Los viticultores de La Mancha se enfrentan al reto más importante del año: la poda

Publicado: 02/01/2026 • 12:43
Actualizado: 02/03/2026 • 16:03
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La Navidad en La Mancha no huele solo a mazapán y brasas encendidas. Huele, también, a sarmientos recién cortados, a tierra húmeda y a un silencio quebrado solo por las tijeras que podan sueños de vino. Porque aunque el frío se instale sin pedir permiso y la vid parezca dormida, en realidad está más viva que nunca. Es tiempo de poda, una de las tareas más decisivas –y menos valoradas– de todo el calendario agrícola. Y sí, es tan importante como suena.

Mientras las copas ya se llenan con los jóvenes vinos de la vendimia 2025 —recordada no solo por su calidad, sino también por su escasez debido a un verano que parecía una sauna—, los viticultores manchegos se lanzan a los campos. ¿Vacaciones? Nada de eso. Aquí, entre cepas que esperan su destino, empieza la verdadera batalla por el vino perfecto.

Dormida por fuera, activa por dentro

La vid entra en su letargo invernal. Pero eso no significa que esté muerta. Al contrario. Es ahora, en ese aparente descanso, cuando el futuro se decide. Porque de la poda que se haga en enero, dependerá la calidad de la copa de vino que te tomes en diciembre. Parece exagerado, pero no lo es.

Miguel Luis Casero vocal y agricultor observa el vinedo en espaldera
Los viticultores de La Mancha se enfrentan al reto más importante del año: la poda 4

«Cada cepa es un mundo. Hay que observarla, entenderla, respetarla», afirma Miguel Luis Casero, viticultor y vocal del Consejo Regulador de la DO La Mancha. Sus palabras no son retórica poética. Son ley en el campo. No se trata de cortar por cortar. Se trata de anticipar, equilibrar y, sobre todo, elegir: qué yema vive, qué yema muere. De esas decisiones milimétricas depende el vigor de la planta, su sanidad y, por supuesto, la cantidad —y calidad— de uvas que ofrecerá la próxima campaña.

Una poda mal hecha, un vino perdido

No es alarmismo, es realidad. Una poda descuidada puede desencadenar una serie de catastróficas desdichas: enfermedades fúngicas, desequilibrio en la planta, brotes débiles y, lo peor, una cosecha que no esté a la altura de los estándares de calidad que exige la Denominación de Origen. Y en La Mancha, el listón no está precisamente bajo.

La poda es una labor invernal muy importante para la produccion del proximo ano
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Por eso se insiste tanto en la poda en seco, esa poda invernal que se realiza en pleno frío, cuando la vid parece dormida pero está tomando decisiones cruciales. Un cultivo leñoso como la vid necesita cortes limpios, estratégicos, quirúrgicos casi. Y no es solo técnica, es experiencia, es intuición, es oficio heredado de generación en generación.

Espaldera vs. vaso: dos mundos, una misma precisión

En las fincas donde la conducción se hace en espaldera, el protocolo es claro: “cuatro o cinco pulgares a cada lado del brazo”, sentencia Casero. Nada más, nada menos. Cada pulgar contará con dos yemas, y de ahí brotarán los pámpanos futuros. Todo perfectamente calculado. Una especie de geometría vegetal destinada a equilibrar producción y calidad.

Pero si hay una imagen que define a La Mancha, esa es la de la vid en vaso. Un sistema tradicional que, además de bonito, es exigente. La poda aquí es arte puro. El objetivo: que la cepa parezca una pequeña silla, como dicen los agricultores más veteranos. Cortar los pulgares viejos y dejar solo los nuevos, seleccionando cuidadosamente las yemas. Porque sí, en el campo también se practica la cirugía estética, y muy fina.

Ángel Muela, podador de Pedro Muñoz, lo explica con una sencillez que impresiona: «Una buena poda se nota cuando la cepa parece lista para sentarse, como una butaca bien hecha». Poesía agrícola, pura y dura.

Y luego, la segunda vuelta

Por si alguien pensaba que con esto se acababa el trabajo, llega la poda en verde. Más adelante, ya en primavera, los viticultores vuelven a las viñas para eliminar los brotes no deseados. Es una segunda limpieza, un perfeccionamiento. Aquí se eliminan los sarmientos que no sirven, los que restan en lugar de sumar, los que distraen a la planta de su misión principal: producir uvas sanas y equilibradas.

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Vino de calidad, desde la raíz

Todo este esfuerzo no es para hacer bonito. Es para garantizar lo que el Consejo Regulador de la Denominación de Origen La Mancha no se cansa de repetir: la calidad empieza en el campo. Y más aún, en la poda. Esa labor silenciosa, paciente, meticulosa, que no sale en las portadas pero que sostiene todo lo demás.

Cada corte es una promesa. Cada yema que se deja vivir es una apuesta por el futuro. Y aunque el consumidor final no lo vea, en cada sorbo de vino hay una historia de esfuerzo, precisión y amor por la tierra.