En el extremo sur de La Rioja, entre barrancos boscosos y puertos de montaña, se esconde una comarca donde la vieja trashumancia dejó algo más que recuerdos. Hoy los rebaños ya no descienden en masa por las cañadas, pero las casonas de piedra, los escudos heráldicos y los caminos de montaña recuerdan un pasado de largas rutas entre la meseta y el valle del Ebro.
En estas laderas, declaradas espacio natural protegido y salpicadas de hayedos, surgieron pequeñas localidades que vivieron del ganado, de las telas de lana y, más tarde, del dinero que llegaba de América. Un viaje rápido por el Parque Natural de la Sierra de Cebollera y por el Museo de la Trashumancia de la Venta de Piqueras basta para intuir hasta qué punto la economía pastoril moldeó el paisaje y la vida cotidiana.
Un sur de La Rioja marcado por la trashumancia
En el extremo sur de La Rioja, entre barrancos boscosos y puertos de montaña, se esconde una comarca donde la vieja trashumancia dejó algo más que recuerdos. Hoy los rebaños ya no descienden en masa por las cañadas, pero las casonas de piedra, los escudos heráldicos y los caminos de montaña recuerdan un pasado de largas rutas entre la meseta y el valle del Ebro.

En estas laderas, declaradas espacio natural protegido y salpicadas de hayedos, surgieron pequeñas localidades que vivieron del ganado, de las telas de lana y, más tarde, del dinero que llegaba de América. Un viaje rápido por el Parque Natural de la Sierra de Cebollera y por el Museo de la Trashumancia de la Venta de Piqueras basta para intuir hasta qué punto la economía pastoril moldeó el paisaje y la vida cotidiana.
La sierra que hoy es parque natural
Ese escenario se concentra en la Sierra de Cebollera, uno de los grandes sistemas montañosos del centro-sur riojano. Sus cumbres redondeadas superan los 2.000 metros y entre ellas se encajan valles profundos por los que discurren los ríos Iregua y Piqueras. Durante siglos, estos pastos de altura fueron el destino de miles de ovejas que cada verano buscaban aquí el fresco y la hierba abundante.
El paisaje que hoy encuentra el viajero es el resultado de ese uso intensivo y de la posterior recuperación del bosque. Pinares, hayedos, abedulares y robledales cubren gran parte de las laderas, mientras que en los altos se distinguen antiguas majadas, chozos de piedra seca y restos de veredas que recuerdan la época dorada de la ganadería trashumante.
Camino de pastores y de indianos
Las cañadas reales que cruzan este sector de Cameros conectaban la meseta castellana con los puertos del Cantábrico y del Mediterráneo. Por ellas se movían los rebaños, pero también la información, las modas y el dinero. La lana merina que se esquilaba en estas sierras viajó a los grandes centros textiles europeos y enriqueció a varias familias locales. Más tarde, muchos vecinos emigraron a América y regresaron como indianos, levantando casonas que hoy rompen la línea de la arquitectura tradicional.

El resultado es un paisaje humano muy particular: pueblos pequeños, con menos de un millar de habitantes, salpicados de caseríos serranos, palacetes con balcones corridos, fábricas de telas ya silenciosas y ermitas ligadas a antiguas romerías ganaderas. Todo ello conectado por senderos señalizados que permiten recorrer, a pie, los mismos caminos que utilizaron pastores y comerciantes.
Villoslada de Cameros: portal de madera y agua
Uno de los grandes protagonistas de este sur riojano es Villoslada de Cameros, asentado en el curso alto del río Iregua. El pueblo se derrama por la ladera, con un caserío apretado en el que conviven casas populares del siglo XVI, grandes casonas dieciochescas y edificios vinculados a la antigua industria lanera, como la Real Fábrica de Telas que llegó a emplear a buena parte de la población.
Sobre el pavimento empedrado del puente que da acceso a la localidad se aprecia una rosa de los vientos de piedra que ya anuncia el carácter viajero del lugar. Al otro lado, frente al río, se distinguen varias viviendas levantadas a finales del siglo XIX por indianos que regresaron de América con fortuna. Son casas de mampostería cuidada, miradores acristalados y detalles modernistas que contrastan con las construcciones serranas tradicionales.
Un paseo autoguiado recorre los puntos clave del casco urbano: escudos nobiliarios, corrales, antiguos pajares, la iglesia parroquial y las denominadas “casas de indiano”. Las placas en el suelo y pequeños paneles interpretativos ayudan a entender cómo la ganadería, el comercio de la lana y la emigración fueron dando forma a esta pequeña capital serrana.
Senderos imprescindibles en torno al río Iregua
Villoslada es también la puerta de entrada a algunas de las rutas de senderismo más populares de La Rioja. A pocos kilómetros del núcleo, por una carretera de montaña, se llega a la ermita de la Virgen de Lomos de Orios, un conjunto barroco rodeado de praderas donde todavía se celebran romerías de fuerte sabor pastoril. Desde su aparcamiento parte la senda más famosa del parque.
- Cascadas de Puente Ra. Ruta circular de unos 6–7 kilómetros que atraviesa pinares, pequeños claros de pasto y un hayedo sombrío antes de alcanzar una sucesión de cascadas encajadas en roca. Es una marcha accesible para senderistas habituales, ideal en primavera y otoño, cuando el caudal del río y el color del bosque están en su mejor momento.
- Sendero de la Virgen. Une el pueblo con la ermita de Lomos de Orios siguiendo un camino tradicional que utilizaban los vecinos en las romerías. Permite entender la relación entre el núcleo urbano y los espacios de pasto de altura, y ofrece buenas vistas del valle del Iregua.
- Ruta de la Dehesa y majadas. Trayecto suave que discurre entre rebollares y pastizales, salpicado de chozos de pastores y cercados de piedra donde se recogía el ganado durante la noche.
En el propio Villoslada se encuentra el centro de interpretación del parque natural, con una exposición que explica la geología, los bosques y, sobre todo, la cultura pastoril que ha modelado la comarca.
Lumbreras de Cameros: cuando la lana hacía fortunas
Unos kilómetros más al este, sobre el valle del río Piqueras, aparece Lumbreras de Cameros. Durante el siglo XVIII llegó a conocerse como “la corte de la sierra” por la concentración de grandes ganaderos trashumantes que residían aquí. Documentos fiscales de la época describen rebaños de varios miles de ovejas atendidos por decenas de pastores, y un caserío con cientos de edificios, muchos de ellos auténticos palacios rurales.
Las cifras ayudan a entender por qué esta parte de Cameros se convirtió en uno de los focos ganaderos más prósperos del norte peninsular. Las cabañas de Lumbreras competían en prestigio con las más reputadas de Europa, y la lana que salía de sus majadas se vendía en mercados lejanos. Esa riqueza se tradujo en casas blasonadas, escudos tallados en las fachadas y una red de caminos y puentes que todavía hoy estructura el término municipal.
Emigración, indianos y patrimonio disperso
Cuando la trashumancia comenzó a decaer, muchos vecinos de Lumbreras y de sus aldeas optaron por emigrar. Una parte lo hizo a América y, como en otras zonas de La Rioja, algunos regresaron con capital suficiente para invertir en el pueblo: remodelaron viviendas, levantaron nuevas casas, apoyaron obras religiosas y financiaron la educación de generaciones posteriores.
El resultado es un patrimonio disperso en el que se mezclan restos de torres defensivas, ermitas rurales, casonas con galerías acristaladas y antiguas cabañas de esquileo. Para contextualizar este fenómeno, resulta interesante relacionar la visita con otros recursos de la comunidad, como el Centro de la Emigración Riojana, que explica el alcance del éxodo hacia América y su impacto en los pueblos serranos.
Una ruta entre dos pueblos que engancha
Entre Villoslada y Lumbreras discurre uno de los tramos más atractivos de la Vía Romana del Iregua, hoy habilitada como sendero de largo recorrido. El antiguo camino, que unía el entorno de Logroño con el puerto de Piqueras, sigue el fondo del valle entre bosques de ribera, antiguos muros de piedra y restos de calzada.
La etapa entre ambos pueblos ronda los seis o siete kilómetros y se realiza en unas dos horas y media, siempre a ritmo tranquilo. A lo largo del recorrido se cruzan pastizales aún utilizados por el ganado, áreas recreativas junto al río y pequeños miradores naturales desde los que se entiende la posición estratégica de estos núcleos en el sistema de comunicaciones histórico entre Soria y La Rioja.
Cómo organizar una escapada a la Sierra de Cebollera
Cualquier estación es buena para visitar los pueblos del sur de La Rioja, pero el paisaje cambia de forma notable. El otoño tiñe de dorado los hayedos y hace especialmente fotogénicas las cascadas; la primavera ofrece más caudal en ríos y arroyos, mientras que el verano regala temperaturas suaves en altura y noches frescas. En invierno, las nevadas pueden complicar el acceso a las zonas más elevadas, aunque añaden un punto de silencio y autenticidad a la experiencia.
Lo ideal es disponer de al menos un fin de semana completo. Un día puede dedicarse a recorrer Villoslada y sus senderos más cercanos, y otro a explorar Lumbreras, la Venta de Piqueras y alguna etapa de la Vía Romana del Iregua. Con más tiempo, se pueden enlazar rutas hacia otras sierras riojanas y descubrir pueblos como Ortigosa, Torrecilla o las 7 Villas del Alto Najerilla.
Consejos prácticos para el viajero
- Alojamiento. Tanto Villoslada como Lumbreras cuentan con casas rurales, pequeños hostales y apartamentos turísticos. Conviene reservar con antelación en fines de semana de otoño y durante agosto, cuando la afluencia aumenta.
- Visitas culturales. El museo de la trashumancia en Venta de Piqueras, el centro de interpretación del parque natural y las audio-guías municipales permiten profundizar en la historia ganadera e indiana de la zona.
- Senderismo seguro. Las rutas están señalizadas, pero es recomendable llevar mapa o track, ropa de abrigo incluso en verano y agua suficiente. En días de niebla o meteorología adversa es mejor limitarse a los itinerarios más sencillos.
- Respeto al entorno. Muchas pistas siguen siendo utilizadas por ganaderos. Hay que cerrar portillas, no acercarse a los rebaños con perros sueltos y evitar abandonar los senderos para proteger pastos y zonas de regeneración forestal.
- Gastronomía local. En los restaurantes y ventas de la zona destacan los guisos de cordero, las migas, los embutidos y los quesos de Cameros, herencia directa de la tradición pastoril.
Entre bosques, cascadas y casonas inesperadamente refinadas para un entorno de montaña, estos pueblos del sur de La Rioja permiten seguir el rastro de una época en la que la lana y los viajes al otro lado del océano cambiaron para siempre el destino de la sierra.









