El refugio secreto de Sergio Dalma en Girona: un pueblo medieval con el castillo que Dalí regaló por amor

Pedro Corchado Fontserè

Pedro Corchado Fontserè

Publicado: 24/04/2026 • 12:10
Actualizado: 24/04/2026 • 12:10

Hay lugares que parecen diseñados para detener el tiempo y proteger la intimidad de quienes los habitan.

En el corazón de Girona, lejos de los flashes y el ruido de las grandes giras, existe un refugio de piedra donde el silencio solo lo rompe el viento del Ampurdán.

Hablamos de Púbol, un núcleo medieval de menos de 150 habitantes que se ha convertido en el santuario personal de Sergio Dalma.

El artista catalán no es el único que cayó rendido ante la paz de estas calles; antes que él, el mismísimo Salvador Dalí eligió este rincón para sellar una de las historias de amor más extrañas y fascinantes del siglo XX.

El pacto de amor oculto en un castillo gótico

La joya de la corona es, sin duda, su castillo gótico-renacentista, una fortaleza del siglo XI con una historia que parece sacada de una novela romántica de vanguardia.

En 1968, Dalí compró este edificio para regalárselo a su musa, Gala, con una condición que hoy nos parece asombrosa.

El pintor solo podía acceder al castillo si recibía una invitación por escrito de su propia esposa.

Púbol no es solo un pueblo, es el escenario de un triángulo de arte y misterio que conecta el pasado surrealista con el presente más exclusivo.

Hoy, el Castillo Gala Dalí forma parte del Triángulo Daliniano y es un museo que esconde elefantes con patas de insecto y fuentes que rinden culto a Wagner en su jardín afrancesado.

Caminar por sus estancias es descubrir la cúpula celeste que el genio dedicó a su mujer y contemplar los vestidos de alta costura que ella guardaba celosamente.

Por qué Sergio Dalma eligió este rincón para vivir

No es difícil entender por qué alguien que vive bajo el foco mediático elegiría Púbol como hogar permanente.

Según recogen fuentes como Idealista, el cantante busca en estas tierras la conexión con lo esencial y la calma que solo ofrece el entorno rural del Baix Empordà.

Es un entorno de campos y viñedos donde el anonimato es el mayor de los lujos.

Aquí, el ritmo lo marcan las estaciones y la arquitectura civil de una aldea que conserva intacta su esencia medieval.

El plan perfecto para un invierno diferente

Si buscas una escapada para los meses de frío, este destino es imprescindible por su atmósfera mística y recogida.

La visita comienza en la iglesia gótica de Sant Pere, del siglo XIV, y continúa con un paseo pausado por sus calles empedradas.

Pero el verdadero placer de invierno en esta zona de Girona llega a través del paladar.

La gastronomía local es un abrazo caliente para el viajero: desde la contundente escudella catalana hasta el tradicional suquet de peix.

Tampoco puedes marcharte sin probar el clásico mar y montaña, como el pollo con cigalas, que resume la identidad de esta comarca.

Tip de experto: En el garaje del castillo aún descansa el Cadillac negro que trasladó a Gala en su último viaje; una imagen que hiela la sangre y fascina a partes iguales.

Un viaje al corazón del Empordà más íntimo

Púbol fue también el último taller de Dalí, el lugar donde se refugió tras la muerte de su amada hasta que un incendio lo obligó a marcharse.

Actualmente, los restos de Gala descansan en un mausoleo dentro de la propia fortaleza, convirtiendo el pueblo en un lugar de peregrinación casi espiritual.

Si decides visitar este enclave, estarás a un paso de otros pueblos mágicos como Peratallada o Monells, completando una ruta de ensueño.

Es el momento de descubrir por qué los artistas más grandes necesitan, a veces, desaparecer del mapa.

¿Te animas a perderte por las mismas calles que recorre Dalma cada mañana?