Hay lugares que marcan el carácter y la voz de quienes nacen en ellos. Leire Martínez (22 de junio de 1979), la ya exvocalista de La Oreja de Van Gogh, es el ejemplo perfecto de esa fuerza del norte.
Aunque muchos la sitúan siempre en San Sebastián, la realidad es que sus raíces están en un lugar con una personalidad mucho más cruda y fascinante: Errenteria.
Conocida por muchos como la «pequeña Manchester vasca», esta localidad es mucho más que un suburbio industrial. Es un viaje en el tiempo entre fábricas de ladrillo y torres medievales.
¿Por qué la llaman la Manchester de Euskadi?
El apodo no es una casualidad ni un eslogan turístico vacío. Durante los siglos XIX y XX, Errenteria se llenó de chimeneas y grandes fábricas que transformaron el paisaje del Valle del Oiartzun.

Esa estética industrial, gris y potente, recordaba a la ciudad inglesa, motor de la revolución fabril. Pero tras ese humo histórico se esconde la tercera ciudad más poblada de Guipúzcoa, solo por detrás de la capital e Irún.
(Nosotros también nos quedaríamos boquiabiertos al ver cómo convive el hierro con el arte en sus calles).
Un casco histórico que sobrevive al tiempo
No dejes que el humo del pasado te engañe. El corazón de Errenteria es el más extenso de toda su comarca y conserva joyas que parecen sacadas de una serie de época.
Caminar por su trazado medieval es descubrir las casas torre Torrekua y Morrontxo, guardianas de piedra que han visto pasar los siglos sin inmutarse ante el progreso.
Dato para curiosos: La villa fue fundada oficialmente en 1320, pero su nombre actual deriva de su frenética actividad portuaria comercial. Lo que hoy es asfalto, un día fue el motor del mar.
Rutas para perderse: Del barroco al neolítico
Si decides visitar la cuna de Leire, la lista de paradas obligatorias es densa. Desde el imponente Palacio de Zubiaurre hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el arte barroco salpica cada esquina.
Pero si eres de los que prefiere las zapatillas de trekking a los museos, Errenteria tiene un as en la manga. El Fuerte de San Marcos ofrece un mirador de 360 grados que te dejará sin aliento.
Desde allí arriba, el Cantábrico y las montañas vascas se funden en una panorámica que explica por qué esta tierra inspira tantas canciones.
Naturaleza salvaje a un paso del asfalto
Lo que hace especial a este rincón es su capacidad de contraste. En pocos minutos puedes pasar de una calle comercial vibrante a las místicas cuevas de Aizpitarte.
La zona está rodeada de rutas megalíticas y dólmenes como el de Aitzetako Txabala. Es, literalmente, caminar sobre la prehistoria mientras respiras el aire puro del embalse de Añarbe.
Errenteria es el ejemplo de que no hace falta ser una capital de provincia para tener una historia que contar. Es una villa de trabajadores, de artistas y de una resiliencia que se nota en cada bloque de piedra.
Ahora que conoces el origen de la voz de «Rosas», ¿te animas a descubrir por qué este pueblo industrial es el secreto mejor guardado de Guipúzcoa?
Te aseguramos que el viaje merece la pena, aunque solo sea por sentir ese eco de la Manchester vasca bajo tus pies.









