Qué ver en Rumanía: 10 imprescindibles para un viaje mágico

Lucía Bernal de la Vega

Lucía Bernal de la Vega

Publicado: 05/06/2026 • 19:39
Actualizado: 05/06/2026 • 19:39

Rumanía tiene la extraña virtud de descolocar al viajero que la pisa por primera vez. Lejos de los clichés sombríos, este rincón de Europa del Este saluda con valles donde los pastores aún guían el ganado a pie, monasterios exteriores cubiertos de frescos medievales que han resistido inviernos feroces y ciudadelas que parecen suspendidas en el tiempo.

Si estás planeando un viaje, descubrir todo lo qué ver en Rumanía te llevará a cruzar la cordillera de los Cárpatos y a sumergirte en una cultura hospitalaria, donde el aroma a madera quemada y pan caliente te acompaña en cada parada.

Desde la vibrante y contradictoria capital del sur hasta los confines rurales donde las tradiciones se tallan en madera, el mapa de este país es un tapiz de contrastes asombrosos. El verdadero misterio aquí no reside en las leyendas de vampiros, sino en cómo un destino tan sumamente fotogénico y auténtico ha logrado mantenerse al margen del turismo de masas. Prepárate, porque estás a punto de trazar una ruta inolvidable por libre.

Consejo de Lucía: La mejor forma de exprimir el turismo en Rumanía es alquilando un coche. Las carreteras secundarias requieren paciencia (los adelantamientos a carros de caballos son habituales), pero la libertad de detenerte en las aldeas tradicionales compensa cada minuto al volante.

1. Bucarest, la capital de los mil contrastes

Tu punto de partida ideal para viajar a Rumanía por libre suele ser el Aeropuerto Internacional de Bucarest-Otopeni. La capital rumana, conocida antaño como «la pequeña París», es una amalgama arquitectónica fascinante donde conviven palacios neoclásicos de la Belle Époque con la colosal e imponente herencia del bloque comunista.

Pasear por el casco antiguo de Lipscani te descubrirá una vibrante vida nocturna y cafés de diseño, que contrastan con la sobriedad monumental del Palacio del Parlamento. Esta mole faraónica, mandada a construir por Nicolae Ceaușescu, es el segundo edificio administrativo más grande del planeta (solo superado por el Pentágono estadounidense), con más de 365.000 metros cuadrados de superficie. No te pierdas el rincón bohemio del Monasterio Stavropoleos, un remanso de paz ortodoxo en mitad del bullicio urbano.

2. El idílico Castillo de Peleș en Sinaia

Situado a unos 120 kilómetros al norte de la capital, en la idílica localidad de Sinaia, se alza el que para muchos es el palacio más suntuoso de Europa. El Castillo de Peleș fue edificado a finales del siglo XIX como residencia estival del rey Carlos I y destaca por su exquisito diseño neorrenacentista alemán, enmarcado por los frondosos e imponentes bosques de los Cárpatos.

A diferencia de otras fortalezas medievales desnudas, el interior de Peleș conserva intacta su opulencia original: maderas nobles talladas a mano, vidrieras traídas de Murano, alfombras de lana pura y una colección de armas que supera las 4.000 piezas históricas. Caminar por sus jardines exteriores decorados con estatuas de mármol de Carrara te transportará de golpe a un refinado cuento de hadas.

3. Brașov y su imponente Iglesia Negra

Cruzando oficialmente la frontera natural hacia los míticos castillos de Transilvania, llegamos a Brașov. Esta urbe amurallada, fundada por los caballeros teutones, cautiva al viajero gracias a su espectacular casco histórico flanqueado por colinas boscosas, entre las que destaca el reconocible mirador del Monte Tâmpa (accesible mediante teleférico).

El epicentro de la vida local se sitúa en la animada Plaza del Consejo, rodeada de preciosas fachadas barrocas pintadas en tonos pastel. A escasos metros se levanta la colosal Iglesia Negra, el templo gótico más grande situado entre Viena y Estambul. Su nombre se debe al gran incendio del año 1689, que ennegreció sus muros de piedra para siempre. Como curiosidad, en su interior custodia una valiosísima colección de alfombras anatolia de los siglos XVII y XVIII.

4. Castillo de Bran, la cuna del mito de Drácula

Es, indiscutiblemente, el monumento más visitado de todo el país y un pilar básico que visitar en Transilvania. Asentado con dramatismo sobre una escarpada roca de 60 metros de altura, el Castillo de Bran cumple visualmente de forma estricta con todos los requisitos del imaginario gótico: pasadizos secretos, estancias estrechas y torres puntiagudas de teja roja.

Aunque la historia real desmiente que el sanguinario príncipe valaco Vlad Țepeș («el Empalador») habitara este castillo fortificado, el novelista Bram Stoker se inspiró en los bocetos de esta fortaleza medieval para ambientar la célebre morada de su vampiro. La entrada general ronda los 70 lei (unos 14 euros) y, más allá del mito, la fortaleza alberga un interesantísimo museo dedicado al mobiliario acumulado por la querida reina María de Rumanía.

5. Sighișoara, una ciudadela medieval viva

Si buscas el rincón más fotogénico y colorido del país, Sighișoara ocupará rápidamente el primer puesto de tu lista de imprescindibles de Rumanía. El casco histórico de esta localidad sajona, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, posee la peculiaridad de ser una de las poquísimas ciudadelas medievales de Europa que continúa habitada al 100%.

Pasear por sus calles empedradas te llevará ante casas de los siglos XIV y XV pintadas de amarillo, ocre y rosa pálido. Su gran símbolo arquitectónico es la monumental Torre del Reloj, de 64 metros de altura, que cuenta con un carrillón mecánico cuyas figuras de madera desfilan a las doce en punto. Además, aquí nació el propio Vlad Țepeș, cuya casa natal funciona hoy como restaurante temático.

El dato que lo cambia todo: Si te animas a subir la Escalera de los Estudiantes (una estructura de madera techada del año 1642 con 176 escalones), llegarás a la Iglesia de la Colina. Junto a ella descansa un misterioso y bucólico cementerio sajón sumergido entre árboles centenarios. (Vale totalmente el esfuerzo).

6. Sibiu, la ciudad que te observa

Continuando tu ruta por Rumanía, la señorial Sibiu da la bienvenida con una curiosidad que despierta sonrisas: sus casas parecen tener ojos. Las aberturas de ventilación alargadas en sus tejados de teja roja asemejan miradas entornadas, dando la divertida sensación de que la ciudad observa silenciosamente cada paso que da el viajero por sus amplias plazas.

La urbe se divide orgánicamente en la Ciudad Alta, noble y comercial, y la Ciudad Baja, gremial y obrera, conectadas ambas por el famoso Puente de las Mentiras. Cuenta la leyenda urbana tradicional que si cruzas este viaducto de hierro fundido mientras pronuncias una falsedad, la estructura comenzará a crujir de inmediato hasta desmoronarse por completo.

7. Conducir por la vertiginosa Carretera Transfăgărășan

Para los apasionados de los viajes por carretera y la naturaleza indómita, este trazado asfáltico de 90 kilómetros es una de las mayores genialidades qué hacer en Rumanía. Construida en la década de los 70 con fines estratégicos militares, la Carretera Transfăgărășan asciende serpenteando en curvas de horquilla imposibles a través de los salvajes montes Făgăraș, alcanzando los 2.042 metros de altitud.

El punto álgido del recorrido se sitúa en el bellísimo Lago Bâlea, un espejo de agua de origen glaciar donde los paisajes alpinos quitan el hipo. Debes tener muy en cuenta la planificación: debido a las severas nevadas invernales de la alta montaña, la carretera solo permanece abierta al tráfico rodado de forma completa durante los meses de verano (habitualmente de julio a octubre).

8. Los sublimes Monasterios Pintados de Bucovina

En el extremo noreste del país, la comarca histórica de Bucovina esconde un tesoro artístico único en el mundo. Sus iglesias y monasterios ortodoxos de los siglos XV y XVI destacan por lucir sus muros exteriores completamente cubiertos de frescos de un valor artístico incalculable, destinados originalmente a instruir al pueblo analfabeto en las sagradas escrituras.

El máximo exponente de esta ruta sagrada es el célebre Monasterio de Voroneț, apodado con justicia la «Capilla Sixtina del Este». Las monumentales pinturas de sus fachadas, como la que representa de forma sobrecogedora el Juicio Final, exhiben una tonalidad azulada tan intensa, viva y particular que los historiadores de arte internacionales la denominaron oficialmente como «azul de Voroneț».

9. El entrañable Cementerio Alegre de Săpânța

En la remota y profundamente rural región norteña de Maramureș (famosa también por albergar esbeltas iglesias de madera con altísimos campanarios), la muerte se recibe con una insólita y conmovedora explosión de color. El singular Cementerio Alegre de Săpânța rompe con cualquier esquema de solemnidad fúnebre occidental occidental tradicional.

Aquí, cada sepultura está presidida por una cruz de madera de roble tallada a mano y pintada de un intenso azul cobalto. En la madera se esculpe una ilustración que retrata la profesión o afición del difunto junto a un poema epitafio escrito con humor, ironía y cercanía, detallando de forma tierna los vicios, virtudes o la manera en que la persona abandonó este mundo.

10. El Delta del Danubio y el abrazo del Mar Negro

Para culminar una gran guía de Rumanía, es de justicia asomarse al extremo oriental, donde el segundo río más largo de Europa finaliza su extenso viaje de casi 3.000 kilómetros. El Delta del Danubio es una de las reservas de la biosfera más extensas, vírgenes e importantes del planeta, donde el cauce fluvial se descompone en un laberinto infinito de canales, cañaverales y lagunas sepultadas por la vegetación.

Tomando la localidad fluvial de Tulcea como puerto base de operaciones, podrás adentrarte en barcas tradicionales a motor para avistar más de 300 especies de aves, incluyendo majestuosas colonias de pelícanos blancos. Un edén de calma absoluta que fluye con parsimonia hacia su desembocadura definitiva en las costas del Mar Negro.

¿Qué rincón de esta ruta por los mejores destinos rumanos encaja mejor con tu espíritu aventurero? ¿Prefieres perderte entre los torreones medievales de las leyendas transilvanas o navegar por los canales silenciosos del gran delta?