Pedro Ruiz es gerente de la bodega Pago de Carraovejas desde hace dos años y dirige junto a su padre, José María Ruiz, esta empresa, que cuenta con 30 trabajadores indefinidos y que crecerá hasta los 45 empleados gracias a la línea de subvenciones para la reestructuración del sector remolachero.
-El tiempo ha colocado a Pago de Carraovejas en los primeros puestos del ranking de calidad de las bodegas de la Ribera del Duero. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?
-No hay ningún secreto. Lo único que hemos hecho desde siempre son nuestras tareas, como dice mi padre. Intentamos mejorar cada día tanto en el campo, como en la bodega e incluso en la distribución, y ese afán de superación nos ha llevado hasta aquí.
-Campo, bodega, distribución. Hay muchos ingredientes que influyen en la receta del éxito. ¿No se han planteado vender ‘know how’?
-Lo cierto es que ha habido varias universidades que han llamado a mi padre para preguntarle sobre ‘el fenómeno de Carraovejas’. Porque sí que es cierto que hemos conseguido nuestros objetivos en un espacio muy breve de tiempo, pero aunque esto del ‘know how’ está muy de moda, no nos hemos planteado venderlo por el momento.
-Las ventas de sus productos no se han visto afectadas por la situación económica actual. ¿La crisis no va con Pago de Carraovejas?
-Intentamos ir con pies de plomo. Es cierto que la demanda del producto es muy superior a la producción, pero vemos el entorno y nos damos cuenta de que debemos andar con cuidado. Pensamos que, debido al contexto en el que vivimos actualmente, puede ser un buen momento para apuntalar nuestras bases y para seguir creciendo en otras direcciones. Por ejemplo, nosotros trabajamos solamente un 10% con la exportación y ahora puede ser una buena época para abrir nuevos puntos que nos permitan ampliar nuestros horizontes.
-¿Es también un buen momento para apostar por el I+D+i?
-Por supuesto. Estoy convencido de que innovar para mejorar debe ser uno de los principios básicos de toda empresa, pero sin perder el rumbo y sin dejar a un lado lo tradicional. Parece curioso que en estos tiempos de incertidumbre son muchos los que se dan vuelta e intentan buscar sus raíces, pero creo que la conjugación de tradición e innovación es el mejor camino.
-¿Qué han supuesto para Pago de Carraovejas las ayudas a la industria agraria y alimentaria para la diversificación de las comarcas de Castilla y León afectadas por la reestructuración de la industria azucarera?
-Nos han venido como anillo al dedo porque la bodega lleva siete años en obras y estas ayudas nos van a servir para dar un empujón al proyecto. Vamos poco a poco y ahora nos llegamos a la séptima fase. El cierre de la azucarera de Peñafiel ha sido un varapalo duro para la comarca, pero se ha sabido reaccionar y han aparecido las ayudas de la S-16 desde la Junta de Castilla y León, unas ayudas que todos esperamos logren sus objetivos. Nosotros hemos comenzado las obras con tres naves nuevas: una para fermentación en madera, otra que hará las veces de edificio social y otra que servirá de sala de catering.
-Una sala de catering… ¿El Restaurante José María de Segovia, que regenta su padre, va a tener una pequeña delegación en Peñafiel?
-No queremos que haya un restaurante aquí todos los días, ya tenemos bastante con Segovia, pero si que tenemos mucha gente que nos pide tener una pequeña sala de catering. En Peñafiel hay un lechazo excelente y vamos a intentar acercar el cochinillo segoviano a estas tierras.
-¿Cree que la línea de subvenciones para la reestructuración del sector remolachero servirá para incentivar el empleo en la comarca?
-Creo que sí. En tiempos difíciles como los que nos toca vivir ahora, este tipo de ayudas son una gran apuesta por la mejora de la confianza, la reactivación de la economía e incluso la creación de empleo. En nuestro caso, son 15 nuevos puestos de trabajo los que se van a crear, 2 en la primera línea y otros 13 en la segunda. Nos iríamos a una plantilla de 45 personas, que si lo hacemos a día de hoy es porque lo necesitamos, pero quizá sin este impulso lo hubiéramos hecho de una forma más lenta.
-Peñafiel es la cuna de la Ribera del Duero. ¿Qué ofrece esta localización a los empresarios del mundo del vino que no tengan otras?
-En primer lugar, que solamente hay una cuna de la Ribera del Duero y que precisamente está aquí, en Peñafiel. Si muchas bodegas se han asentado en Peñafiel no es por casualidad, es porque es uno de los mejores maduraderos de España, además de una zona de grandes suelos para el viñedo que tiene unas condiciones climatológicas inmejorables. El hecho de que Pago de Carraovejas se instalara en Peñafiel respondió a varios factores. Mi padre quería hacer un vino propio para el restaurante y pensó en Peñafiel en primer lugar porque es la cuna de la Ribera del Duero, en segundo lugar porque la zona de Carraovejas era el mejor maduradero de la comarca y en tercer lugar, aunque un poco menos importante, porque Peñafiel está cerca de Segovia y el transporte no sería muy costoso.
-Las comunicaciones son un factor importantísimo a la hora de realizar una apuesta empresarial. ¿Qué ha supuesto para Carraovejas la puesta en marcha de la autovía que une Segovia y Valladolid?
-La autovía Valladolid-Segovia ha sido una gran ayuda para nosotros, pero está claro que la Valladolid-Soria tiene que llegar cuanto antes porque es vital para que esta zona crezca al ritmo que impone su potencial.
-Próximamente, se va a poner en marcha en Peñafiel un polígono industrial que se va a intentar ligar al sector vitivinícola. ¿Existe la suficiente industria auxiliar para que este polígono supla ausencia de la azucarera en la economía peñafielense?
-Espero que sí, y si ahora no la hay, en el futuro la habrá. Es una zona muy atrayente porque está en el mismo centro de la Ribera del Duero y estoy seguro de que este polígono va a llamar la atención a la industria del sector.
-Enoturismo es una palabra que cada vez está más de moda en la Ribera del Duero. ¿Tienen pensado abrir la bodega a este tipo de mercado?
-Cuando empezamos en esto pensamos que lo primero era el producto por encima de todo, pero el tema del enoturismo hace que haya una enorme demanda de gente que quiere venir a ver la bodega. Sabemos que no podemos ir en contra de los tiempos, pero no queremos masificar la bodega de visitas. Ahora mismo estamos buscando la fórmula para permitir a la gente pueda tener acceso a lo que hacemos en Pago de Carraovejas.
-¿Con qué ojos ve el futuro de la Ribera del Duero?
-Creo que se ha hecho un trabajo muy bueno hasta ahora, pero no podemos dormirnos. La Ribera del Duero tiene que seguir siendo una referencia a nivel nacional e internacional, y para conseguirlo el camino que se debe tomar es el de la exigencia y la calidad, tanto a nivel de viticultura como de enología. Hay que seguir trabajando para ofrecer los mejores productos a los clientes porque por muy alto que se haya llegado, el techo sigue estando lejos.
-La Ruta del Vino de la Ribera del Duero va tomando forma y la certificación ya no está tan lejana. ¿Considera acertada esta apuesta por el enoturismo?
-La Ruta del Vino es una iniciativa cuanto menos necesaria porque otras regiones se están moviendo mucho en lo referente a la potenciación turística, y la Ribera del Duero no puede quedarse atrás. Nosotros hemos estado hace poco en Argentina, en Mendoza, y cuando llegamos allí nos dimos cuenta de que aún no hemos hecho nada. Estamos muy por detrás en lo referente al enoturismo y tenemos que mejorarlo pero ya. El cliente pide este nuevo servicio y no tenemos otro remedio que dárselo cuanto antes.
-¿Qué proyectos tiene en mente Pago de Carraovejas a largo plazo?
-Lo primero que tenemos que hacer es acabar la bodega, que esperemos esté finalizada en dos o tres años. Y a partir de ahí, sí que nos gustaría entrar en otras ramas alimenticias. Tenemos muchas cosas pensadas, pero por el momento son sólo ilusiones y lo que queremos actualmente es centrarnos de lleno en las realidades.
-¿Cómo fue el relevo generacional?
-Yo llevaba ya cinco o seis años viniendo por la bodega, admiro mucho el mundo del vino y en un momento determinado se planteó la necesidad de ocupar el puesto, mi padre confió en mí y acepté este precioso e interesante reto. Creo que las cosas están yendo bien y prueba de ello es que mi padre cada vez viene menos por aquí, aunque hablamos todos los días.
-Sólo tiene 27 años y ya es gerente de una de las bodegas más importantes de España. ¿Piensa que su juventud le convierte en un bodeguero inusual?
-Tal vez, pero mi juventud se contrasta con la experiencia de mi padre. Aunque tengo la suerte de que mi padre es una persona con una mentalidad muy abierta que intenta siempre ir por delante en todos los aspectos, es verdad que nos encontramos un poco a la hora de hablar de temas de nuevas tecnologías, responsabilidad social empresarial, apuesta por la página web y estas cosas. No obstante, en lo más importante para nosotros, que es el producto estamos completamente de acuerdo.
-Usted es psicólogo, tiró por la rama docente y ahora… bodeguero. Ha tocado muchos palos…
-Estuve dando clase en la Universidad, trabajé en la Asociación de Alcohólicos de Segovia, curiosamente y en lo profesional me iba muy bien, pero llegó este ‘regalo’ y no me lo pensé dos veces. De todas maneras, he de decir que mantengo la consulta
