Lo hemos visto encarnar a todo tipo de personajes, pero en la vida real, José Coronado tiene un papel protagonista claro: el de un madrileño orgulloso que, a pesar del éxito, sigue mirando al pasado.
Aunque muchos lo asocian con la vida de lujo, José Coronado tienen su corazón sigue anclado en las calles donde dio sus primeros pasos.
No, no fue en los barrios de moda ni en las urbanizaciones VIP. Su origen es puro Chamberí. El actor ha confesado recientemente, al recibir la Gran Cruz del Dos de Mayo, que ser un «gato» nacido en la Plaza de Chamberí es el mayor orgullo que puede sentir un actor enamorado de su ciudad.
El refugio secreto lejos del ruido
A pesar de ese amor incondicional por la capital, José Coronado ha aprendido que el ritmo frenético de Madrid a veces agota. Por eso, cuando el foco se apaga y el rodaje termina, el intérprete hace las maletas y se pierde en su finca de Toledo.
Un lugar que, lejos de ser una simple casa de campo, es su verdadero búnker contra el estrés.
Este terreno, ubicado en las inmediaciones de El Álamo —justo en la frontera entre Madrid y Castilla-La Mancha—, es el centro de gravedad de su vida familiar. Allí no está el actor, está la persona. Y no está solo: gran parte de su familia, incluidas sus hermanas y su hijo Nicolás Coronado, han echado raíces en municipios cercanos como Casarrubios del Monte.
El dato: Mientras el resto de famosos busca mansiones en La Finca o La Moraleja, José Coronado prefiere la conexión directa con la tierra y el silencio que ofrece la provincia toledana.
Los rincones que lo mantienen atado a la capital
Pero que no te engañen las largas estancias en Toledo; José Coronado sigue siendo un animal de ciudad. Si quieres encontrarle, olvida el centro neurálgico de los negocios.
Él tiene sus puntos de evasión particulares. Uno de sus lugares sagrados son Las Vistillas, entre San Francisco el Grande y la Almudena.
Es ahí, donde las puestas de sol parecen detenerse, donde el actor conecta con esa Madrid que no sale en las guías turísticas. Es su particular punto de fuga dentro de la ciudad, un remanso de paz antes de regresar al aislamiento de su finca. Sin olvidar el Parque del Oeste, otro de sus rincones favoritos para oxigenarse.
Al final, José Coronado ha conseguido el equilibrio perfecto: la energía del barrio que le vio crecer y la calma absoluta de una finca que le permite desconectar del mundo. Alguien que, como él mismo dice, ha protagonizado la mejor película de su vida en Madrid, pero que sabe perfectamente cuándo es momento de bajar el telón y retirarse al campo.









