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    Una herramienta efectiva para aliviar el volumen de turistas de la ciudad es que las grandes ciudades incluyan las excursiones de día en los programas que ofrecen a estos visitantes. Según el portal Turismodevino.com, al tiempo que se conseguiría el objetivo de despejar las ciudades de forasteros, se uniría la idea de hacer que el turismo como motor económico se extendiera de igual forma a zonas rurales cercanas a estos núcleos de población.

    En el análisis realizado por el portal se muestra que mientras España bate récords en turismo, en ciudades como Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca crece la turismofobia. Un rechazo que cada día tiene más adeptos que protestan a través de manifestaciones y con actos creativos como el simbólico "entierro de la vecina" con el que terminó este año el Carnaval en el madrileño barrio de Lavapiés.

    Según el mismo análisis, son muchos los elementos que en los últimos años han llevado al crecimiento de turistas en las ciudades: consolidación de las 'low-cost carriers', gran crecimiento de la oferta de hospedaje con la incorporación de los apartamentos vacacionales, tendencia social a fraccionar las vacaciones e incluir una o más escapadas a ciudad como parte del gasto de viajes al año, así como la aparición de millones de ciudadanos de clase media en Asia.

    Esta dinámica explica en parte que España llegue a superar los 75 millones anuales de visitantes, un 30% más de turistas internacionales que hace cinco años. Fuente importante de ingresos para la economía, contribuidor a más del 11% del PIB en 2016 y empleador de 2,5 millones de personas, el sector turístico se enfrenta sin embargo al reto de buscar soluciones que hagan viable compaginar turistas e ingresos con calidad de vida para los ciudadanos locales.

    El debate no se produce únicamente en España, como demuestra el trabajo realizado desde hace años por las 110 ciudades que conforman la ECM (European Cities marketing). Ciudades como Londres, con hasta cinco veces más pernoctaciones que Barcelona o Madrid, muestran la necesidad de incrementar las acciones para hacer convivir turismo y calidad de vida local. Como una de estas alternativas, desde el portal Turismodevino.com resaltan la enorme contribución que pueden realizar las excursiones de día desde las grandes ciudades.

    Con una duración media de 10 horas, las excursiones permiten cumplir muchos objetivos a la vez tal y como apunta Luis Lechuga, gerente del portal: "La clave está en llevar a turistas fuera de la ciudad durante varias horas conseguimos aliviar la densidad de turista por kilómetro cuadrado en la ciudad, asegurar los ingresos en la ciudad, pero también distribuir estos a localidades que se benefician en menor medida del impacto económico del turismo hoy. Al mismo tiempo, la oferta turística se enriquece, aportando con la riqueza rural o de la región elementos de diferenciación frente a otras ciudades, y poniendo mucho énfasis en el desarrollo sostenible y en los productos locales del medio rural".

    Desde el portal muestran ejemplos ya puestos en marcha que buscan la diferenciación y la apuesta firme por promover el medio rural cercano a las ciudades. En estas propuestas vino, gastronomía y cultura van de la mano para acercar al turista a una realidad distinta, al tiempo que los mantienen alejados de la ciudad durante un día.

    Un tour a Toledo con inclusión de los molinos de Don Quijote , o un tour a las bodegas cercanas a Barcelona o a las bodegas de Jerez desde Sevilla, son parte de las propuestas que con su marca internacional Winetourismspain ofrece el portal al turista extranjero.

    Todos estos productos cumplen tres objetivos: primero y prioritario vinculado al problema de la turismofobia, liberar a la ciudad de un exceso de turistas por las calles y, por tanto, dar un mejor servicio a quienes se quedan, turistas y ciudadanos. Segundo, mostrar un patrimonio enorme y diferente al que ofertan otras ciudades y capitales de Europa. Tercero y último, aportación de ingresos a restaurantes, bodegas y atracciones culturales de zonas rurales lo que impacta positivamente en su economía local.

    Las ciudades tienen el beneficio económico a la vez que el problema de la creciente turismofobia en sus manos. Tal y como concluye Luis Lechuga "Está ahora por ver si las ciudades son capaces de asumir de forma generosa con otras comunidades locales el reto de compartir la llegada de turistas. Esto implicaría que en las acciones para promover el turismo en Madrid, por ejemplo, no sólo se hablara del Prado o el Bernabéu, sino que se incitara a visitar el enorme patrimonio que a menos de una hora de distancia se da cita de la ciudad, algo que posiblemente la diferencia del resto de ciudades del mundo".

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