Hay lugares que parecen haber sido diseñados para romper con la monotonía del paisaje. Qué ver en Comillas es la pregunta que se hace todo viajero que llega a Cantabria buscando algo más que acantilados y prados infinitos. Aquí, la arquitectura modernista catalana decidió, por capricho de un marqués, echar raíces frente al mar Cantábrico.
El resultado es una villa donde los girasoles de cerámica, los palacios neogóticos y las estatuas que miran al horizonte crean una atmósfera que roza lo fantástico.
Pasear por Comillas es caminar por la «Villa de los Arzobispos», pero también por el sueño indiano de Antonio López y López, el primer Marqués de Comillas.
Fue él quien transformó este antiguo puerto ballenero en un laboratorio de vanguardia artística, atrayendo a arquitectos de la talla de Antoni Gaudí o Joan Martorell.
Es un destino que se siente diferente al resto de la región; es elegante, un poco excéntrico y profundamente evocador, especialmente cuando la bruma del mar envuelve las torres de su universidad.
1. El Capricho de Gaudí (Villa Quijano)
Es, sin duda, la joya de la corona. Esta residencia de verano es una de las pocas obras que Antoni Gaudí proyectó fuera de Cataluña. Lo reconocerás al instante por su torre cilíndrica decorada con azulejos de girasoles y su vibrante combinación de ladrillo y cerámica verde.

Es una explosión de color que parece sacada de un cuento infantil. Te recomiendo fijarte en los detalles de las ventanas y en el ingenioso sistema de contrapesos que Gaudí ideó para que las persianas se movieran con una suavidad musical.
Tip viajero: La entrada general cuesta unos 7€ y suele haber bastante afluencia. Te aconsejo reservar la primera hora de la mañana para disfrutar del jardín y de la luz que entra por sus vitrales sin multitudes. Merece cada minuto de la visita.
2. Palacio de Sobrellano y Capilla-Panteón
Este conjunto monumental de estilo neogótico es la máxima expresión del poderío del marquesado. El palacio impresiona por su fachada de piedra de Carrejo y su interior, que conserva mobiliario diseñado por el propio Gaudí. Justo al lado se encuentra la Capilla-Panteón, una pequeña «catedral» de bolsillo con una acústica prodigiosa y unos relieves tallados con una precisión quirúrgica que te dejarán sin palabras.
3. Universidad Pontificia de Comillas
Se alza majestuosa sobre la colina de la Cardosa, dominando toda la villa. Su arquitectura mudéjar con detalles modernistas es de una belleza imponente. Aunque hoy parte de su actividad se ha trasladado a Madrid, visitar su interior (especialmente la iglesia y el paraninfo) es sumergirse en un escenario que mezcla la solemnidad académica con el diseño más arriesgado del siglo XIX. El pórtico de entrada, de bronce y piedra, es una obra maestra en sí misma.
4. El Cementerio de Comillas y el Ángel Exterminador
Puede sonar extraño incluir un camposanto en una ruta turística, pero este es uno de los más bellos de España. Se construyó sobre las ruinas de una antigua iglesia parroquial del siglo XV y está custodiado por la famosa escultura del Ángel Exterminador de Josep Llimona. El contraste de las ruinas góticas devoradas por la hiedra, las tumbas modernistas y las vistas al mar crea un paisaje de un romanticismo melancólico difícil de olvidar.
5. El Casco Histórico y la Plaza de la Constitución
El centro de Comillas mantiene ese aire señorial con casas de piedra, balcones de madera y plazas empedradas. La Plaza de la Constitución es el lugar ideal para hacer una parada técnica. Allí verás el antiguo Ayuntamiento y la Iglesia de San Cristóbal. Las calles que nacen de aquí están llenas de pequeñas tiendas de artesanía y rincones donde el tiempo parece haberse detenido hace un siglo.
6. El Monumento al Marqués de Comillas
Situado en un parque que mira al mar, este monumento es una estructura modernista de Domènech i Montaner que rinde homenaje al hombre que puso a Comillas en el mapa mundial. Es un lugar con una energía especial, perfecto para sentarse a ver romper las olas mientras intentas descifrar los motivos marítimos y las figuras que decoran el pedestal de la estatua.
7. Playa de Comillas y el Puerto
No todo es arquitectura. La playa de la villa, de arena fina y dorada, es perfecta para un baño refrescante en verano o para un paseo invernal cuando el Cantábrico muestra su cara más brava. Junto a ella, el pequeño puerto pesquero conserva su esencia. Es aquí donde todavía se puede percibir el pasado marinero del pueblo antes de que los palacios empezaran a brotar en sus colinas.
Dato útil: Si te gusta caminar, desde el puerto sale una senda litoral que conecta con los acantilados cercanos. Es una ruta sencilla de unos 40 minutos que ofrece una perspectiva de la costa cántabra sencillamente espectacular.
8. Puerta de los Pájaros (Puerta del Moro)
Este es uno de esos secretos que muchos pasan por alto. Es una puerta de entrada a una finca privada diseñada también por Gaudí. Lo curioso es que tiene tres entradas: una para coches, otra para personas y una circular pequeña para los pájaros. Es una muestra más de la genialidad juguetona del arquitecto catalán y de cómo el modernismo en Comillas se coló hasta en los detalles más cotidianos.
9. Fuente de los Tres Caños
Ubicada en una pequeña plaza cerca del centro, esta fuente es otra obra de Domènech i Montaner. Es un despliegue de hierro forjado, piedra y simbolismo religioso y floral. A menudo la gente pasa de largo, pero detenerse a observar sus detalles es entender la minuciosidad con la que se decoró cada esquina de la villa durante su época de esplendor.
10. Gastronomía: ¿Qué comer en la villa?
Tras una ruta de monumentos, el cuerpo pide energía. En Comillas no puedes irte sin probar el sorropotún, un guiso marinero a base de bonito y patatas típico de la zona (similar al marmitaco pero con su propio toque local). Si buscas algo dulce, las corbatas de Unquera o los sobaos pasiegos artesanales que encontrarás en las tiendas del casco viejo son el cierre perfecto para cualquier visita.
Comillas es, en esencia, un museo al aire libre donde la naturaleza cántabra y el genio humano decidieron firmar una tregua de belleza absoluta. Es un lugar que te obliga a mirar hacia arriba, a buscar el detalle en la cerámica y a dejarte seducir por la historia de una familia que quiso tocar el cielo desde la costa. ¿Te has preguntado ya cuál de estos girasoles de Gaudí se va a quedar grabado en tu memoria para siempre?









