Islandia es un espectáculo para la vista, pero puede ser una pesadilla para tu bolsillo si no sabes dónde hincar el diente. La mayoría de los viajeros aterrizan con miedo a los precios de la carta.
Y tienen razón para estar asustados. Comer fuera en la isla del hielo no es solo un acto gastronómico, es un ejercicio de supervivencia financiera que requiere una estrategia de ingeniería de la atención.
Pero aquí viene lo bueno. Existe una Islandia que no sale en los folletos de lujo y que sabe a mantequilla salada, cordero criado en libertad y pescado que hace apenas unas horas nadaba en el Atlántico Norte.
Si te preguntas qué comer en Islandia, el primer error de manual es buscar cocina internacional. Olvida la pizza o la pasta si no quieres pagar el precio de un billete de avión por un plato mediocre.
El tesoro nacional de Reikiavik por menos de 5 euros
Si vas a la capital, hay una parada obligatoria que desafía toda lógica económica. Se llama Bæjarins Beztu Pylsur. Sí, es un carrito de perritos calientes, pero no uno cualquiera.
Lo que hace especial a este Pylsur es su composición. A diferencia de los que conoces, aquí la salchicha mezcla carne de cerdo, ternera y, el ingrediente secreto, cordero islandés.
Pídelo con «todo» (eina með öllu). Eso incluye cebolla cruda, cebolla frita crujiente, ketchup, mostaza dulce y una salsa de mayonesa y alcaparras llamada remulaði. (Confía en nosotras, esa salsa es adictiva).
Dato de experta: El cordero en Islandia es puro. Los animales pastan libremente por las montañas comiendo tomillo silvestre y bayas, lo que le da a la carne un sabor naturalmente especiado único.
Es la comida más barata que encontrarás y, curiosamente, la que más une a la gente. Verás desde políticos hasta mochileros haciendo cola bajo la lluvia por su dosis de dopamina caliente.
Pescado y pan volcánico: La dieta del vikingo moderno
Seguramente has oído hablar del Hákarl. Es ese tiburón fermentado que huele a amoníaco y que todos los programas de televisión usan para torturar a sus invitados.
Seamos sinceras: los islandeses apenas lo comen hoy en día, salvo en fiestas tradicionales como el Þorrablót. Es más una atracción turística para valientes que un manjar cotidiano.
Si quieres saber de verdad qué comer en Islandia, busca el Plokkfiskur. Es un guiso reconfortante de bacalao o eglefino desmenuzado con patatas y una bechamel espesa. Es el «abrazo de abuela» islandés.
Se suele servir con Rúgbrauð, el famoso pan negro volcánico. Es un pan denso, dulce y sin corteza que se hornea enterrándolo cerca de una fuente termal. El calor de la tierra hace todo el trabajo.
Este pan es la base de la supervivencia de la isla. Marida perfectamente con una capa generosa de Smjör (la mantequilla islandesa que, te avisamos, te hará odiar todas las demás cuando vuelvas a casa).
El Skyr y la joya láctea que arrasa en el mundo
No puedes decir que has estado en Islandia si no has desayunado Skyr. Aunque lo veas en el supermercado de tu barrio, el auténtico tiene una densidad que lo acerca más a un queso fresco que a un yogur.
Es un alimento milenario. Los vikingos ya lo consumían por su alto contenido proteico y su bajísimo nivel de grasa. Es el combustible perfecto para aguantar una caminata por el glaciar Vatnajökull.
En los restaurantes de moda, lo sirven como postre de alta cocina, emulsionado con bayas silvestres. Pero para nosotras, el truco es comprarlo en un Bónus (el supermercado del cerdito rosa) y comerlo frente a una cascada.
Sopas que salvan vidas (y presupuestos)
Cuando el viento del Ártico empieza a azotar, lo único que deseas es algo caliente. Aquí entra en juego la Kjötsúpa, la sopa de cordero y verduras que es pura medicina.
Es el plato nacional por excelencia. Lleva trozos de cordero, patatas, colinabos y zanahorias. Lo mejor de todo es que en muchos locales de carretera ofrecen refill gratuito.
Pagas un bol y puedes repetir las veces que quieras. Es el truco definitivo para comer caliente y sano mientras recorres la famosa Ring Road en tu coche de alquiler.
Atención: Si ves en la carta «Sopa de langosta» (Humarhali), prepárate. En lugares como el pueblo de Höfn, al sureste, es una religión. Es cara, pero es la mejor inversión del viaje.
¿Dónde comprar para no caer en la quiebra?
El alcohol en Islandia es un lujo prohibitivo. El estado tiene el monopolio a través de las tiendas Vínbúðin. Si quieres una cerveza para ver las auroras boreales, cómprala en el Duty Free al aterrizar.
Para la comida diaria, busca los supermercados Krónan o Bónus. Allí podrás comprar Harðfiskur, que es pescado seco (normalmente bacalao) que los locales comen como si fueran patatas fritas.
Es pura proteína y el snack ideal para llevar en la mochila mientras visitas la cascada Skógafoss. Solo ten en cuenta que el olor es… potente. (Avisada quedas).
Saber qué comer en Islandia es la diferencia entre un viaje estresante y una aventura épica. No busques lo que comes en casa; busca lo que la tierra y el mar de esta isla indomable ofrecen.
Al final, recordarás más ese perrito caliente bajo la lluvia o ese pan horneado por un volcán que cualquier cena de etiqueta en una capital europea. Islandia se siente, pero sobre todo, se mastica.
¿Ya tienes las botas puestas o vas a seguir mirando la pantalla? La isla te espera con el tenedor en la mano.









