Las últimas previsiones del Instituto de la Viña y del Vino (IVV), realizadas poco antes de que la vendimia se generalizara, han apuntado a una disminución de entre un 20 y un 25 por ciento, en relación con la producción del año pasado. La producción de este año deberá situarse entre los 5,65 y los 6,0 millones de hectolitros. Esta reducción es bastante superior a la anteriormente estimada por el Instituto Nacional de Estadística portugués, el cual avanzaba un descenso de la producción de sólo el 10 por ciento.
Las elevadas precipitaciones durante la primavera y el inicio del verano perjudicaron la floración y provocaron ataques de mildiu y oidio. Todo ello ha ocasionado este descenso anunciado de la producción. También ha contribuido el retraso de unos quince días de la maduración en las uvas, debido a la falta de calor.
Las zonas más afectadas por las malas condiciones climáticas han sido las zonas vitícolas del centro del país, donde el descenso se estima en un 50 por ciento. Este descenso se reduce a un poco más de la mitad, entre el 26 y el 32 por ciento, en la región del Miño y Tras-os-Montes, al norte del país. Con caídas significativas del 20 por ciento se sitúa también el Alentejo. Sin embargo, en la Extremadura portuguesa, situada a pocos kilómetros al norte de Lisboa, y en el Algarve, al sur del país, las pérdidas van a ser mínimas.
Aunque con opiniones divididas, las expectativas en relación con la calidad tampoco son buenas. Se estima que, engeneral, la calidad de los vinos será más bien “débil”, previéndose que los mostos sean desequilibrados. Los vinos que más han sufrido con la falta de calor han sido los vinos tintos, que es donde se teme que haya una calidad más baja.
Por el contrario, en los blancos, al necesitar menos calor, es posible que haya buenos vinos.
Por otra parte, el descenso de la producción puede ser una bendición para el sector, pues ello permitiría reducir los elevados stocks existentes en muchas empresas y cooperativas y aumentar los bajísimos precios a que se están vendiendo los vinos, sobre todo, los de gamas inferiores. Sin embargo, el escenario de crisis sigue afectando al sector, especialmente a los viticultores, los cuales ven descender el precio de sus uvas y el momento en que se les paga cada vez más retrasado. Así, se lamentan de que en la vendimia pasada el grupo español Sogevinhos, grupo perteneciente a la entidad gallega Caixanova, que opera en la región de Oporto, sólo pagó a 13 céntimos el kilo de uva. Están lejanos los tiempos en que se pagaba en el Alentejo euro y medio por un kilo de uvas.
Las grandes empresas han ido aumentando sus viñedos propios, siendo cada vez menos dependientes de la uva comprada a los viticultores. Para mantener la inseguridad entre los productores, las empresas no se comprometen a precios ni a plazos de pago. Pocos días antes de la vendimia son pocos los viticultores que conocen cuánto van a percibir por las uvas que van a recolectar. Las grandes empresas posponen hasta el final sus decisiones para evitar una escalada de precios. Al final, con esta forma de negociar, es posible que todos pierdan. No es posible que un viticultor cultive debidamente su viña si no sabe cuánto le van a pagar por su producto, arriesgándose a que sean mayores los costes que los ingresos. Hay que recordar que sólo salen buenos vinos de buenas uvas.
Boletín Exterio del MAPA



