de los campos que rodean el casco urbano.

Menorca - Sant Lluís

El gran orgullo de los locales es la imponente iglesia de Sant Lluís, un templo neoclásico construido en honor al rey Luis XV de Francia.

Es el epicentro de un trazado ortogonal perfecto, diseñado por ingenieros militares, que invita a pasear sin prisa y, sobre todo, sin mirar el reloj.

La verdadera magia de este municipio no está solo en sus calles interiores. Su término municipal esconde algunas de las calas más salvajes y deseadas de todo el archipiélago mediterráneo, auténticas piscinas naturales de agua turquesa.

Si buscas las playas con las que sueñas durante todo el invierno, aquí las tienes a un paso. Rincones emblemáticos como Binibeca, Alcaufar o Punta Prima ofrecen lenguas de arena fina y aguas tan transparentes que los barcos parecen flotar en el aire. Es el paraíso del buceo y del descanso absoluto.

Cómo llegar y dónde perderse en el edén menorquín

Llegar a este refugio es sumamente sencillo desde cualquier punto de la península. El municipio se encuentra a escasos diez minutos en coche desde el aeropuerto de Mahón, la capital de la isla, conectado a través de la carretera Me-8. Es una escapada perfecta para desconectar de un plumazo.

Una vez allí, la recomendación de los que conocen bien la zona es clara. Aparca el vehículo cerca de la avenida principal y déjate llevar a pie hacia el famoso Molí de Dalt, un antiguo molino de viento del siglo XVIII que hoy funciona como museo etnológico y vigía del pueblo.

La vida en Sant Lluís se rinde al concepto del slow travel. Aquí no verás grandes complejos hoteleros ni discotecas ruidosas; mandan los pequeños hoteles de interior, los comercios de artesanía local y las terrazas donde los vecinos charlan al caer la tarde mientras disfrutan de una pomada bien fría.

Gastronomía con sabor a mar y campo

El esfuerzo de recorrer sus cuestas y senderos costeros se premia directamente en el plato. La cocina de esta zona de Menorca es un homenaje al producto de proximidad, combinando los frutos del mar con la rica tradición ganadera del interior de la isla.

El rey indiscutible de cualquier mesa menorquina es la caldereta de langosta, un guiso marinero tradicional cocinado a fuego lento en cazuela de barro. Tampoco puedes marcharte sin probar el clásico queso de Mahón con denominación de origen o los embutidos artesanos como la sobresada y el cuixot.

¿Sabías que esta zona también destaca por la recuperación de sus viñedos antiguos? Varias bodegas locales de Sant Lluís han logrado producir vinos de excelente calidad bajo la mención geográfica de Vi de la Terra Illa de Menorca, perfectos para maridar con un pescado fresco del día.

La decisión de la periodista de mudarse aquí este verano demuestra que, a veces, la mayor riqueza no es el éxito profesional, sino ser dueño absoluto de tu propio tiempo. Si estás planeando tus próximas vacaciones y buscas paz real, las plazas en los alojamientos rurales de la isla vuelan.

¿Vas a seguir aplazando ese viaje al Mediterráneo auténtico mientras ves cómo los demás encuentran su oasis particular en las islas?